Miércoles 1° de Diciembre de 1999

Informe de Prensa de la APDH La Plata - Juicio
por la Verdad
Viajó desde Bolivia para saber qué pasó con su hermano
Una mujer viajó desde Bolivia a La Plata para declarar ante la Cámara
Federal, con el propósito de averiguar el destino de su hermano
desaparecido en 1976 en esta ciudad.
Por Francisco Martínez y Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)

LA PLATA.- Amanda Kramer de Torrez
declaró que su hermano Hernán, que estudiaba Ingeniería química en la
Universidad de La Plata, desapareció junto a un amigo el 11 de
septiembre de 1976 de su casa de calle 66 entre 118 y 119.
La mujer contó las dificultades que tuvo la familia para conocer algún
dato sobre el paradero del joven. "La represión acá era dura, no nos
era fácil venir (desde Bolivia) para hacer gestiones", contó Kramer.
Además relató una historia que incluye la aparición de un hombre que se
hizo pasar por un ex compañero de detención clandestina de Hernán
Kramer, y que, según la hermana del desaparecido, tenía vínculos con el
dictador y ahora presidente constitucional de Bolivia, Hugo
Bánzer.
"Una persona que volvió a mi país decía que había salido de un centro
clandestino por sorteo, y que mi hermano saldría en quince días", dijo
Kramer. Finalmente ese dato resultó ser falso, y la testigo señaló que
quien decía ser ex detenido "seguramente sería un represor de acá". Esa
persona se llama Miguel Angel Ferrufino.
También declaró que ese hombre "una vez me dijo que si le pagaba una
fianza (Ferrufino estaba preso) me contaría lo que le había pasado a mi
hermano. Yo le dije que no le iba a pagar". El supuesto represor le
contestó entonces que "el general (Hugo) Bánzer le dijo que no contase
nada".
La fábula que habría inventado Ferrufino incluye una historia de
escape, con el hermano de Kramer y otro detenido, de un tren que se
dirigía a Salta. La mujer declaró que este hombre le contó que su
hermano Hernán estaba alojado en un hospital de esa ciudad. Este dato
también resultó ser falso.
Amanda Kramer pidió a los jueces de la Cámara "que vean si hay fichas
sobre mi hermano en el Archivo" de Inteligencia de la Policía, puesto
bajo custodia por el Tribunal hace algunos meses y exhibido
públicamente la semana pasada. "Quisiera volver a mi país con algo",
manifestó la testigo.
La mujer también relató un vínculo que tuvo con un militar boliviano,
Ricardo Berazain, quien supuestamente tenía relaciones con las
autoridades argentinas. Esta persona le dijo a la familia -sin saber
datos sobre el desaparecido- que Hernán Kramer "estaba vivo". "Cuando
mi hermano desapareció era la única esperanza que teníamos", expresó.
Además, la hermana del desaparecido contó que concurrió a la Casa
Rosada para hacer constar la denuncia de la desaparición de Hernán.
"Pedí una constancia y me dieron una tarjeta, con los datos de él. Eso
fue un avance", expresó. Luego se conectó con una organización que
nucleaba a familiares de extranjeros desaparecidos en Argentina.
Kramer no ahorró en gestiones para dar con el paradero de su hermano.
En 1979, en la IX cumbre de la Organización de Estados Americanos (OEA)
que se desarrolló en Bolivia, familiares de desaparecidos de esa
nacionalidad en nuestro país le entregaron al delegado argentino,
Alejandro Formina, documentación sobre lo que había pasado con esas
personas. "Nos dijo que en la Argentina no había problemas con los
Derechos Humanos", señaló la testigo.
pesar de todos los intentos, la familia no supo nada sobre el destino
de Kramer y su amigo. Tampoco pudieron hablar con compañeros de la
facultad u otros amigos de su nacionalidad. "Cuando vine aquí tenía 21
años y tenía miedo, no tenía el coraje de ahora", dijo Amanda Kramer al
culminar su declaración. La mujer aportó a la causa una lista con los
nombres de 43 desaparecidos bolivianos en la Argentina.
Estaba embarazada y pudo salvar a su bebé
En tanto, una sobreviviente de un centro clandestino de detención
relató ayer que estando embarazada logró salvar a su bebé, que nació en
la Cárcel de Olmos.
Beatriz Grasso fue secuestrada el 29 de marzo de 1976 en la fábrica
SIAP -en donde trabajaba-, por un grupo de hombres del Ejército que
actuó a cara descubierta y que se la llevó por "averiguación de
antecedentes". La mujer dijo que pertenecían al Regimiento 7 de
Infantería de La Plata, y que "vinieron con mucho despliegue, incluso
con una tanqueta".
