Lunes 02 de Julio de 2001

Juicio
por la Verdad, Mar del Plata.
En la sala de audiencias del Tribunal
Oral en lo Criminal Federal de Mar del Plata, sus integrantes,
Dres. Roberto Atilio Falcone y Néstor Rubén Parra, juntamente con el
Sr. Secretario, Dr. Facundo Luis Capparelli tomaron declaración
testimonial al Sr. Alberto Cortez y a la Sra. María Susana Baraciulli.
Informe de la Secretaría de DDHH de
A.D.U.M.
y la Comisión del Juicio por la Verdad de Mar del Plata

El Sr. Alberto Cortez,
manifestó que su declaración habría de realizarla con el apoyo de un
texto escrito en virtud de la dislexia verbal que sufre como secuela de
los tormentos sufridos en carne propia durante su privación de libertad
bajo el régimen militar. Cortez relató que el día 19 de agosto de 1976
siendo las 2:00 horas, sonó el timbre de la puerta de su domicilio, y
al abrirla entraron ocho personas de civil con armas largas y
pasamontañas quienes dijeron ser de inteligencia. El procedimiento se
completó con tres personas más que aguardaban en la vereda y se
movilizaban en dos Ford Falcon y un Renault 12. Lo llevaron a la Base
Naval y lo subieron por una escalera externa de mampostería siendo
alojado posteriormente en un calabozo. Allí había dos celdas de dos por
uno y al fondo un salón con alrededor de treinta personas secuestradas.
En ese lugar se escuchaba el ruido del mar. Durante su detención sus
familiares interpusieron Habeas Corpus ante la Justicia Federal pero
fue denegado con costas (entregando el sr. Cortez copia simple de dicho
expediente). A los diez días lo bajaron y le hicieron un simulacro de
fusilamiento para luego someterlo a una sesión de tortura con picana
eléctrica. Durante la sesión de tortura le preguntaban por su identidad
política y por diferentes personas, algunos conocidos, y otros
desconocidos para él. Escuchó a un guardia hablar de Rosa Ana, luego
supo que se trataba de Rosa Ana Frigerio, y de un tal Muñoz. También, a
su lado, se encontraba secuestrado un imprentero de apellido Crespo.
Estuvo quince días en la Base Naval y luego lo trasladaron al E.S.I.M.
junto a tres o cuatro personas más. Allí no se torturaba con picana
pero sí psicológicamente. Estuvo cien días sentado, encapuchado, con
las manos y los pies atados y obligado a escuchar música a todo volumen
las veinticuatro horas. Mediante los códigos que entabló con sus
compañeros pudo saber sus identidades: Pablo "tordo" Mancini, Alejandro
"pajarito" Sánchez, Julia "Julie" Barber, Renée "Santiago" Sanchez,
Carlos Alberto "sorba" Mujíca, y él cuyo apoyo era "Pancho", también
recuerda a un tal "Tato" de quien nunca supo su verdadera identidad. A
este grupo se agregaron cinco o cuatro personas en forma circunstancial
durante cuatro o cinco días. Los apodos fueron otorgados por los
secuestradores y utilizados durante su cautiverio para identificar a
cada uno. A los noventa días los llevaron a la Base Naval para
torturarlos, lo mataron a palos y luego lo volvieron al Faro. Todos los
secuestrados comenzaron a tener alucinaciones. El caso de Julia Barber
fue atroz, porque el guardia la golpeó a garrotazos. Una noche después
de cenar, los detenidos se pusieron a rezar espontáneamente, resultando
esta actividad un fortalecimiento espiritual. Todos los que estuvieron
allí debieron soportar las violaciones de todas sus compañeras,
particularmente él pudo ver uno de esos hechos, que prefirió contar
privadamente al Tribunal. Al igual que lo ocurrido con una pareja de
chicos de Lobería, de apellido Sadet. A los chicos Sadet los mataron y
a "Tato" también.
