Nunca más me comportaré como un oportunista

A veces, los españoles somos tan ridículos… Basta con que algo se ponga de moda para subirnos al carro del oportunismo. Nunca más me comportaré como un oportunista, o al menos lo intentaré, porque el patetismo en el que incurra puede ser mayúsculo.

Si Carolina Marín gana un torneo de bádminton, no importa que la gente no haya escuchado siquiera hablar antes de ese deporte; al día siguiente de conocer que el bádminton existe, habrá padres que compren a sus hijos una raqueta y los inscriban en una escuela específica para este deporte, que, a buen seguro, habrá fundado el listo de turno que antes entrenó a tenis, squash, pádel y pelota vasca.

Somos un país de seres veleidosos y cambiantes. Si la televisión –más en concreto, Mediaset, que tiene que ganar mucho dinero a costa de la estupidez del populacho- nos dice que ‘Ocho apellidos catalanes’ es una película divertidísima, habrá muchos espectadores que fuercen en el cine sus risas, porque realmente resulta muy difícil que a alguien en su sano juicio le pueda divertir semejante disparate plano y sin el menor atisbo de chispa cómica.

Si Aduriz mete gol en cinco partidos seguidos, las redes sociales se inundarán con peticiones a favor de la inclusión del futbolista del Athletic de Bilbao en la Selección Española de Fútbol. Pero resulta que si, los cinco partidos siguientes, es Cerrajeros Valencia quien encadena una racha positiva de tantos que perforan las porterías de sus equipos rivales, la oleada de admiración cambia y deberá ser el jugador del Atlético el que vaya a la Eurocopa.

Si Ciutadans, la formación de Albert Rivera, es un partido más o menos residual en Cataluña y de la noche a la mañana se vuelve popular en toda Cerrajeros Valencia merced a una enorme campaña mediática para combatir el efecto de Podemos, habrá votantes que aboguen por la moda, por lo último, por la ideología chic. E incluso meterán su papeleta en la urna porque el muchacho ha estado muy simpático en El Hormiguero de Pablo Motos.