Miércoles 23 de Agosto de 2000

Informe de Prensa de la APDH La Plata - Juicio
por la Verdad
Desapareció después de negociar la reincorporación de sus compañeros
La mujer de un trabajador de la fábrica de Mercedes Benz en Cañuelas
declaró que su esposo fue secuestrado luego de tener una reunión con
los directivos de la empresa. En otro orden, nuevamente no se
presentaron a declarar los policías de la comisaría 5°.
Por Francisco Martínez, Vanina Wiman y Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)

LA PLATA.- La esposa de un gremialista
de una fábrica de automóviles de Cañuelas, dio detalles sobre los
vínculos entre la empresa y el poder represivo que hizo desaparecer a
su marido.
María Luján Ramos declaró ante la Cámara Federal de esta ciudad por la
desaparición de su esposo Esteban Alfredo Reimer, secuestrado de su
domicilio la madrugada del 5 de enero de 1977.
Reimer formaba parte de un grupo de delegados de la firma Mercedes Benz
en Cañuelas, que el día anterior había estado negociando, en la oficina
central de la empresa en Capital Federal, la reincorporación de más de
cien empleados cesanteados.
El 4 de enero Reimer concurrió junto a su amigo Víctor Ventura (también
desaparecido el día posterior) y otros siete delegados a convenir la
recontratación de los trabajadores, luego de un extenso plan de lucha
que incluyó un paro de 24 días. Representantes de la empresa quisieron
sobornarlo a cambio de su silencio y Reimer se negó.
Esa misma noche un grupo de ocho personas vestidas de civil y con armas
largas lo secuestró de su casa. “Es por lo de la fábrica”, dijeron,
según contó la testigo.
María Luján Ramos dijo que los secuestradores primero se identificaron
como de la policía de Cañuelas, pero que más tarde señalaron que la
orden de detención venía “del comando 1”.
La testigo manifestó que al frente del grupo estaba Ramón Aurelio
Campos, que trabajaba en la comisaría de Laferrere (Gran Buenos Aires).
Este dato lo pudo conseguir por medio de una abogada, María Elena
Algañaraz, que un día se presentó a su casa y le dijo que su esposo
estaba detenido en esa dependencia policial, que quedaba al frente de
su casa. El propio oficial Campos le había contado a Algañaraz datos
sobre el secuestro de Esteban Reimer.
Ramos contó entonces que fue a la comisaría de Laferrere dos veces: una
vez acompañada con Algañaraz —que no pudo conseguir otros datos— y la
otra vez sola. En la última oportunidad, vio salir de la comisaría a
uno de los secuestradores de su marido Esteban, en uno de los autos que
participó del operativo. Era un hombre de apellido Proverbio.
También, la mujer se encontró allí con un familiar suyo que trabajaba
como chofer del comisario. Días después, “la esposa de este familiar
fue a la casa de mi madre a decir que a mi marido lo habían matado
junto a otras dos personas”, expresó la testigo
Entre otras gestiones, Ramos relató que se entrevistó con el coronel
Federico Minicucci en el Regimiento de la Tablada. La testigo dijo que
el represor le preguntó: “¿Usted tiene buenas relaciones con su
esposo?, porque ya sabe cómo somos los hombres”. Después, Minicucci
dijo que no era su jurisdicción.
Por medio de la abogada Algañaraz, María Luján Ramos también se
contactó con un oficial de la Policía Federal de apellido Santillán.
Este hombre, aportó el dato de que los restos de Esteban Reimer habrían
sido enterrado en un cementerio privado de San Justo.
Y por los datos que dio un ex detenido (Adolfo Paz) Ramos supo que su
esposo permaneció en cautiverio en la Brigada de Investigaciones de
Lanús.
Sobre el final de su testimonio, María Luján Ramos señaló que son en
total once los trabajadores de la fábrica de Mercedes Benz en Cañuelas
que están desaparecidos.
Los policías, ausentes
Una vez más, y por tercera vez consecutiva, los policías citados por la
Cámara Federal no concurrieron a declarar como testigos en la
investigación que se sigue sobre el centro clandestino de detención que
funcionó en la parte trasera de la comisaría 5° de esta ciudad.
