Miércoles 27 de Octubre de 1999

Informe de Prensa de la APDH La Plata - Juicio
por la Verdad
Cuatro años en cinco centros clandestinos
Un ex detenido contó cómo fue su vida en los distintos campos de
concentración y relató cómo actuaban algunos de los represores con los
que convivió. También declararon una ex camarera del Hospital Naval,
una ex funcionaria judicial y tres sobrevivientes.
Por Francisco Martínez y Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)

LA PLATA.- En las audiencias de hoy en
el Juicio por la Verdad declaró Mario Villani, un ex detenido que
estuvo secuestrado durante cuatro años y pasó por cinco centros
clandestinos de detención. En su declaración se refirió a la forma de
actuar de los represores y a situaciones insólitas que le tocó vivir.
Mario Villani fue secuestrado el 18 de noviembre de 1977 cuando salía
de su casa de Parque Patricios en la Capital Federal y llevado al
centro clandestino de detención conocido como "Club Atlético", sito en
Azopardo entre Garay y Cochabamba de esa ciudad. Este centro funcionaba
en un sótano de una repartición de la Policía Federal.
El 28 de diciembre de ese mismo año, Villani pasó a ser uno más en "El
Banco", otro centro clandestino ubicado en autopista Ricchieri y Camino
de Cintura, en el Gran Buenos Aires. El siguiente traslado se produjo a
los ocho meses: a "El Olimpo", un campo de concentración que también
tenía sede en la ciudad de Buenos Aires -Ramón Falcón y Olivera-.
Quilmes fue la próxima parada: un lugar al que Villani definió como
"Cuatrerismo de Quilmes, un chalet ubicado en una esquina" de esa
localidad.
Villani termino su periplo en la Escuela de Mecánica de la Armada
(ESMA) -Avenida Libertador Gral. San Martín 8209 de la Capital
Federal-. A ese lugar lo llevaron en marzo de 1979 y permaneció allí
hasta 1981. Desde 1980 tuvo salidas esporádicas para visitar a su
familia, pero debía regresar a la ESMA para control de los represores.
Mario Villani prestó declaración en el juicio a los comandantes de las
juntas militares y en el juzgado N°5 de la Audiencia Nacional española
a cargo del juez Baltasar Garzón. Hoy volvió a relatar en forma
detallada los episodios que vivió durante los cuatro años dentro del
circuito represivo en un testimonio de más de dos horas de extensión.
Físico profesional, Villani utilizó sus conocimientos durante su
detención: "A mí (los represores) me utilizaron para reparar los
elementos electrónicos que robaban: televisores, radiograbadores,
etcétera", relató el testigo ante el Tribunal. Y agregó: "A mí no me
incluían en los traslados -según Villani, lo que llamaban traslados era
la desaparición- porque siempre estaba reparando algo, seguro que de
algún jefe".
En el primer centro clandestino que estuvo, "Club Atlético", Villani
comenzó a integrar el "consejo": un grupo de secuestrados que "se
encargaban del aseo del lugar, de hacer la comida y de acompañar a los
demás detenidos al baño porque estaban encapuchados", sostuvo. Su
ingreso al "consejo" comenzó porque se ofreció para reparar las bombas
que desagotaban las letrinas de los baños. "Cuando sucedió esto, no
llevaban gente al baño. Nos hacíamos encima en las celdas. Yo les dije
que podría repararlas. Ahí se dieron cuenta para qué servía, me usaron
para hacer reparaciones de las cosas que robaban y me integraron al
'consejo'", manifestó Villani.
Sus conocimientos en electrónica le valieron tiempo más tarde el pedido
del represor Juan Antonio Del Cerro (a) "Colores" de arreglar una
picana: "Yo le dije que no la arreglaba. Comenzaron a torturar con un
elemento que no tenía limitación de corriente, que ponía a la gente en
coma", contó Villani. Al mismo tiempo, añadió: "Cuando los sacaban (a
los cuerpos en coma) los pasaban delante de mí. Entonces decidí
repararla; le di menos potencia y era menos dañina sin que se dieran
cuenta".
