la cultura de Estados Unidos

A menudo, solemos hablar con ligereza de lo absolutamente ridículo o lastimosa que es la cultura de los ciudadanos de los Estados Unidos de América. Y tal vez tengamos nuestra cuota de razón, ya que en torno a la mitad de estadounidenses creen que fue un dios quien creó el mundo en apenas una semana y que Adán y Eva existieron hace unos diez mil años, por no citar la expandida creencia de que Hitler fue derrotado por el buen hacer de EE.UU. mientras que la Unión Soviética apenas tuvo que ver en lo ocurrido.

Pero generalizar acerca de la incultura de los norteamericanos o acerca de su incompetencia para crear productos de alto valor cultural sería una gran estupidez y una enorme injusticia.

A los Estados Unidos hay que recriminarles tantísimo dolor expandido por el mundo, tantísimos asesinatos impunes, tantas guerras, tantas desigualdades, tanta pobreza, tanta sanidad y educación que no podrán disfrutar los ciudadanos con menos suerte en el apartado económico.

Pero nunca más me quejaré de la cultura de Estados Unidos, un país que nos ha dado a escritores como Francis Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, Truman Capote, Raymond Chandler, Arthur Miller, Henry James, John Steinbeck, Henry Miller, Edith Wharton o Theodore Dreiser, por citar algunos.… Lea el resto de la noticia.

EL testigo de Jehová

No importa que hayas estado de lunes a viernes trabajando duro en tu puesto de trabajo y levantándote temprano para llevar a casa un sustento con el que poder seguir viviendo. Si pretendes descansar un sábado por la mañana de la tensión del esfuerzo de días y recuperar así las horas de sueño atrasadas, poco después del amanecer podrá despertarte con una simple llamada al timbre un testigo de Jehová.

Al principio piensas que la llamada forma parte del sueño matinal del sábado, pero lamentablemente no es así. Abrirás la puerta y te encontrarás a una pareja –chico y chico, chico y chica o chica y chica- ataviada con ropas dignas de una boda de la realeza europea.

El instinto te invitará a insultar o a increpar a quienes osan llamar, pero la amabilidad y la estudiada mesura con que los testigos de Jehová se dirigen a ti acabarán por hacer que les invites a pasar a casa. Incluso les ofrecerás café en la mañana mientras ellos abren sus relucientes carpetas, dentro de las cuales se esconde la presunta verdad de la historia de la humanidad.

Y con la cabeza aún embotada por las horas de sueño y por la brusquedad con la que has sido despertado, tendrás que enfrentarte a un debate con más interrupciones que La Sexta Noche.… Lea el resto de la noticia.

Nunca más me comportaré como un oportunista

A veces, los españoles somos tan ridículos… Basta con que algo se ponga de moda para subirnos al carro del oportunismo. Nunca más me comportaré como un oportunista, o al menos lo intentaré, porque el patetismo en el que incurra puede ser mayúsculo.

Si Carolina Marín gana un torneo de bádminton, no importa que la gente no haya escuchado siquiera hablar antes de ese deporte; al día siguiente de conocer que el bádminton existe, habrá padres que compren a sus hijos una raqueta y los inscriban en una escuela específica para este deporte, que, a buen seguro, habrá fundado el listo de turno que antes entrenó a tenis, squash, pádel y pelota vasca.

Somos un país de seres veleidosos y cambiantes. Si la televisión –más en concreto, Mediaset, que tiene que ganar mucho dinero a costa de la estupidez del populacho- nos dice que ‘Ocho apellidos catalanes’ es una película divertidísima, habrá muchos espectadores que fuercen en el cine sus risas, porque realmente resulta muy difícil que a alguien en su sano juicio le pueda divertir semejante disparate plano y sin el menor atisbo de chispa cómica.

Si Aduriz mete gol en cinco partidos seguidos, las redes sociales se inundarán con peticiones a favor de la inclusión del futbolista del Athletic de Bilbao en la Selección Española de Fútbol.… Lea el resto de la noticia.

Ingmar Bergman aburre

Las películas de Ingmar Bergman son una de las mayores maravillas de la cultura del pasado siglo veinte. El bisturí con el que el genial director sueco ha logrado diseccionar la condición humana merece todo tipo de elogios, de reconocimientos y de homenajes. Bergman es, sin duda, uno de los cineastas más importantes de la historia del séptimo arte, a pesar de que en muchas ocasiones no se le valore como tal.

Ingmar Bergman ha puesto sobre la mesa gracias a su cine temas claves para entender la vida del ser humano en este planeta. Por ejemplo, el amor y el desamor quedan retratados a la perfección en ‘Un verano con Mónica’, dirigida allá por 1953; en ella todavía no descubrimos a Bergman en todo su apogeo, pero no hay dudas de que la intencionalidad creativa y filosófica del genio ya apuntaba maneras.

Especialmente peculiar y dura es ‘El séptimo sello’, una obra que sumerge al espectador en la realidad de la muerte, de dejar de existir algún día; con la peste como temática y con la muerte jugando al ajedrez con las piezas negras, Bergman sumerge al público en una dosis de dolor y verdad nunca vista.

Pero quizá el Ingmar Bergman más genial que nunca hayamos visto es el que se encarga de retratar cómo se producen las relaciones entre los seres humanos.… Lea el resto de la noticia.