Para hoy habían sido citados Roberto Guillermo Sosa, Juan Pucheta y
Nieves Camargo. Hoy en el recinto se tenía la certeza de que Sosa no
había sido notificado, y se ignoraba qué había pasado con las
convocatorias de Pucheta y Camargo.
La Cámara Federal no cita a los policías en forma personal, sino que
envía a la fuerza las notas para que sea la propia Policía quien los
notifique de su deber de declarar como testigos en el Juicio por la
Verdad.
El juez Leopoldo Schiffrin afirmó la semana pasada que los policías que
no concurran a la primera citación deberán pagar una multa; “y a la
segunda, deberán ser traídos por la fuerza pública”. No obstante,
aclaró que la Cámara deberá revisar “situación por situación para ver
si todas las notificaciones están debidamente practicadas”.
Secuestro en Río Santiago
Ana María Nievas contó también su detención ilegal, que comenzó el mismo día del golpe de Estado.
La ex detenida señaló que la tarde del 24 de marzo de 1976, la hicieron
bajar de un ómnibus de la línea 275 que circulaba en el límite de los
partidos de Ensenada y La Plata. De allí fue llevada clandestinamente a
las instalaciones que la Marina posee en Río Santiago, a 10 kilómetros
de esta capital.
Nievas señaló que no sabe si estuvo en la Escuela o en la Base Naval,
pero indicó que el lugar estaba en las inmediaciones de Río Santiago
porque fue llevada en lancha. Allí había más detenidos, y Nievas contó
que les dijo a los guardias que estaba “embarazada de dos meses”, por
lo que recibió un trato diferencial.
La testigo manifestó que en esa época trabajaba en Astilleros Río
Santiago, y que en los interrogatorios a los que fue sometida, los
represores le preguntaban por sus compañeros de trabajo, y le
manifestaron que sabían que ella había sido delegada gremial hasta 1973
e, incluso, la fecha del cumpleaños de su hijo. “A cada pregunta que
respondía ‘no sé’, me pegaban. Me sentía como en un ring”, afirmó
Nievas.
Durante uno de los interrogatorios, los represores la subieron a una
mesa y le pusieron un revólver en la boca, y, luego, junto a otros
prisioneros, la sometieron a dos simulacros de fusilamiento.
“Me decían si conocía a «Tili». Yo la conocía, pero no por ese
sobrenombre”, manifestó Nievas. «Tili» era Matilde Itzigsohn, una
trabajadora de Astilleros que está desaparecida desde marzo de
1977.
Nievas también dijo que en esos interrogatorios estaba presente un
médico “que me tomaba el pulso, y que me preguntaba por qué estaba
nerviosa” antes de recibir las preguntas, y manifestó que podría
reconocerlo ya que por momentos no estaba encapuchada y pudo verle la
cara.
Una noche, desde la habitación donde estaba alojada, la mujer escuchó
que alguien pronunció a los gritos su apellido dos veces. Luego, los
represores la sacaron del lugar y por un pasillo vio pasar a su
hermana, Rosa Francisca, recién detenida. “Después de que viera a mi
hermana, me pegaron y me volvieron a meter en el calabozo”, dijo
Nievas.
Al cabo de un tiempo que no determinó, la ex detenida fue trasladada
junto a su hermana y un grupo de prisioneros a la Unidad Penal N°9 de
Olmos. “Fuimos atados con las manos atrás y encapuchados, íbamos unidos
con cadenas y éramos muchos”, describió.
El padre de las hermanas Nievas se enteró que sus hijas estaban
detenidas en Olmos porque, poco antes del traslado, un represor que
hacía las veces de “bueno” —tal el término que empleó la testigo ante
la Cámara Federal— durante los interrogatorios, le solicitó a Nievas un
teléfono para poder comunicar el traslado a su familia. La mujer le dio
el número de un vecino, que luego se comunicó con su padre.
En Olmos el trato fue diferente: “Llegó a ser un alivio —expresó
Nievas—; había muchas mujeres, todas presas políticas”. En un principio
su padre fue a visitarlas pero las autoridades del penal negaban
tenerlas detenidas.