En su extenso relato, el testigo también contó que fue víctima de un
secuestro mientras estaba secuestrado, un hecho producto de una interna
dentro de las Fuerzas de Seguridad. El episodio ocurrió a fines de
1978, cuando estaba detenido en "El Olimpo". Hasta ese momento, el
centro clandestino estaba bajo la órbita del jefe del I Cuerpo del
Ejército, Carlos
Guillermo Suárez Mason. "La gente que manejaba el campo (de
concentración) se decía gente de Suárez Mason, se decían 'halcones'",
comenzó a explicar Villani. Y siguió: "Después se hizo cargo (el
general Leopoldo) Galtieri; esta gente (los represores) decían que él
era una 'paloma', que era más débil. Entonces, deshicieron el campo y
nos llevaron a Cuatrerismo de Quilmes, sin conocimiento del I Cuerpo de
Ejército". Al poco tiempo, la dependencia comandada por Galtieri se
enteró que los prisioneros habían sido sacados de "El Olimpo" sin
autorización y los mandó a secuestrar. "Como en esos años ya no
funcionaba ningún centro clandestino dependiente del I Cuerpo, le
pidieron a la Marina un lugar para nosotros", la ESMA, comentó
Villani.
El testigo recordó que en Quilmes -donde tiempo antes de que lo
llevaran funcionaba el centro clandestino conocido como "Malvinas"- fue
visitado, entre otros, por el jefe de la Policía provincial, coronel
Ramón Camps, y el director de Investigaciones de esa fuerza, Miguel
Osvaldo Etchecolatz. "Eran nuestros posibles compradores", dijo
Villani, y a continuación explicó que podían llegar a requerirlo por
sus conocimientos en física. El testigo aportó al Tribunal una lista
con los nombres de 175 secuestrados y otra con la identificación de más
de 130 represores. En el testimonio de hoy, Villani se refirió
especialmente a algunos de ellos:
- "El gordo Rey' -nombre de guerra, según el testigo- era un sádico con
las mujeres. Sacó a un par de la sala de torturas, las colgó en la
pared de los tobillos y les afeitó el pubis con las manos. Luego les
pasó alcohol" , afirmó Villani con un nudo en la garganta. Según dijo,
el apellido de este represor sería Garay.
- El siguiente de la lista de represores que nombró el testigo fue
Samuel Miara (a) "El Turco Cobani". Villani contó que Miara estuvo en
"Club Atlético" y "El Banco" y que "era jefe de un grupo de guardia
conformado por torturadores, guardias, y una patota operativa". Además,
sostuvo que "Cobani violó a una detenida que habían dejado atada en la
mesa de torturas".
- Julio Simón (a) "El Turco Julián". "Era Nazi. Llevaba en el llavero
una esvástica. Tenía predilección por torturar a los judíos. Lo sufrí
en cuatro centros", recordó Villani. En 1979, cuando llegó a la ESMA,
su situación cambió. Ese año, sufrió un nuevo traslado. Esta vez a una
isla del Tigre para que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
(CIDH), que visitó la Argentina y estuvo en la ESMA, no encontrara
rastros de un centro clandestino.
En 1980 los represores le permitieron a Villani salir esporádicamente
para visitar a su familia. "Nos llevaban a un bar. De ahí salíamos un
sábado al mediodía y debíamos volver el domingo a la noche. Esto pasaba
cada quince días", contó el testigo. En la primera reunión que tuvo con
su esposa, los represores estuvieron presentes: "Le decían a mi mujer
lo buenos que eran porque habían decidido salvarme y me decían que si
me portaba bien me darían 'el premio de la vida'", agregó Villani.
La libertad definitiva llegó en agosto de 1981. No obstante, se trató
de una libertad vigilada, ya que periódicamente tuvo que comunicarse
por teléfono con la ESMA. Además, Villani contó que "una vez me
llevaron a arreglar una antena".