Nunca más veré ‘Cuéntame cómo pasó’ y ya la cancelan

Ya no recuerdo ni el número de temporadas que ‘Cuéntame cómo pasó’ lleva emitiéndose los jueves en la 1 de Televisión Española. Son muchos años de serie, donde hemos visto crecer a los personajes que en su día fueron niños, como Carlos, Luis, Josete y Karina.

Antonio Alcántara y Mercedes Fernández se han convertido en parte de la familia de los españoles, toda vez que se colaban en las televisiones de los hogares del país con una regularidad absoluta. La empatía del espectador con los conflictos en los que el matrimonio se veía envueltos era máxima.

Pero basta con informarse acerca de las prácticas de la productora Ganga, que se encarga de realizar la serie, para preguntarse si las cifras de dinero que mueven se corresponden con el nivel de calidad del producto audiovisual que venden, que, no olvidemos, pagan todos los españoles.

La querella en la Audiencia Nacional por delito fiscal que los dos actores protagonistas de ‘Cuéntame cómo pasó’, Imanol Arias y Ana Duato, se han encargado de recoger esta misma semana, ahonda un poco más en la delicada situación en la que los Alcántara han quedado. Ya la imagen de la serie se había visto resentida con el hecho de que Imanol Arias, quien venía cobrando una auténtica fortuna por cada capítulo que se emitía en la televisión pública, apareciera en los Papeles de Panamá como presunto evasor de impuestos en España.… Lea el resto de la noticia.

iré a una estación de esquí sin forfait

Los gustos para el ocio del ser humano en la sociedad de consumo contemporáneo son bien distintos y variopintos. Hay a quien le gusta desplazarse hasta la playa, sin importar si es verano o el invierno más adusto y grisáceo; hay a quien la montaña le hacer ser feliz por poder respirar aire puro.

Es cierto que hacer planes de ocio puede depender de muchos factores, como la época del año, las inquietudes culturales e intelectuales que se tengan, la predisposición a viajar lejos o no, la intención de disfrutar de paisajes naturales o urbanos, etc.

Pero al llegar el frío y el invierno se abre una vía que siempre parece contar con el respaldo y la simpatía de los turistas. Las estaciones de esquí se abren al público, las pistas para esquiar empiezan a quedar operativas y el color blanco se encarga de conquistar los corazones de la gente.

Eso sí, para gustos, colores. No es fácil entender tanto amor por la nieve y tanto deseo por que las estaciones invernales se conviertan en las protagonistas del relax de las personas.

Nunca más iré a una estación de esquí. Porque la nieve, lejos de su presunta belleza, no es otra cosa que potencial agua fría, de forma que cuando vas pisando por ella se te van encharcando las botas y los pantalones, lo cual genera una incomodidad grande para el resto del día.… Lea el resto de la noticia.

Nunca más bailaré con la jefa

Bien es sabido que las cenas de empresa son un arma de doble filo. Por un lado, haces piña junto a tus compañeros y descubres la parte amable de ellos e incluso de los jefes; llegan a parecer incluso buenas personas, cuando parecían malos bichos insensibles y despojados de cualquier atisbo de empatía. Pero por otro lado, el alcohol puede llevarnos a escenarios un tanto peliagudos o peligrosos.

Una vez que la comida ha ido desapareciendo de la mesa y que el salón queda como un lugar despejado donde el mismísimo Ginger Rogers podría dar rienda suelta a su talento, una rara amenaza empieza a respirarse en el ambiente. La música suena y todos se lanzan a bailar lo mejor que pueden.

A ti, obviamente, no te gustan las canciones que suenan; son esas canciones que deben estar de moda y cuya armonía y sonoridad son realmente dantescas. Vas bebido, así que tu predisposición a bailar es total, aunque seas un palo sin ritmo y la música te corte el rollo. Ojalá sonará algo de Elvis Presley, de Dion & The Belmonts o de Frankie Valli & The Four Seasons, que esas sí que eran músicas con bailes ingeniosos y currados.… Lea el resto de la noticia.

Nunca más beberé alcohol

La última resaca ha sido más virulenta que de costumbre. Es cierto que hacía meses que el alcohol no se convertía en el protagonista absoluto de mis salidas de viernes y que esto tal vez ha motivado la mala situación en la que mi cuerpo ha quedado. Pero es que no compensa lo mal que se pasa el día después con la diversión del día anterior.

Puede ser tal vez que los años no perdonan y que el estar cerca de la treintena es un aviso ineludible para dejar de beber. Sí, definitivamente nunca más beberé alcohol. Toda la habitación me daba vueltas, como si el gotelé de las paredes fuera una lluvia de estrellas o como si la lámpara fuera un caballo de un tiovivo.

El alcohol no merece la pena. Las resacas son unos de los peores procesos fisiológicos a los que el ser humano ha de enfrentarse a lo largo de su vida. Terrible. Y no hay unas bebidas que tú puedas decir que son las causantes de la catástrofe. Poco importa la graduación que se ingiera cuando los años han ido echándosete encima.

Si optas por el vino, lo disfrutarás, pero al final de la segunda copa ya estarás al borde del abismo etílico; con la tercera copa estará definitivamente K.O.… Lea el resto de la noticia.