Nunca volveré a leer erotismo contemporáneo

Pensaba que era muy difícil arruinar un género literario tan apasionado y divertido, pero la verdad estaba equivocado, solo se necesitó una oleada de fanáticos para lograr lo que ahora se conoce como “fenómeno mundial” a una de las peores novelas de erotismo contemporáneo que he podido leer; dejándome con un sinsabor visual y poco estímulo al género que siempre ha sido uno de los más complejos e interesantes en la literatura.

Leí las “50 sombras de Grey” por iniciativa propia, pensé tal vez que como estaba ocurriendo un auge asombroso en las temáticas del sadismo, masoquismo y juegos de roles podría esperar una historia entretenida y profunda. Que el desarrollo de los personajes no dependiese solamente de actos aislados y superfluas personalidades; entonces me adentré en lo que consideraba que podría ser algo entretenido de momento.

Mi primera impresión en las quizás 30 páginas iníciales fue que la autora no tenía idea que su libro iba a ser algo de tan grande comercialización. Podía creer a ciegas que leía una versión tonta de alguna novela juvenil, no era una novela erótica en lo absoluto. A quien conoce el género sabe que lo más importante de este es la creación y anticipación de un ambiente, sea cual sea su desarrollo para el lector, el erotismo necesita no solamente llegar a todos los sentidos, sino hacerte partícipe de la aventura entre líneas.

Decidí terminar un libro de casi 400 páginas en las cuales las escenas más importantes mostraban que los personajes principales aun parecían que no tenían idea que estaban interpretando una posición adulta de creatividad. Dejando de lado a Masoch, Bataille e incluso un en oportunidades inocente Wilde sonrojados de la pena. ¿Cómo podría haber evolucionado o mejor dicho, involucionado un género de tal forma?

No tuve más oportunidad que gastar unos cuantos días de mi vida pensando en cómo no volver a desperdiciar unas páginas y decir que no le daré una sola oportunidad al género contemporáneo.