Locos
y "Loquitos" en la cultura videliana

Canto Maestro N° 11 - Marzo 2001
Eduardo Rosenzvaig
Escritor e historiador
1. Antecedentes
En 1977 se publicaba un libro fotográfico: Tucumán-Argentina. Cuna
de la Independencia, Sepulcro de la Subversión 1975-1977. Está dedicado
"A los soldados que combatieron y vencieron con heroísmo y gloria,
en los montes tucumanos". (Obsérvese que se dice el "vencieron" en
1977, considerando la "guerra" concluida pero las desapariciones nocturnas
continuaban).
Está dividido en tres secciones, la primera: "Sucedió ayer en Tucumán",
en tremendos blancos y negros acompañados de una flecha hacia abajo
página por página. La segunda sección: "Ejército Argentino, el principal
protagonista", con fotografías en verde musgo -tipo combate- y las
flechas en un verde militar hacia arriba. La tercera: "Sucede hoy
en Tucumán", con fotos sepias -tipo abuelitos- y flechas hacia arriba
de color celeste. Los últimos tonos recién descansan al lector.
Una flecha hacia abajo (la muerte, el infierno, el subsuelo, la subversión);
dos flechas hacia arriba (la salida, el aire, la luz). Todo casi de
grosera, ostensible comprensión. El libro resume las imágenes que
justificaron el exterminio sobre la población civil y la aceptación
más o menos general del hecho por ésta misma. Pero para ello hubo
que presentar al "delincuente subversivo" como un loco, es decir un
sujeto extremadamente peligroso. (En toda la Edad Media cristiana
sólo tres tipos de cadáveres no podían ser enterrados: los de herejes,
homosexuales y locos).
La locura está irreductiblemente en el corazón del hombre. El loco
-el psicópata, cuyo ejemplo más claro es el que nos proporciona el
esquizofrénico paranoide- es aquel en el cual la locura ha ganado
la partida, aquel que no dispone de ningún contrapeso suficiente para
equilibrar las fuerzas del inconsciente. La antilocura es la neurosis,
en la que todas las fuerzas del individuo se hallan comprometidas
en un doloroso combate contra la locura (G. Mendel, 1971). La sociedad
puede tolerar a un jefe de Estado paranoico, pero no acepta el hecho
de que la vida humana pueda definirse por su relación con la muerte
ineluctable, y la razón por su relación con la locura inextirpable.
a) El sufrimiento del loco. En su mayor parte no está ligado a
la represión social sino al hecho de vivir en contacto con el inconsciente
sin los mecanismos de defensa que posee el no-loco. La angustia
insoportable del loco le lleva a buscar una ayuda. (En las sociedades
más arcaicas, el niño que presenta anomalías graves en su maduración
psicoafectiva somatiza estas anomalías y muere). La transgresividad
de los jóvenes de finales de los 60 y comienzos de los 70 es expresada
hacia el interior como un contacto súbito con algunas aristas del
inconsciente (y su efecto, el requerimiento masivo del psicoanálisis).
Se producía una angustia y una búsqueda de ayuda (hacia organizaciones
y conjuntos políticos). La sociedad adulta los miraba como a locos.
Los "locos" hippies, del rock, de la marihuana, de las piedras contra
la policía, de los que querían ser como el Che. Los "locos" que
pretendían encontrar la playa bajo los adoquines del 68, y los que
la encontraron en el "cordobazo" partiendo la cabeza de un monstruo
dictatorial en dos. Para la sociedad, y para el mercado capitalista
que en las periferias aún no sabía cómo acumular con el fenómeno,
había estallado la "locura". Otros miraban a los "locos" con cierta
superioridad benévola: "ya se les va a pasar".
b) La libertad ajena. El loco siempre pide. El loco no puede pasarse
sin "el otro", aunque sólo sea a nivel material. En una comunidad
de esquizofrénicos, no pueden sobrevivir solos. El paranoico sin
su perseguidor, el masoquista sin su verdugo, el sádico sin su víctima
y el obsesivo sin alguien a quien manipular. En 1975 (fecha que
iniciala el libro) Tucumán pasó a ser territorio esquizofrénico:
un gobierno constitucional durante el día, otro gobierno paramilitar
durante la noche; constitución formal y clandestina según la luz
del sol. A veces la constitución nocturna avanzaba sobre la del
día, ganando horas de luz (para la noche): represiones masivas diurnas
en nombre de una legalidad desconocida (allanamientos a barrios
completos, control de los vehículos en las rutas). Desestructuradas
las reglas de organización de la sociedad civil, del derecho, de
la justicia como poder independiente, cada uno empezó a depender
de su enemigo. En el discurso militar del Operativo Independencia
(y en el de los políticos, gente de la calle, medios) cada vez había
más jóvenes "loquitos" que se volvían más enemigos, más peligrosos
y más locos. En realidad era el propio modelo social el que estaba
enloquecido. El exterminio resultó la manera final y acabada de
la relación de un loco (sociedad o una parte de ella) que no puede
pasarse sin "el otro". Por lo demás, que tampoco puede estar sin
el hombre superior que manipule, persiga y victimice a los enemigos,
a los "loquitos". Exterminio fue la palabra usada por el decreto
presidencial firmado por Isabel Martínez y su ministro López Rega.