Detenido ilegal en hospital de la Marina
En tanto, una ex mucama del Hospital Naval Río Santiago, afirmó hoy que
en ese nosocomio había un detenido ilegal en el año '78. América
González, en consonancia con la testigo Marta Ayala, señaló que vio a
un joven esposado a la cama en una sala del Hospital, y que éste tenía
la cara vendada. "Tenía el pelo largo negro. Parecía joven, no más de
treinta años", dijo la mujer.
González explicó que los marinos del Hospital decían que ese joven "era
un desertor", y que en la puerta de la sala en la que se encontraba
había "mucha guardia". El detenido ilegal estaba en el primer piso del
pabellón quinto del Hospital Naval Río Santiago, y según González, ese
lugar permanecía vedado al personal del nosocomio. La ex mucama se
ocupaba de llevar la comida, que entregaba al guardia a cargo de la
custodia.
La testigo confirmó que había comunicación entre el Hospital y el
Batallón de Infantería de Marina Nº3, un regimiento lindante. "Por un
portón entraban y salían militares", relató.
No obstante, la ex mucama no pudo confirmar si las monjas francesas
Alice Domon y Leonie Duquet estuvieron en el hospital de la Marina.
"Escuché comentarios", dijo apenas González. La ex enfermera Marta
Ayala, expresó a la Cámara en marzo pasado que "todos sabíamos" (el
personal) que en ese lugar estuvieron las religiosas desaparecidas.
"Cuando vino la democracia se dijo, pero no me consta", señaló hoy
González.
Según la ex enfermera Ayala, el personal del Hospital Naval recibía
instrucciones "para que no habláramos de lo que hacíamos". Al entrar o
salir del nosocomio, el personal debía dar una contraseña a la guardia.
"Si no hacíamos esto, nos bajaban con un FAL", expresó Ayala en su
testimonio.
Por su parte, América González dijo hoy que "hemos ingresado con las
manos en alto, y después un conscripto nos acompañaba a entrar o salir".
También coincidió con Ayala en decir que el ex almirante Emilio Massera visitó el Hospital Naval "varias veces".
Declaró una ex magistrada
En la jornada de hoy también declaró Lidia Pegenaute, una ex magistrada
que durante la dictadura fue titular de la Asesoría de Menores N°4,
dependiente de los Tribunales 1 y 2 de La Plata.
Pegenaute prestó testimonio en el marco de la causa De la Cuadra. La
testigo dijo hoy que en esos años libró un recurso de amparo "para un
bebé por nacer", que era hijo de la desaparecida Elena De la Cuadra. En
este caso, Pegenaute no pudo agregar mucho más, debido a que nunca hubo
una respuesta por parte de la Justicia. "No encuentro nada trascendente
para modificar la situación del principio. Lo que yo hice fue escuchar
a la señora De la Cuadra durante 5 ó 6 años", sostuvo la ex funcionaria
judicial. Y agregó: "La causa quedó reservada, nunca encontré ningún
dato". Pegenaute, además, contó algunas de las diligencias que le tocó
hacer en el cumplimiento de sus funciones: conversó en dos
oportunidades con Osvaldo Sertorio, titular de la comisaría 5° de La
Plata, donde funcionó un centro clandestino de detención.
Los De la Cuadra sufrieron la desaparición de seis familiares: Roberto
José y Elena De la Cuadra -embarazada de cinco meses- y el esposo de
esta, Héctor Baratti, fueron secuestrados en 1976. Al año siguiente
desaparecieron Gustavo Freire -esposo de Estela De la Cuadra, testigo
en este juicio- y Juan Raúl Bourg y su esposa Alicia Rodríguez Sáenz,
familiares indirectos.