Grasso era delegada gremial de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), y no
dudó en vincular a sus jefes con su detención ilegal. Dijo que cuando
fue interrogada en un centro clandestino que funcionó en la Brigada de
Infantería de La Plata, escuchó la voz de un hombre de apellido
Fregote, "jefe de relaciones exteriores de la empresa". "Supongo que
también estaría Tedeschi, el dueño de la fábrica", agregó la testigo.
La mujer contó que estando detenida en la Brigada Femenina, y luego en
Infantería, comprobó que estaba embarazada. "No sé qué me pasó que no
me torturaron", expresó. Grasso dijo que más tarde fue llevada a la
Cárcel de Olmos.
"Fue el día anterior a la asunción en la Provincia de (el ex gobernador
de facto, Ibérico) Saint Jean. Me enteré que luego de ese hecho en
Infantería las condiciones de detención fueron más duras", expresó
Grasso.
Asimismo, declaró que estuvo cinco años y siete meses a disposición del
Poder Ejecutivo Nacional. En noviembre de 1976 pasó a la Cárcel de
Devoto, en donde tuvo a su hija al mes siguiente. A los seis meses de
edad, la bebé fue recuperada por su padre, mientras que Beatriz Grasso
permaneció detenida en forma ilegal en ese penal hasta el 20 de octubre
de 1981.
"Me pedían que firmara un 'arrepentimiento', que era una forma que
ellos tenían para demostrar que supuestamente había hecho algo", relató
Grasso y añadió: "Nunca lo acepté".
Grasso señaló que una de las personas encargadas de ofrecerle el
"arrepentimiento" fue Carlos Oscar Sánchez Toranzo, un funcionario de
enlace entre el Primer Cuerpo del Ejército y los presos políticos en
las cárceles en esa época.
Sánchez Toranzo es una figura conocida para este Juicio: Pablo Díaz,
uno de los sobrevivientes de "La Noche de los Lápices", contó en su
declaración ante la Cámara que esta persona lo entrevistaba en la
Cárcel de Olmos para preguntarle "qué pensaba de conceptos como familia
y religión". También dijo Díaz que Sánchez Toranzo, teniente coronel
retirado, le confió que sus compañeros secuestrados el 16 de septiembre
de 1976 "fueron fusilados en la primer semana de enero de 1977".
El 27 de abril pasado, durante un careo, Sánchez Toranzo negó todo, si
bien admitió que se entrevistó con Pablo Díaz: "La misión dada por las
autoridades militares era la de ir viendo cuál era el comportamiento de
los detenidos dentro de las unidades penitenciarias", explicó.
Secuestro a media cuadra de la Gobernación
Oscar Fueyo es el actual secretario de Administración y Finanzas del
ministerio de Justicia y Seguridad de la Provincia de Buenos Aires y
declaró ayer por la desaparición de su hermano Roberto René. Por esta
misma causa, también prestó testimonio el tercero de los hermanos, Juan
Carlos, quien estuvo detenido junto al desaparecido Roberto.
Los hermanos Fueyo relataron ante el tribunal que la madrugada del 21
de octubre de 1976 un grupo de ocho personas de civil, armadas y con
las caras cubiertas, secuestraron a Roberto René y a Juan Carlos de la
casa de sus padres, ubicada sobre la calle 53 de esta capital, a
cincuenta metros de la Casa de Gobierno provincial. "Se produjo una
'zona liberada'", dijo Oscar Fueyo, "la Guardia de Gobernación no vio
nada".
Según contó el testigo, en uno de los cuatro autos Torino en los que se
movían los secuestradores estaba un compañero de estudios de su hermano
Roberto, apodado "El Vasquito".
Cuando los represores golpearon a la puerta, Roberto salió a
atenderlos. Pero cuando preguntaron por él, les dijo que no estaba. Sin
embargo, según el relato de Oscar Fueyo, "El Vasquito", desde el auto,
les indicó a los secuestradores que Roberto René era el que los estaba
atendiendo. Y, así, se lo llevaron junto a su hermano Juan Carlos,
después de saquear el domicilio.
Ayer, Juan Carlos Fueyo relató a los jueces de la Cámara que cree que
el lugar donde estuvo detenido ilegalmente junto a Roberto fue el
Batallón de Infantería de Marina Nº3 (BIM3): "Se notaba que (los
represores) eran de Marina por el vocabulario", sostuvo.
