Rosales,
Mirtha
Gladys

Legajo
Conadep N° 7186
Fue detenida el 10 de marzo de 1976 desde su lugar de trabajo en la
Dirección General de Institutos Penales. Fue conducida a la Delegación
de la Policía Federal:
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«Al llegar a la Delegación me encontré con mi padre, un muchacho Mamondez
y su hermana, y un joven Ramos, de Quines éste y mi padre, y de Candelaria
los Mamondez. Luego supe que todos ellos habían sido salvajemente golpeados
en Quines y posteriormente también en la delegación. En ese momento
apareció un oficial de apellido Borsalino quien, tomándome de los pelos
y a patadas me lleva a la parte de atrás del edificio y en la cocina
me somete a una golpiza mientras me decía: vos sos la culpable de que
haya hecho cagar a esos infelices . Después de eso me lleva hasta la
oficina del D elegado donde se encontraba éste, el Subdelegado Cerisola,
el Teniente Coronel Lualdi, el Comisario Visconti de la Policía Provincial
y Borsalino. Allí me vendan y luego entre insultos y amenazas de muerte
me someten a golpes de corriente eléctrica esposada a una silla, mientras
me interrogan sobre mis actividades políticas.
Después de esta sesión fui golpeada en varias oportunidades pues me
mantuvieron en la Delegación por espacio de casi cuatro meses y en todos
los casos la golpiza fue dada por Borsalino en presencia del comisario
De María.
A mediados de junio fui trasladada a la Cárcel de Mujeres donde permanecí
hasta el 9 de setiembre en que fui sacada por personal de Informaciones
de la Policía Provincial y traída a la Jefatura de Policía.
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Un rato después sacaron a toda la gente del lugar y apareció el Subjefe
de Policía, Capitán Pla, y el Jefe de Informaciones, Comisario Becerra,
quienes empezaron a interrogarme entre trompadas y patadas que me propinaron
los dos a cara descubierta. Al rato el capitán Pla me dice que me dará
otro tratamiento pues yo no quiero hablar y me llevan a una Comisaría
que estaba ubicada en la calle Justo Daract a una cuadra de la avenida
España. Allí me entran por una entrada para autos que estaba a la derecha
y me introduce Becerra en una habitación donde se encontraba maniatado
Domingo Ildegardo Chacón, quien evidentemente había sido torturado y
posteriormente veo a Raúl Lima a quien estaban golpeando, y a Domingo
Silva y a un señor Moyano, de Candelaria. Después me pasan al fondo
donde estaban Hugo Velázquez, un chofer Rub´rn Lucero y un agente o
suboficial Olguin, que tiempo después se suicidó durante un proceso
en la Justicía Provincial. Allí me golpearon ferozmente por espacio
de una hora aproximadamente, lo hicieron con total sadismo y crueldad
pues ni siquiera me interrogaban, sólo se reían a carcajadas y me insultaban.
Después de eso me llevan de vuelta a la Central y me dejan en la oficina
de Cuatrerismo, donde se encontraban el Capitán Rossi y un Teniente
Marcelo Eduardo González. Al dejarme el Oficial Lucero, que era quien
me traía, les dijo ya está ablandada y se fue. Empezó de nuevo el castigo
por parte de Rossi y González quienes me empezaron a golpear, insultar
y ponerme cada uno su arma en la sien amartillándola y preguntándome
quién tenía armas y presionándome para que firmara unas declaraciones
que ya estaban hechas. Mientras tanto llegaron Pla, Becerra, Velázquez
y Luis Mario Calderón, que era otro Oficial, y empezó una de las peores
sesiones de tortura que me tocó soportar pues me habían dejado al medio
y empezaron a golpearme de todas partes, a tirarme el pelo, hacerme
el teléfono, que eran golpes con ambas manos en los oídos, pellizcarme
y retorcerme los senos y otras barbaridades por el estilo. Cuando terminaron
o se cansaron, yo estaba desfigurada por los golpes. Esa noche me dieron
hielo para que se me deshinchara la cara y el cuello para poder llevarme
de vuelta a la cárcel, cosa que hicieron recién a los dos días.
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El doce o trece de noviembre vuelven a sacarme y traerme a Informaciones
donde me golpean nuevamente estando presentes en el castigo Franco,
Pla, Becerra Chavero, Ricarte, el sumariante Luis Alberto Orozco y otro
llamado Benítez. Me golpearon entre todos, me hicieron el teléfono y
me patearon; en un momento dado Ricarte me mostró una foto diciendome
decilo que sabés porque si no te va a pasar lo de Ledesma; mirá como
quedó y en la foto se lo veía a Ledesma como acostado boca abajo en
una mesa o en el suelo, con el mentón apoyado por lo que se veía su
cara de frente, los brazos abiertos en cruz y de su boca chorreaba sangre;
aparentemente estaba muerto.
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Me llevaron a un lugar al que para llegar pasamos vías y cruzamos una
tranquera. En el acceso al local o recinto donde me torturaron había
escalones. Me ataron y me acostaron en algo metá1ico, allí me golpearon
y me metían de cabeza en un recipiente con agua hasta ahogarme. Al rato
empiezo a perder sangre (yo estaba con la menstruación) y eso hace que
me traigan de vuelta a Informaciones. En esa sesión de tortura estaban
los mismos que me habían golpeado horas antes en la Jefatura. A la madrugada
deciden mandarme a la cárcel, cosa que concretan a media mañana. Al
llegar, como mi estado era lamentable pues estaba desfigurada por los
hematomas y la hinchazón, y me habían visto mis antiguos compañeros
de trabajo, se arma un conciliábulo entre los que me llevaban (Comisario
Juan Carlos Pérez, Carlos Garro y Rubén Lucero de chofer) y el personal
de la cárcel».
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