Tucumán, Enero a Diciembre de 1975
por Adel Edgardo Vilas
I Parte. Dios lo quiso
Decir que mi historia militar
comienza el 5 de enero de 1975 supondría, por razones obvias -en ese momento ya
había sido ascendido a General de Brigada, desempeñándome como Director de
Enseñanza Superior de Institutos Militares- olvidar, e incluso desconocer, los
largos y esforzados años que transcurren desde mi ingreso, niño aún, al Colegio
Militar de la Nación, hasta la esa fecha antes mencionada. Pero ese día,
inolvidable por muchas razones, comenzó a ser realidad, a cobrar constancia,
algo que al recibir el llamado telefónico más abajo referido, no era sino una
simple expresión de deseo: Comandar el Ejército Argentino en operaciones.
Pues bien, aquel 5 de enero, cuando promediaba la tarde, recibí en mi casa de
Olivos el llamado de un periodista conocido, el cual, no exento de preocupación,
me avisaba que en el norte del país -no precisaba el lugar- había desaparecido
un avión del arma donde viajaban dos Oficiales Superiores en actividad. De las
averiguaciones practicadas de inmediato en el Comando en Jefe, tomé conocimiento
que, efectivamente, el aparato en el cual recorrían la futura zona de
operaciones los generales Salgado y Muñoz, Comandantes del III Cuerpo y de la
Vta. Brigada, respectivamente, junto a los integrantes del Estado Mayor del
primero de los nombrados -el Coronel Eduardo Wilfredo Cano; los Tenientes
Coroneles Oscar Ruben Berione; Pedro Santiago Petreca y Pompillo Schilardi; los
Mayores Roberto Dante Biscardi, Héctor Abel Sanchez y Pedro Antonio Zeloya; el
Capitán Roberto Carlos Aguilera; el Tte. 1º Carlos Eduardo Correa y el Sgto. 1º
Aldo Ramón Linares-, estaba perdido.
Un día después, el mismo periodista, pero esta vez con cierto lujo de detalles,
me dijo que la máquina, salida del aeropuerto Benjamín Matienzo hacia la zona de
Tafí del Valle, se había estrellado en la Quebrada del Aconquija. El suceso,
trágico como era, se prestó a los más dispares y disparatados comentarios, pues
no solo se especuló con la posibilidad de un atentado, sinó que el ERP, a través
de su secretaría de propaganda, dejó deslizar una versión diferente. Según ésta,
el avión había sido blanco de las dos ametralladoras antiaéreas que los
irregulares marxistas, tras el copamiento del Bat. Com. de Comando 141, llevaron
consigo.
Hoy, la especie puede parecer descabellada, pero en esos días, recluído el
Ejército en cuarteles de invierno por efecto de una política suicida, el mito de
la invulnerabilidad subversiva crecía conforme se sucedían, sin contraofensiva
ninguna, sus actos delictivos. Nada tenía de extraño, entonces, que se derribase
un avión militar en Tucumán.
La realidad respecto del desastre fue muy otra. El Comando General había
planeado la iniciación de las operaciones desde meses atrás, correspondiéndole
al General Salgado, como Jefe del III Cuerpo, y al General Muñoz, como titular
de la Vta. Brigada, la puesta a punto del dispositivo militar con el cual
comenzaría el "OPERATIVO INDEPENDENCIA". Siendo así el 5 de enero por la mañana
despegó de Córdoba el Tween Auter, arribando a la ciudad de Tucumán sobre las
10.15 horas. Luego del saludo de rigor, Muñoz y distintos auxiliares de su
Brigada esperaron las órdenes del Cte. Fue entonces cuando Salgado le hizo saber
a Muñoz que deseaba reconocer la zona de operaciones, y éste le informó que en
jornadas anteriores él, personalmente, había inspeccionado, desde un helicóptero
facilitado por la Gobernación, dicho sector selvático sin encontrar nada de
interés, pues, lisa y llanamente, resultaba imposible divisar algo dada la
tupida vegetación allí existente. Por eso mismo, el Comandante de la Brigada
creyó conveniente adelantarle a su superior que la única forma posible de
cumplir con el objetivo era adentrándose en el monte, lo cual, existiendo
enclaves guerrilleros, resultaba peligroso si no se lo hacía con la debida
seguridad.