Durante su detención Cortez tomaba la comida con sentido de vida,
necesitaba comer para soportar todo lo que debía enfrentar. Los últimos
días en el E.S.I.M. la disciplina era más relajada, saliendo finalmente
en libertad el 16 de diciembre de 1976. Lo dejaron en la puerta de su
casa con la amenaza de que se fuera del país. A los treinta días tomó
contacto con un grupo de mujeres que luego serían las Madres de Plaza
de Mayo, fue en una Iglesia Metodista cercana al cine Belgrano. En las
postrimerías del Gobierno de Bignone se presentaron dos personas en su
oficina, queriendo mostrarle albumes de fotos para identificar gente,
sin que él atendiera sus peticiones. Considera que salió en libertad
porque la política del terror necesitaba ser divulgada para ser
efectiva. Cortez recordó el apodo de alguno de los secuestradores:
"porteño", "gran jefe", "tormenta", y "sapucai". En su declaración ante
la CONADEP el Sr. Cortez hizo un croquis del E.S.I.M.
Declaración testimonial de la Sra. María Susana Barciulli
La sra. Baraciulli manifestó que el primero o segundo viernes de
febrero de 1977, a las dos de la mañana, llegaron a su casa de calle
160 y 47 de esta ciudad un grupo de personas que alegaron ser de las
Fuerzas Armadas, vestidos de civil con armas largas y que se
trasladaban en tres o cuatro autos. La encapucharon a ella y a su
esposo y los subieron en una camioneta, en la que ya había una mujer
encapuchada. Luego la llevaron a un lugar donde aparentemente estaban
haciendo un operativo similar al de su casa; luego los bajaron a todos
encapuchados en un lugar amplio como un galpón, desde donde podía
escucharse el sonido del mar. Allí empezaron a interrogarla,
preguntándole por Argentino Ortiz, negando ella conocerlo. También le
preguntaron por personas vinculadas con la política en la Universidad.
Luego uno de los captores la llevó por una escalera caracol de madera,
hasta una celda ubicada en el primer piso. La celda era estrecha. de
dos por uno aproximadamente, tenía una puerta de metal con una mirilla
y en su parte baja tenía una abertura que estando acostada durante la
colchoneta durante la noche podía observar gente en uniformes verdes y
durante la mañana los rayos de la salida del sol. El lunes siguiente a
su detención, por la mañana, la llevaron nuevamente al lugar amplio
donde fue interrogada la primera vez. El interrogatorio fue reealizado
por la misma voz que en aquella ocasión. Recuerda que le decía "si te
querés salvar, traéme a algún otro". Esta frase la repetía todo el
tiempo. Le preguntaban reiteradamente por militantes en la Universidad
o sea que sabían que ella había estado estudiando un año sociología.
Luego la hicieron desnudar, la hicieron acostar y le aplicaron picana
eléctrica, tras lo cual le dijeron que no tomara agua por algún tiempo.
La siguiente vez que la llevaron a interrogar escuchó que estaba
declarando Argentino Ponciano Ortiz, quien decía que sí la conocía a
ella. Entonces le preguntaron nuevamente si lo conocía o no, a lo que
respondió que sí pero que antes lo había negado porque no recordaba el
nombre, creía que se trataba de Domingo. Estuvo varios días en la
celda. Para ir al baño la llevaban del brazo y encapuchada. Una noche
al lado de su celda escuchó a una detenida conversando con un guardia,
ella reconoció la voz pero no tenía claro quien era. Cuando escuchó que
la detenida contaba que era estudiante de agronomía, que había tenido
un accidente y que la habían secuestrado estando enyesada, se dio
cuenta que se trataba de Rosa Ana Frigerio. El último guardia que la
custodió no tenía inconveniente de que lo viera y pudo observar que era
delgado, bajo, morocho y con traje de fajina. Estuvo detenida hasta el
viernes siguiente, cuando la van a buscar en un auto de color claro, y
la dejan a pocas cuadras de su casa. Cuando bajó del auto le dijeron
"portáte bien, porque si no te vamos a venir a buscar nuevamente". Con
la visita de la CONADEP a los centros clandestinos de detención de esta
ciudad, pudo corroborar y reconocer que el lugar de su detención fue la
Base Naval, específicamente en el área de buzos tácticos. Esto último
lo confirmó aún más cuando el año pasado salió publicado en el diario
Página 12, un croquis de ese lugar. Finalmente quiere concluir
manifestando su certeza de que en febrero de 1977 Argentino Ponciano
Ortiz y Rosa Ana Frigerio estaban con vida, secuestrados en el área de
buzos tácticos de la Base Naval de Mar del Plata; que Ortiz se
encuentra desaparecido, y Rosa Ana Frigerio, apareció muerta en marzo
de ese año en un supuesto enfrentamiento.
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