Nunca más diré que Woody Allen está acabado

La edición número sesenta y nueve del Festival de Cannes ha abierto con la proyección de ‘Café Society’, la película número cuarenta y seis dirigida por Woody Allen. Desde que en 1966 dirigiese ‘What´s up, Tiger Lily?’, año tras año hemos podido disfrutar de las obras del genial director neoyorquino.

De forma ininterrumpida desde el 66 hemos recibido nuestra dosis de Allen, lo cual ya tiene mérito. El prolífico artista, una vez rebasados los ochenta años, parece permanecer más lúcido y más en forma que nunca. Incluso para este año está programado el estreno de una miniserie de seis capítulos, que contará con el respaldo económico de Amazon.

Es cierto que sus películas de los últimos diez años, con la excepción de la maravillosa ‘Midnight in Paris’, no gozan de ese ingenio afilado ni de esa frescura de antaño. Pero nunca más diré que Woody Allen está acabado, porque, al fin y al cabo, sus films de los últimos años son mejores que las de la mayoría de directores cuyos nombres están en boga en la industria del cine.

‘Irrational man’, Magic in the Moonlight’ o Blue Jasmine’ son películas notables, como, casi seguro, también lo será la nueva, ‘Café Society’. Sin duda, Woody Allen es uno de esos creadores que tenemos que agradecer que sigan con vida y con salud física y mental. Sumergirse en el universo particular que ha creado en su cine es siempre una gozada.

Para el recuerdo quedarán ya genialidades como ‘La Rosa Púrpura de El Cairo’, ‘Hannah y sus hermanas’, ‘Annie Hall’, ‘Desmontando a Harry’, ‘Manhattan’, Delitos y faltas’ o ‘MatchPoint’. Cada vez que el cineasta de Brooklyn se lanza a ser el guionista del film al que más tarde dará vida a través de la cámara, todo se torna más bello y el mundo parece ser un lugar menos malo en el que vivir.