Juan Carlos permaneció detenido durante una semana tras la que fue
liberado en el bosque platense. En la declaración que prestó ayer
recordó que había una detenida, apodada "chilena", "a la que le pegaban
con una goma en los pechos para que reaccionara a la picana. Decían:
'Se nos fue la mano'", dijo Juan Carlos ante el Tribunal . Y añadió:
"Hacían abuso (lo represores) de las mujeres. El 'cura' (apodo de un
represor) decía: 'Dios las cría y estos hijos de su madre las violan'".
El testigo también afirmó que en el operativo de secuestro participaron
la Marina y la Policía Federal: "Mi hermano (Oscar) había trabajado
junto a (el arzobispo de La Plata, monseñor Antonio José) Plaza y fue a
preguntarle por el caso de Roberto. Plaza le dijo que fue un operativo
de Marina y de la Policía Federal, y que uno de nosotros dos saldría",
manifestó Juan Carlos.
Por otro lado, Oscar Fueyo, abogado, sostuvo que durante la detención
de sus hermanos presentó varios hábeas corpus, "tantos, que cansamos a
los jueces", dijo. "A mí me tocó una persecución económica. Todos los
juzgados generaban costas.
Esto hizo que la gente (familiares de desaparecidos) a la que yo le
llevaba los recursos desistiera de seguir enviando" hábeas corpus,
completó el ahora funcionario del ministerio de Justicia y Seguridad.
Además, afirmó que en 1982 lo notificaron que debía 30 mil pesos de las
costas no pagadas y le dictaron el embargo de todos los bienes, medida
que finalmente no se ejecutó y ya prescribió.
Oscar Fueyo hizo denuncias por la desaparición de Roberto René ante
varias dependencias públicas e incluso declaró ante el Consejo Superior
de las Fuerzas Armadas, en una audiencia en la que, según dijo, estaba
como acusado el ex jefe de la Policía bonaerense, coronel Ramón
Camps.
Al promediar su relato, el funcionario provincial dijo que conocía el
funcionamiento de las Fuerzas Armadas (FFAA) "porque entre los 14 y 19
años viví en un colegio militar". Y a continuación, para la indignación
de varios familiares de desaparecidos y víctimas de la represión ilegal
que se pararon y se fueron de la sala de audiencias, justificó la
obediencia debida: "En las FFAA hubo mucha gente de buena voluntad que
no se enteró de lo que pasaba hasta el juicio a los comandantes",
afirmó. Y remató: "Era una estructura muy cerrada; no se está en una
estado deliberativo y se cumplen órdenes".
Ex detenidos
Otra de las personas que declaró ayer fue Patricia Pozzo, una ex
detenida de centros clandestinos que contó su historia y la de su
hermana Julia, desaparecida junto a su esposo, Roberto Castañet.
Pozzo, quien actualmente reside en Francia, relató que fue secuestrada
de su casa el 29 de julio de 1976, junto a su hermana y su cuñado. "En
mi dormitorio me interrogaron sobre un chico asesinado por la Triple A
en diciembre del '75", expresó la testigo. "Como no querés colaborar,
vas a tener que hablar con 'el coronel'", contó Pozzo que le dijeron
los represores.
Patricia Pozzo, su hermana y el esposo de ésta, fueron llevados a un
centro clandestino de Arana que, por los datos que dio la testigo, se
trataría de la División de Cuatrerismo, ubicada en las calles 610 y 16
de esa localidad. Allí fue torturada con la picana eléctrica. "A mi
hermana la torturaron varias veces, y a mi cuñado, también, yo escuché
sus gritos", señaló.
Del centro de Arana, Pozzo fue llevada junto a un grupo de personas al
"Pozo de Quilmes". Entre esas personas ya no estaban su hermana y su
cuñado. "Allí estuvimos dos días sin comida, agua, y sin poder ir al
baño".
La testigo contó que en una oportunidad los represores le sacaron la
venda (que utlizaba todo el tiempo), para darle de comer a los
detenidos. "La comida era basura: pedazos de cáscara, huesos, migas de
pan sucio", detalló Patricia Pozzo.
A los 15 días fue llevada a la comisaría 3° de Lanús, en donde el
comisario de apellido Piñi "nos dijo que el Ejército nos había dejado
de depósito". A esa dependencia policial concurrieron varios ex
detenidos antes de ser liberados; allí eran "legalizados" (puestos a
disposición del PEN) y luego llevados a cárceles comunes.
Pozzo pasó por las cárceles de Olmos y de Devoto, en donde firmó la
opción para salir del país, trámite que hizo efectivo en diciembre de
1979.
