Nunca más bailaré con la jefa

Bien es sabido que las cenas de empresa son un arma de doble filo. Por un lado, haces piña junto a tus compañeros y descubres la parte amable de ellos e incluso de los jefes; llegan a parecer incluso buenas personas, cuando parecían malos bichos insensibles y despojados de cualquier atisbo de empatía. Pero por otro lado, el alcohol puede llevarnos a escenarios un tanto peliagudos o peligrosos.

Una vez que la comida ha ido desapareciendo de la mesa y que el salón queda como un lugar despejado donde el mismísimo Ginger Rogers podría dar rienda suelta a su talento, una rara amenaza empieza a respirarse en el ambiente. La música suena y todos se lanzan a bailar lo mejor que pueden.

A ti, obviamente, no te gustan las canciones que suenan; son esas canciones que deben estar de moda y cuya armonía y sonoridad son realmente dantescas. Vas bebido, así que tu predisposición a bailar es total, aunque seas un palo sin ritmo y la música te corte el rollo. Ojalá sonará algo de Elvis Presley, de Dion & The Belmonts o de Frankie Valli & The Four Seasons, que esas sí que eran músicas con bailes ingeniosos y currados.

Todos bailan, y tú también, claro, para no desentonar. La jefa baila al fondo con una secretaria, lo da absolutamente todo, aunque juraría que no ha bebido tanto, pues antes de la música se mostraba extremadamente sobria. Hay cambio de parejas y abandonas a Tomás, el tipo que siempre está en la fotocopiadora perdiendo el tiempo para trabajar poco.

Todo da vueltas, bailas con un tipo al que no has visto por la empresa nunca y después te toca la atractiva chica de recursos humanos que se divorció de un concejal del Partido Popular que ahora está en la cárcel. Otro cambio de parejas. Estás bebido y mareado. Y pasa lo peor que puede pasar. Te toca agarrar a la jefa de la espalda y bailar con ella. La pisas varias veces, te sonríe. Está más guapa de lo que nunca hubieras imaginado. Y la besas. “Nunca más volveré a bailar con la jefa”, me digo mientras leo la carta de despido de la empresa.