El exterminio de los "loquitos" empezó en una escuela, la "escuelita
de Famaillá". Esta es la metáfora más sorprendente de la esquizofrenia.
Cuanto más enloquecía el modelo, más abusaba de los signos. El Estado
-bajo Constitución- vaciaba un edificio escolar para prestárselo al
ejército a fin de que construyera allí un campo de prisioneros, de
concentración de "loquitos", a los que se podía torturar, vejar, desnudar
bajo el sol sobre una chapa caliente para después matarlos -todo en
secreto- porque eran locos. Se atrevían a desafiar la realidad con
un proyecto que involucraba otra realidad. El simbolismo éste de transformar
una escuela ("la escuela" genérica) en el edificio paradigmático del
terror de Estado, fue el síntoma de su estado. Escuela exterminio.
El punto clave desde el que había que hacer "cirugía" (término en
boga) resultó la educación pública. Allí estaban escondidos los "subversivos".
Había que entrar a las escuelas, colegios, universidades, fábricas
de obreros calificados en educación técnica, y arrancar a esos "loquitos".
Por eso la escuelita de Famaillá es el campo de concentración inaugural.
Una escuela retorcida, ahogada.
Por eso el Operativo Independencia es el ensayo general del golpe
de Estado militar-económico.
Por eso la lógica condujo a que un maestro, dirigente sindical y
cofundador de CTERA sea el primer asesinado en la noche del 24 de
marzo. Isauro Arancibia no sólo era entonces el referente social de
los "loquitos", también les prestaba el mimeógrafo del gremio. Suficiente.
Su asesino, por ser el exterminador de un dirigente de "loquitos",
fue elegido en la misma provincia como diputado nacional primero y
gobernador de la democracia después. La democracia había heredado
la esquizofrenia. Por eso también el sindicato de los maestros de
Tucumán -fundado por la víctima- se retiraba enojoso de la organización
madre, CTERA. De allí que su secretario general entrara también en
relaciones respetuosas con el gobernador asesino -el fotografiado
en democracia atendiendo a un intendente con su pistola magnum sobre
el escritorio- porque era el orden finalmente que acabó con los "loquitos".
El gesto crispado, el de violencia apenas contenida, el de herramienta
calificada del exterminio en todas las fotos como político exitoso
de este militar, es la cordura ejemplar para esta sociedad que lo
eligiera eufóricamente o por pasividad.
2. La autoridad del padre
Esquizofrenia de la sociedad civil con Estado y Constitución rotas
a un lado en el 75, y su representación del "loquito" al otro (jóvenes
angustiados en su búsqueda del inconsciente). Y así como se rodeaba
a los manicomios, o a los cementerios, de tapias, para perder el recordatorio
de la dimensión trágica de la locura inextirpable y la muerte ineluctable,
así se rodearon a los campos de detención de una muralla de silencio
para perder el recordatorio de los "loquitos". Fueron los desaparecidos.
Manicomios, cementerios y CCD (Campo de Concentración de Desaparecidos).
Locos, muertos, y "loquitos" desaparecidos. La "cuna" que pasaba a
"sepulcro".
Desde el punto de vista sociológico, la intolerancia propia de las
relaciones de producción del ingenio; y desde el aspecto patológico,
el desorden (provocado por las crisis agrario-industriales, y las
crisis juveniles), crearon enfermedades mentales ligadas a un tipo
particular de organización social. Voces sofocadas por la ignorancia
abiertas al exterior como mandatos de un orden. El capitalismo periférico
que ya no soportaba al Estado asistencial. El ingenio que no soportaba
a tantos obreros. El obrero que no soportaba el peso de su historia
peronista escindida entre el clasismo y una estructura mafioso-partidaria.
Entre tensiones, el militar -a su vez -, prometiendo ordenar la sociedad
y la economía (promesa de ocupación, sueldos importantes, obras públicas)
a cambio del castigo ejemplar a los locos peligrosos. La razón entendida
como la limpieza cuartelera. La locura como basural de la sociedad
civil. Pero también la edad: convenida como el primer enemigo de la
limpieza. ("Tú eres joven, eres un delincuente loco peligroso": irresponsable
pues, presa de los instintos, libertino). El militar representado
como Padre, agente de la Autoridad, que debe condicionar el comportamiento
del niño (sociedad civil). Prohibirle lo que antiguamente le fue prohibido
a él. Hacer añicos cualquier revuelta contra la Autoridad como un
acto de locura.