“Veíamos por las ventanas del 3° piso a mi padre que llegaba y que tenía que volverse”, relató la sobreviviente.
Además, sostuvo que “en Olmos había partos. No sé dónde se realizaban,
pero en la cárcel había una unidad sanitaria”. Y contó que las madres
estaban en un pabellón junto a sus hijos.
El 24 de octubre de 1976, Nievas fue trasladada a la Unidad Penal de
Devoto. En este lugar firmó la “opción” para salir del país. Estuvo
unos meses más detenida y luego viajó a Italia, desde donde no
regresaría hasta fines de 1986.
El de Ana María Nievas fue el primer testimonio de un ex
detenido-desaparecido que cuenta que permaneció secuestrado en la Base
Naval de Río Santiago. Hasta hoy sólo se habían presentado casos de
personas que estuvieron en el Batallón de Infantería de Marina N°3, una
dependencia también perteneciente a la Armada.
Su caso fue presentado por la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), que es parte en el Juicio por la Verdad.
Cuatro de sus seres queridos, también desaparecidos
En el final de su declaración, Ana María Nievas se refirió a la
desaparición del hermano de su esposo, Juan Carlos Scafide; de su
pareja en ese entonces, Hugo Daniel Carzolio; el hermano de su pareja,
Néstor Carzolio, y la esposa de éste último, Nelly Tissone.
Nievas contó que Scafide era delegado gremial en la empresa Propulsora
Siderúrgica, de Ensenada, y que desapareció el 15 de enero de 1976,
cuando un grupo de hombres que se movilizaba en autos Ford Falcon y que
se identificó como policía, se presentó en su casa y se lo llevó.
En tanto, Hugo Daniel Carzolio fue secuestrado el 6 de diciembre de
1976. Según las referencias que pudo obtener Nievas desde Europa y
cuando volvió a la Argentina casi diez años después, Hugo fue herido
durante la detención y estuvo en coma 18 días en el Hospital San Martín
de esta capital. Cuando se recuperó, los represores se lo
llevaron.
Algunas versiones que pudo recoger Nievas indican que su pareja habría pasado por el Batallón de Infantería de Marina N°3.
Por último, contó que Néstor Carzolio y su esposa Nelly fueron
secuestrados en Mendoza. Según relatos de los vecinos, los represores
detuvieron a Nelly y aguardaron la llegada de Néstor, que en ese
momento no estaba. Cuando Néstor llegó, introdujeron a ambos en un
camión y nunca se supo más de ellos.
En el final de su relato, Nievas miró al tribunal y, dirigiéndose a la
“Honorable Cámara Federal de La Plata”, expresó: “Quiero pedirles que
tomen la decisión que tomaron sus colegas de Bahía Blanca de declarar
nulas las leyes de Punto Final y Obediencia Debida”. Y concluyó: “Hasta
que esto no sea aclarado, no vamos a ser felices en la Argentina”.
Sin padres
En otro orden, declaró hoy ante la Cámara Federal de La Plata Ana Laura
Mercader, cuyos padres, Mario Miguel Mercader y Anahí Fernández, están
desaparecidos desde el 10 de febrero de 1977.
La testigo explicó las circunstancias del secuestro de sus padres a
partir del relato de vecinos y parientes, ya que tenía sólo dos años en
ese momento.
Ana Laura Mercader dijo que en la mañana del 10 de febrero de 1977
llegó al domicilio de la familia —en la calle 119 número 833, en
Tolosa— un grupo de siete hombres armados y de civil. Permanecieron en
la casa siete horas, hasta que Mario Mercader llegó de su trabajo.
“Cuando entró y se dio cuenta de que lo venían a buscar, trató de salir
corriendo, pero le pegaron un tiro en la pierna”, contó la testigo. El
grupo se llevó a Mario en un auto y a su esposa, Anahí Fernández, en
otro vehículo.
“A mí y a mi hermana nos dejaron en la casa de una vecina, y mi abuela
materna, Elba Edith Laera, nos pasó a buscar cuando le avisaron”,
afirmó Ana Laura.