Asimismo, Pegenaute fue interrogada por la desaparición de la beba
Clara Anahí Mariani Por este caso, la ex magistrada -tuvo a cargo un
juzgado en Dolores hasta hace poco tiempo- visitó al ex director de
Seguridad de la Policía provincial, Rodolfo González Conti. "Me
respondió: no la puedo ayudar. Por más que en el operativo haya
participado la policía, eso depende del Ejército", manifestó Pegenaute.
La ex asesora de menores contó también que ella puso en contacto a
Alicia Zubaznábar -abuela del niño o niña desaparecido- y María Isabel
Chorobik -abuela de Clara Anahí Mariani-, quienes serían más tarde
fundadoras de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo.
En el final de su declaración, la testigo destacó que durante la
dictadura "ni el personal del juzgado ni yo fuimos presionados. Pero
actuamos en forma muy prudente".
Secuestro múltiple
Tres ex detenidos relataron hoy como fueron secuestrados de sus
departamentos ubicados en un edificio de calle 6 y diagonal 79, en La
Plata.
Miguel Angel Castorina, Alejandro Shulz y Guillermo Monjeau contaron el
secuestro que sufrieron la noche del 21 de septiembre de 1976.
Los tres fueron llevados, encapuchados y esposados, a un lugar que no
pudieron precisar. "Estoy casi seguro que nos llevaron para el lado del
río", contó Guillermo Monjeau y añadió más tarde: "Una vez me saqué la
venda y parecía ser un regimiento militar".
Monjeau manifestó que ese era "un lugar de tránsito. Los detenidos no
estaban mucho tiempo". También dijo que había tres grupos de
represores: los guardias, los torturadores y los que trasladaban a los
detenidos.
En ese centro, Castorina, Shulz y un cuarto amigo secuestrado con ellos
-Daniel De Sarro- permanecieron dos días, mientras que Monjeau estuvo
hasta el 5 de octubre.
Miguel Angel Castorina señaló que los represores le decían que él
"había sido reconocido en el copamiento de un regimiento en Formosa por
(la agrupación) Montoneros", cuando les explicaba que no tenía
militancia alguna.
El ex detenido contó que durante los interrogatorios a los que fue
sometido, le preguntaban por el paradero de Alejandro Monjeau, hermano
de Guillermo. Este joven se encuentra desaparecido, y fue secuestrado
en Córdoba el 14 de marzo de 1977.
En el centro clandestino se escuchaba una radio a todo volumen, y
"gente que lloraba o gritaba todo el tiempo", precisó, por su parte,
Alejandro Schulz. "Pedí agua, hacía dos días que no tomaba, y recibí
una patada como respuesta", agregó.
Monjeau contó, a su turno, que durante su estadía en cautiverio "me
pegaron, me picanearon y me preguntaron por mis hermanos y amigos".
También recordó que los primeros días no le dieron de comer, y durante
el resto del cautiverio lo mantuvieron "a pan y matecocido".
Por su parte, Castorina dijo que luego de ser liberado, en el camino
que une a las localidades de Villa Elisa y Punta Lara (a unos 10
kilómetros de La Plata), resolvió volver a su ciudad de origen, Mar del
Plata. Pero tuvo que pasar por su departamento en esta capital para
buscar algunas pertenencias, y el día que fue decidió visitar a unos
vecinos del edificio.
Pronto advirtió que justo en ese momento se desarrollaba un "gran
operativo" cuyo fin era volver a secuestrarlo. Pudo escapar sin ser
visto.
"Caminar por La Plata era una sensación extraña, pero no me cabía irme del país", recordó el ex detenido.
Castorina, Shulz y Monjeau señalaron que uno de sus secuestradores fue
un hombre apodado "el Oso". El primero describió que era corpulento,
con bigotes, y que usaba una boina roja. Otros ex detenidos que ya
declararon en el "Juicio por la Verdad" dijeron que el jefe del centro
clandestino de detención "La Cacha" también tenía el mismo apodo.
"Además, eran 'chorros'. Hasta nos robaron una lata de cinco litros de
aceite Cocinero, entre otras cosas", reseñó Miguel Angel Castorina.