Madre e hijo
En las audiencias de ayer también declaró Victoria Benítez, esposa del
desaparecido José Clemente Artigas, secuestrado en su casa junto a
otras cinco personas el 16 de septiembre de 1977. Por el mismo caso,
declaró Juan Ramón Artigas, uno de los hijos de la víctima, que tenía
sólo seis años cuando las Fuerzas de Seguridad se llevaron a su padre.
En la tarde de esa jornada la casa de los Artigas tenía visitas. Habían
ido a almorzar cinco amigos de José y estaba toda su familia, con hijos
que oscilaban entre los siete meses de edad y los catorce años. Todos
estaban pendientes del televisor, porque iban a mirar boxeo.
Juan Ramón contó durante la audiencia que "Mario, un amigo de mi papá,
fue a avisarle que nos iban a llevar a todos. Le dijo que hiciera algo
porque andaban 'los perros' cerca". Según Juan, su padre le pidió a los
invitados si podían retirarse pero ninguno quiso hacerlo.
Cuando había pasado media hora de este episodio un grupo numeroso de
personas vestidas de civil y uniformadas irrumpió en el domicilio de
los Artigas y sometió a todos sus habitantes. Los seis hombres -José y
sus cinco amigos- fueron esposados y atados con cable. "A Pablo, (a)
'El Colorado', le tiraban tiros al costado de su cabeza y le
preguntaban por armas", recordó Juan Ramón, quien cuando vivió ese
hecho era un niño.
Por su parte, Victoria Benítez afirmó que "fui a averiguar (por José) a
la Brigada de Investigaciones y conocí a dos de los (secuestradores)
que fueron a mi casa". Por esto, los jueces ordenaron que la mujer
reconociera a los represores en las fotos del archivo, pero Benítez no
logró identificarlos.
José Clemente Artigas era ordenanza en la Facultad de Bellas Artes de
la Universidad Nacional de La Plata y militaba en el Partido
Justicialista junto a los amigos que fueron secuestrados con él, de lo
que tampoco se sabe nada hasta ayer.
Reaparecidos
Por otro lado, también declaró el matrimonio compuesto por Norma Elba Sánchez y Rubén Oscar D'Ovidio (hijo).
Rubén Oscar, su padre -también de nombre Rubén Oscar- y su hermano
Carlos Alberto fueron secuestrados la madrugada del 20 de agosto de
1976.
Los represores, primero, pasaron por la casa del matrimonio
D'Ovidio-Sánchez y se llevaron a Rubén. "A las 3.30 sentimos golpes muy
fuertes; ingresaron cinco o seis hombres armados, la mayoría con la
cabeza cubierta", afirmó Norma Sánchez. Inmediatamente, los
secuestradores se llevaron a su marido y saquearon su casa.
Norma, desesperada, intentó comunicarse con sus suegros, pero el
teléfono no contestó y, entonces, decidió concurrir personalmente.
"Encontré todo revuelto. Estaba la madre (de Rubén) y se habían llevado
a su marido (Rubén Oscar) y a su otro hijo (Carlos Alberto)", contó
Norma durante la audiencia.
Después de esto, la mujer se dirigió a la comisaría más cercana, la 2°:
"El comisario me dijo: '(ese operativo) no tiene nada que ver con
nosotros; seguro que fue el Ejército'", agregó Norma ante los jueces de
la Cámara.
Por otro lado, Rubén manifestó que, después de encapucharlo en su casa,
lo introdujeron en un vehículo y lo llevaron, según estima, a la
Brigada de Investigaciones de la Policía bonaerense, en 55 entre 13 y
14 de esta ciudad. "Por el movimiento (que había en la dependencia)
pienso que había gente en el mismo estado que yo", sostuvo.
Rubén D'Ovidio afirmó que mientras le tomaban declaración -encapuchado
y atado-, se dio cuenta que también habían secuestrado a su hermano
Carlos Alberto: "Lo escuché porque él estaba declarando en una mesa
contigua", dijo.
Al rato de permanecer en lo que supone que era la Brigada de
Investigaciones, los D'Ovidio, junto a otros detenidos fueron
trasladados a un centro clandestino, que según estima Rubén, podría ser
el que funcionó en el destacamento de Arana. Aquí, el testigo se enteró
que las Fuerzas de Seguridad también habían secuestrado a su padre
porque lo escuchó hablar.
En ese centro clandestino los D'Ovidio permanecieron hasta la
medianoche de ese día, cuando los secuestradores los subieron a una
camioneta y los liberaron en las inmediaciones del bosque platense.
Cinco familiares, pocas pistas
También declararon ayer cinco familiares de desaparecidos que no supieron mucho acerca del destino final de sus seres queridos.