Las abuelas de la testigo tramitaron varios hábeas corpus, todos con
resultado negativo. Elba Laera fue a ver a Monseñor Plaza para pedir
por su hija. La testigo declaró que, según lo que le contó su abuela,
“Monseñor Plaza le hizo una insinuación, una ‘propuesta indecente’ a
cambio de información”.
Ana Laura Mercader señaló que un comandante principal de la Gendarmería
Nacional, Héctor Flores, se puso en contacto con su abuela materna: “Le
dijo que le podía dar información que le podía servir, pero que si
llegaba a decir algo ella, mi hermana y yo no íbamos a contar el
cuento”.
Flores se encontró varias veces con Elba Laera en una confitería, y en
una ocasión le comentó que “mi papá tenía una tarjeta que decía que lo
iban a matar y que mi mamá tenía otra que decía que iba a salir en
libertad”.
También le contó que él transportaba mujeres secuestradas vivas en un avión, de un centro de detención a otro.
La testigo expresó también que Luis y Claudia Favero, quienes habían
estado secuestrados en la Brigada de Investigaciones, se pusieron en
contacto con la familia después de salir en libertad y les dijeron que
allí habían visto a Mario y Anahí con vida.
También pudieron saber que Mario Mercader estuvo detenido en la
Comisaría 5°, gracias al testimonio de Mario Féliz, y que Anahí
Fernández estuvo en el Pozo de Banfield, donde fue vista por la ex
detenida Adriana Calvo.
Por último, la testigo agregó que en un artículo del diario La Opinión
—del 11 ó 12 de febrero de 1977, según el legajo de la CONADEP sobre
este mismo caso— decía que Mario Mercader había sido muerto en un
enfrentamiento. Según los testimonios de otros ex detenidos, en ese
momento Mario todavía estaba con vida.
“Un sacerdote de Pehuajó”
También declaró hoy en el Juicio por la Verdad Elena Taybo de Pettiná,
madre de Rodolfo Emilio Pettiná, desaparecido desde el 15 de junio de
1977.
Rodolfo fue secuestrado de la Casa de Trenque Lauquen —en la calle 41
entre 10 y 11— junto dos de sus compañeros, Héctor Manazi y Ricardo
Sangla. Los tres jóvenes eran de Trenque Lauquen y se encontraban en La
Plata estudiando Medicina.
A las dos de la mañana del 15 de junio de 1977 un grupo de personas de
civil ingresaron al lugar y preguntaron por los tres muchachos. Los
hicieron vestir, les pusieron capuchas y se los llevaron en tres Ford
Falcon.
La testigo contó que se encontraba en Trenque Lauquen al momento del
secuestro de su hijo: “Al día siguiente, sus compañeros me avisaron que
se lo habían llevado, y apenas llegué a La Plata me acompañaron a hacer
los primeros hábeas corpus”.
Cuando vino al país la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para
investigar hechos relacionados con la represión ilegal, Elena Taybo de
Pettiná presentó el caso de la desaparición de su hijo. Un tiempo
después, apareció en la Casa de Trenque Lauquen el cura Cristian Von
Wernich. “Se presentó como un sacerdote de Pehuajó, y preguntó qué
gestiones estábamos haciendo por mi hijo”, afirmó la testigo.
Von Wernich le preguntó a Taybo de Pettiná cuántos hijos tenía, además
de Rodolfo: “Le conviene no hacer más nada, vuélvase a Trenque Lauquen,
porque ellos pueden desaparecer y a usted le puede pasar algo”, fue la
amenaza del cura. También les dijo que no contaran a nadie que él había
estado allí.
La testigo comentó también que en una ocasión una monja, Olga Porter, organizó una misa por los desaparecidos.
“Cuando llegué, ella me llamó aparte y me dijo que tenía un mensaje de
un matrimonio, de parte de un militar, diciéndome que no me preocupara,
que mi hijo estaba bien”, declaró Taybo de Pettiná.
También explicó que realizó gestiones por su hijo en el Regimiento 7 de
Infantería: “Nos atendían por una ventanilla y nos leían listas de
detenidos en ese lugar, para ver si Rodolfo estaba ahí”.