No hablaré mal de Fernando Torres

Algunos aficionados al fútbol también tenemos ese gafe típico de los comentaristas: denuncias el mal comportamiento de un jugador y éste se rebela y hace el partido de su vida. Es increíble cómo esto sucede más veces de lo habitual; basta con que le comentes a tu compañero de asiento en el Vicente Calderón que tal o cual futbolista no está rindiendo como debe, para que al instante empiece a bordar el arte del balompié.

Si hay un futbolista que parece que lleva un auricular sobre el campo que le va informando acerca de todos los comentarios que hago en la grada, ese es Fernando Torres. Si va media hora de partido y aún no ha tocado el balón, mi impulso de frustración me lleva a decir lo sobrevalorado que ha estado siempre Torres por la afición del Atlético de Madrid; pasan unos pocos segundos después de decir esto y el jugador de Fuenlabrada hace una jugada sensacional y clava la bola en la escuadra del portero rival.

torresNo han sido pocas las veces que he dicho en la grada, respaldado por unos pocos hinchas y reprochado por otros muchos, que Fernando Torres nunca debería haber vuelto al Atlético de Madrid, que sus mejores días habían pasado y que el club rojiblanco no es ninguna organización no gubernamental de solidaridad con viejas glorias.

Y es que Fernando Torres, a decir verdad, y aunque tampoco Simeone lo estaba alineando mucho, había hecho una primera mitad de temporada poco brillante. Al comenzar la segunda vuelta, fui de los activos que pedían en el Calderón que a Torres no se le renovase, que dejara de molestar al Cholo abriendo debates estúpidos. Fue justo ahí cuando las piernas de Torres parecieron experimentar una especie de transformación.

Nunca más hablaré mal de Fernando Torres. Qué gol en el Camp Nou en Champions, lástima que el árbitro expulsase a nuestro mejor jugador. Y qué vaselinas hizo al Betis y al Granada. Espectacular. Desde aquí aprovecho para pedir la inminente renovación de Fernando Torres, uno de los mejores jugadores de la historia del Atleti. Menos mal que regresó a casa a tiempo.