Defensa de la trilogía más arcaica: Padre, Madre, Hijo. Padre (lo
Militar), Madre (la Patria), Hijo (la Sociedad civil). El Padre, por
encima de todos, ha engendrado en la Patria, a la misma sociedad.
Cuanto más joven la sociedad en esta relación trinitaria, más peligrosa,
mayor su desorden, más imponderable y recurrente la Autoridad del
Padre.
El conflicto de la "clase juventud contra clase edad adulta" se presentaba
como de "individuo contra Estado", "desorden civil contra orden militar".
Si hasta los años 70 el individuo se encontraba parcialmente protegido
por la existencia de numerosos grupos y subgrupos socioculturales,
que actuaban como contrapeso de la fuerza del Estado, se advierte
de inmediato la crisis de aquellos. Tiene que ver con la extensión
de mafias en los aparatos políticos y en las empresas estatales, con
la presión del mercado trasnacional y de la crisis general de relaciones
de producir a la manera tradicional. Los ordenadores. Las máquinas
que ordenan el mundo desordenado por la Guerra Fría. El individuo
-en particular el joven- empezó a encontrarse cada vez más solo frente
al Estado, lo que también explica algunos aspectos llamados "salvajes"
de su contestación y revueltas. Un "loco violento". Este debía ser
asociado a una serie iconográfica que sostuviera la tesis del exterminio.
Ideografías expuestas como texto.
3. Las fotografías
La primera fotografía del libro Tucumán-Argentina. Cuna de la Independencia,
Sepulcro de la Subversión muestra libros y revistas acumuladas sobre
un mesón. Siempre ocurre de esta forma. ("Material literario subversivo
capturado a las bandas marxistas", se lee). La locura empieza con
los libros. Concepto medieval que Cervantes trasladó a la biografía
de su Don Quijote (se vuelve loco de leer tantos libros sobre caballeros).
Después la Inquisición: los libros prohibidos (casi todos), los libros
perversos, los libros que llevan a una persona al patíbulo. De allí
también, la autodefensa de los jóvenes -durante esta experiencia-
que consciente o inconscientemente los llevaba, antes que cualquier
cosa, a quemar sus libros. Percibían que para la sociedad que los
perseguía como a "locos", sus libros resultaban la comprobación de
demencia.
Si algo comprueba esta hipótesis de lo dicho, es que la primera foto
del libro de la Provincia "Sepulcro", el primer enemigo, el más perverso,
sean los libros. ¿Y dónde se leen los libros sino en la escuela? La
"escuelita" de Famaillá mataba a los dueños de los libros encontrados,
escondidos. Escuela incinerador. Libros y "locos".
El "loco violento" que hace un "trabajo de captación de inteligencias"
(p. 8). Se alcanzan a ver los títulos: Giap, Che Guevara, von Clausewitz,
La dictadura gorila en Chile y la guerra de los revolucionarios. Fotos
de la amnistía de 1973, base de la estatua de la Libertad en la Plaza
Independencia: una bandera del ERP y un joven hablando entre otros
con las cabezas bajas. El fondo es siempre de noche (lectura intertextual:
"salen de noche como las alimañas o los vampiros o los locos"). Y
un texto: "Dirigentes subversivos amnistiados. Todos ellos volvieron
posteriormente a la clandestinidad". Foto: el Gobernador Juri y el
ministro de Gobierno recibiendo a los amnistiados (en el texto siempre
como "delincuentes subversivos"). Foto: la recepción de los amnistiados
se hace en la Puerta de la Casa de Gobierno; jóvenes con banderas,
algunos trepados en las verjas. El Gobernador entre ellos de traje
y corbata. El resto canta con el brazo en alto y la V de la victoria.
