Tucumán, Enero a Diciembre de 1975
por Adel Edgardo Vilas
Bahía Blanca: El hecho
histórico
III. La guerra cultural
La Argentina, con una población
de alto nivel cultural y un sistema universitario, cuantitativa y
cualitativamente, de primer orden, no pudo escapar a un fenómeno global que
comenzó a exteriorizarse claramente en el mundo occidental desde las
postrimerías de la Segunda Guerra Mundial.-
La crisis generalizada de los valores y de las instituciones comunes a las
naciones occidentales, compone un proceso de raíces seculares pero
particularmente agudizado en las últimas décadas.- Sobre este trasfondo de
deterioro espiritual es que surgen determinadas minorías, usualmente llamadas
"intelectuales" o "universitarias", que rompen definitivamente con el acerbo
cultural de Occidente.-
El marxismo como idea-fuerza principal y el liberalismo en su complicidad
materialista, fueron factores determinantes en la gestación de las llamadas
"contraculturas" o, más exactamente, "culturas de subversión" -
Estos fenómenos abarcaron un amplio espectro ideológico que fué desde el
anarquismo nihilista hasta la ultraizquierda-combatiente.-
En mayo de 1968, Francia primero y luego toda Europa Occidental sintió el peso
de la rebelión de las élites universitarias que convirtieron la violencia en una
praxis.-
Si bien este fue un proceso obviamente cultural y por lo tanto mucho más amplio
que el simple accionar político, existió desde sus orígenes una intensa y
científica "explotación" del mismo por parte de determinados centros de poder
internacionales.-
La "cultura subversiva", adecuadamente dirigida, representaba una instancia
óptima para construir frentes internos revolucionarios, tanto en las sociedades
desarrolladas como en las insuficientemente desarrolladas económicamente.- En
las primeras, la cultura subversiva aparecía como rebelión generacional frente
al "sistema burgués capitalista", y en las segundas, como vanguardia
revolucionaria en la lucha contra el colonialismo.- En ambos campos los
objetivos finales son coincidentes:
1) acentuar el deterioro y la corrupción de los valores, las instituciones y los ideales tradicionales y nacionales;
2) controlar política e ideológicamente las minorías científicas, intelectuales, artísticas, religiosas y profesionales que gravitan decisivamente sobre la vida de los estados;
3) provocar, cuando las circunstancias de la política mundial y los centros de poder lo estimaren propicio, el afloramiento de grandes procesos de violencia revolucionaria, generalmente dirigida contra gobiernos o instituciones verdaderamente nacionales y rara vez, o nunca, contra los verdaderos enemigos de las naciones.-
En esta gran estrategia los tiempos son realmente secundarios, y generalmente se
operó con décadas de anticipación.- Progresiva y sistemáticamente fueron
"fabricándose" los líderes nacionales, continentales y mundiales de la
subversión.-
Para ello se becaba y premiaba en docenas de universidades, fundaciones y
organismos, a los ideólogos revolucionarios más destacados del país.- Al mismo
tiempo se estructuraba la IV Internacional como central operativa de la
subversión mundial y se estimulaba el surgimiento de grupos que tergiversaban
los valores nacionales y tradicionales dándoles un enfoque dialéctico y
subversivo.- Por último se perfeccionó la enorme estructura editorial,
periodística y propagandística que moldeó, hasta límites realmente
insospechables, la conducta de las clases medias de muchas naciones.-
Así es que la Argentina no fué una excepción a la regla.- Por décadas las
universidades y otros institutos culturales paralelos, fueron el laboratorio
táctico de una amplia concepción estratégica que aún hoy continúa parcialmente
vigente.-