Silvia Almarza, hermana del desaparecido Guillermo Abel, relató que
éste y su novia, Angélica Campi, vivían en Tandil y habían viajado a La
Plata por unos días, para visitar a la familia a los padres de
Angélica.
Según contó la testigo, a las siete de la tarde del 9 de febrero de
1977, un auto interceptó a la pareja y la secuestró. "Campi fue
liberada a los 40 días y nos contó que estuvieron juntos (con
Guillermo) en un lugar que no pudieron ubicar", declaró Almarza.
La testigo también afirmó que "a los 20 ó 30 días del secuestro, un
hombre, sin violencia, recorrió (el interior de) la casa de los padres
de Campi" y luego se fue.
Almarza, asimismo, dijo que las únicas pistas que tuvo sobre su hermano
se las dieron los ex detenidos del centro clandestino que funcionó en
la comisaría 5° de esta capital, Carlos De Francesco, Mario Féliz
-ambos declararon en el Juicio por la Verdad- y Miguel Ángel Laborde,
quienes estuvieron con Guillermo durante su cautiverio.
Vecina de la familia López Comendador
También testimonió Mirta García Sasone, vecina de la familia López
Comendador, que sufrió la desaparición de Luis el 28 de junio de 1977.
García Sasone sostuvo que presenció dos hechos relacionados con el
caso: uno en julio del '76 y otro en junio del '78. Con respecto al
primero de los episodios, la testigo dijo que ese día "mi mucama me
llamó para que no volviera a casa porque había dos encapuchados
apuntando a Alejandra López Comendador", hermana del desaparecido.
García Sasone dijo que sin embargo volvió a su casa porque sus hijos
estaban allí. Cuando fue a ingresar al edificio tuvo que pedir permiso
a un oficial, al que le explicó que sus hijos estaban adentro. Según la
testigo, el represor le contestó: "Quédese tranquila que sabemos todo
sobre usted; hace ocho días que la seguimos" y la dejó pasar. Cuando
pasó frente a la puerta del departamento de los López Comendador,
García Sasone vio una mancha de sangre en el piso y preguntó que había
pasado. "Me dijeron que no preguntara y siguiera", contó la testigo a
los jueces.
No obstante, ese día Luis no estaba en su casa y se salvó.
El secuestro ocurrió dos años más tarde. Este fue el segundo episodio,
que la testigo pudo ver por la mirilla de su puerta. Según contó, un
grupo de personas armadas entró al edificio insultando a Luis López
Comendador, que abrió la puerta cuando sintió que alguien tocaba.
Luego lo golpearon y se lo llevaron en dos autos.
Además, Elba Chamorro declaró sobre la desaparición de su esposo Jorge
María Alfonso, ocurrida en el domicilio de ambos en Berisso el 26 de
octubre de 1976.
La mujer contó que en horas de la noche un grupo de personas secuestró
a Jorge, y que no supo nada del destino de él, a pesar de las gestiones
que hizo. "Lo busqué por todos lados", expresó Chamorro.
La testigo contó que su marido era gremialista de la Unión Tranviarios
Automotor (UTA) y que trabajaba en la Terminal de Ómnibus de La Plata.
Y que al día siguiente del secuestro concurrió a la comisaría 2° de
Berisso para hacer la denuncia por la desaparición de Jorge, pero que
este trámite no la ayudó en nada.
Declaración de Mónica Multrazzi
Otro familiar que prestó declaración testimonial ayer fue Mónica
Multrazzi, cuyo hermano José y la esposa de éste, Silvia Agostinelli,
desaparecieron de su casa de Zárate el 20 de noviembre de 1976.
"Colocaron un explosivo para abrir la puerta", relató la mujer y
agregó: "Al día siguiente, un camión del Ejército se llevó todas sus
pertenencias".
Multrazzi contó que la familia presentó hábeas corpus en favor de la
pareja desaparecida, en juzgados de La Plata, San Nicolás y Capital
Federal. Pero que ninguno de estos dio un resultado positivo.
Por último, en el caso por la detención ilegal de Julio César Cámara,
declaró su ex esposa Ofelia Ester Pereyra. "A las seis o siete de la
mañana (de un día de noviembre o diciembre de 1977) escuché como una
explosión. Me levanté y en la puerta de la habitación encontré cuatro o
cinco hombres armados", contó la mujer.
Pereyra afirmó que secuestraron a su marido y éste volvió en muy malas
condiciones de salud a las 48 horas. "No hablaba, casi no caminaba y
tuvimos que darle de comer en la boca durante dos semanas",
relató.
Julio César Cámara declaró en el Juicio por la Verdad el 6 de octubre
pasado y no supo identificar el centro clandestino en el que estuvo
detenido.