En un cartel se lee "...miseria" y "...del socialismo" (siempre las
flechas negras hacia abajo). Foto: Club Independiente de Tucumán,
habla el Rector de la UNT; un niño lleva una pancarta, atrás carteles
("Montoneros" y "FAR"), abajo el público aplaude y ríe. Un muchacho
con una vincha mira seriamente, como custodiando. ("Los claustros
fueron asaltados por la minoría marxista, y el Rectorado entregado
a uno de sus miembros. La Universidad se convirtió de este modo en
un instrumento de adoctrinamiento y agitación, y un centro de operaciones
de la insurrección armada"). Foto: Asamblea en el Aula Magna de la
Facultad de Derecho; las autoridades máximas de la Universidad, atrás
un banderín de la JUP, un joven habla de pie mientras las autoridades
escuchan sentados. Foto: comedor universitario, una estudiante pronuncia
un discurso con el brazo en alto, carteles y pancartas. Evidentemente
quien tomó la foto fue un periodista (?). Foto: Patio del edificio
de la Quinta Agronómica, asamblea, multitud de carteles, ebullición
(en el libro se lee: "desórdenes", "agitadores profesionales", "subversión",
"bandas marxistas"). El Estado, aterrorizado, fotografiaba preparando
el exterminio del desorden de los locos. La sociedad estaba en buena
parte dispuesta a aceptar el proceder, porque el orden sólo es posible
observado desde el poder, jamás "desde abajo" como acontecimiento
popular. La Revolución de Mayo nacida "desde abajo", es un desorden
de locos. Pero también los de abajo fueron preparados durante décadas
para transformaciones "desde arriba", lo inverso como simple locura.
Hay una imagen de una pared de la facultad de Agronomía. Simplemente
una pared con carteles y pintadas (orgullo de las tomas del imaginario
policial-periodístico). Son -como todos- carteles a mano alzada, es
decir no oficiales, no institucionales, en consecuencia alternativas,
es decir el "otro", el peligroso. Las propias poblaciones podían hacerlos
y desconfiar un momento después de ellos. Es que no era el cartel
publicitario de Coca Cola, ni de otra marca o de una oficina gubernamental
(legales en consecuencia). No un cartel de la ITT por ejemplo, la
que organiza el golpe militar en Chile contra Allende. Pero en esa
pared de Agronomía un cartel del PRT dice: "De cada combatiente muerto
10.000 fusiles se levantan". Se trataba de una consigna fuera de toda
realidad, y como tal podía ser entendida por las poblaciones con alguna
veracidad como locura.
Abajo una pintada: "Movilización contra el golpe imperialista en
Chile". En este contexto de pintadas pues, un cartel de ITT sería
perfectamente normal y serio frente al otro que lo acusaría con una
irrealidad: los diez mil fusiles levantados por un asesinato. A veces
los carteles no decían lo que ocurría en la realidad, por lo que de
inmediato el poder se encargaba de fotografiarlos y publicitarlos
("Los que dicen eso están locos"; la contrapropaganda era perfectamente
sencilla de ejecutar). En la misma pared una pintada con P y al costado
otra en la que se lee "socialismo". El texto explica que con el relevamiento
topográfico efectuado por los "subversivos" de esa facultad se llevaría
a cabo el "frente rural". Cuadrados negros (de muerte) acompañan a
las imágenes.
Otra toma fotográfica de la entrada en la Facultad de Derecho con
el subtítulo de "Anarquía". La vieja casona cubierta de carteles,
más un pizarrón a modo de verdulería: "Hoy 17hs. Asamblea General.
Hoy 17hs.". Era como una feria, llena de vida en consecuencia, una
feria política, de ideas, de protagonistas y de búsqueda de "los otros".
Un cartel arriba: FUN (Federación Universitaria del Norte) y otro
pizarrón con las informaciones: de que el interventor de la UNT cerraba
la casa de altos estudios por tiempo indeterminado. "A Lanusse, al
GAN, no los quiere Tucumán".
La integración de la joven generación en la vieja sociedad se tornaba
cada vez más difícil; el mundo viejo rechazaba cualquier transformación
que no hiciera él mismo y en su interés directo. (El "Rodrigazo" presentó
la intuición de que se venían todas las transformaciones posibles
en el modo de distribución de la riqueza social, por eso también la
desesperación de otros en mantener todo como estaba). Los jóvenes
miraban la sociedad como a una Madre arcaica. Se insinuaba la omnipotencia
del mercado: el consumidor consumido. Se imaginaban escapatorias con
actos de alta violencia. Por abajo un mundo de pobreza, donde quedaba
claro que el único que tiene garantizado la sobrevivencia es el que
dispone de poder (político y militar). Los jóvenes no eran nada, no
representaban nada para estos pobres. No contenían ninguna nueva relación
de producción. No eran portadores de puestos de trabajo. El fascismo
que sobrevendría con el golpe de 1976 prometió desposeer progresivamente
a los pobres de todos sus derechos, a cambio de entregarles orden
y electrodomésticos baratos. La lucha de clases adoptaba la forma
oposicional de locos versus ordenados. Después fue la transición.
"Ajustar" se presentaba también como una ordenación. Es decir ajustar
a los de abajo hasta asfixiar a millones, y airear a los de arriba,
hasta crear una minoría de frescos más frescos de la historia. Menem
fue la carcajada de esta esquizofrenia.