El General Salgado quiso salir de cualquier manera, partiendo nuevamente el
Tween Auter a las 11 horas. Pasan Acheral y tomando la Quebrada del Aconquija,
llegan hasta Tafí siguiendo el camino de la Ruta 236. Según testigos
presenciales, la máquina cruza sin novedad la Quebrada, circunvala Tafí y decide
regresar a Acheral a través del Aconquija. De allí en más, no se vuelven a tener
noticias, de donde en el Aeropuerto Benjamín Matienzo comienza la preocupación,
ya que se sabía el plazo previsto para el viaje de ida y vuelta, y no sólo el
avión no aparecía sinó que ni siquiera daba señales de vida.
Encontrándome ya en Tucumán, la gente del lugar me refirió que era inconveniente
volar sobre la Quebrada después de las 10.30 horas de la mañana debido a las
espesas nubes que cubren sus picos. Si se tiene en cuenta que las alturas
oscilan entre los 4.000 y 4.500 metros y que, además, la visibilidad es buena
sobrepasando los 5.000 metros, la conclusión es una: o se decide volar desde el
amanecer hasta las 09.30 horas, o, para no correr riesgos, hay que volar alto,
volviéndose imposible cualquier tarea de reconocimiento. Por circunstancias
antes explicadas, el Tween Auter despegó pasada la hora límite y si de ida no
tuvo inconvenientes, ya que no bajó, en el viaje de vuelta, con la intención de
detectar campamentos del enemigo, tuvo necesariamente que descender,
encontrándose allí con la fatal ladera del Ñuñorco chico.
Puestos a rastrear los restos de la máquina, los hombres al mando del General
Cánepa topáronse con el mismo inconveniente del avión. El día del accidente no
pudo detectarse nada, considerando Cánepa que se debería esperar a la mañana
siguiente para aprovechar las horas en que la Quebrada no estuviese tapada por
las nubes. Y así fue. En un reconocimiento aéreo efectuado entre las 6 y las
9.30 del día siguiente, se alcanzó a reconocer, por los reflejos, un ala del
Tween Auter. Sin perder un minuto, se organiza una patrulla que, guiada por un
Sargento Ayudante retirado de la Policía de la Provincia, el General Cánepa y
varios efectivos, recorre la ruta 236, llegando, en su periplo, a las
proximidades del Ñuñorco Chico -en indio seno chico de la mujer-. Por el camino
hacen unos 2.000 metros y luego deben escalar otros mil, hasta arribar al lugar
del accidente. De acuerdo a la pesquisa efectuada, el avión había chocado contra
una de las laderas del mencionado cerro, perdiendo un ala y estrellándose, poco
después, a unos 2.000 metros más adelante. Al clavarse, se incendió, muriendo,
carbonizados, todos sus pasajeros.
Tamañas circunstancias obligaron a reemplazar a los dos Jefes fallecidos en el
accidente. Fue entonces cuando Carlos Delia Larroca, hoy Embajador, se hizo
cargo del IIIer. Cuerpo, y yo, merced a una orden que ya intuía, pasé a comandar
la Vta. Brigada. Digo intuía, pues recuerdo que estando en Olivos les comenté a
unos amigos que siendo yo el único General recién ascendido sin mando de tropa,
me parecía lógico el nombramiento. El primer día hábil después de la festividad
de Reyes, es decir el miércoles 7, fuí llamado al Edificio Libertador donde se
me impuso de mi nueva designación. Pregunté si podía viajar hacia mi destino de
inmediato y se me contestó que recién pasado el sábado se tendría firmado el
Decreto del Poder Ejecutivo nacional. Mientras esperaba la substanciación del
trámite, visité, en el Estado Mayor, la Jefatura II -Inteligencia- y la Jefatura
III -Operaciones-, a los efectos de tomar conocimiento, en detalle, de la
escalada subversiva en el país. Entre el jueves y el sábado traté de sacar mis
conclusiones del caso, sabiendo que debía llegar a Tucumán con un plan general
que me orientase respecto de las medidas a tomar.
Para mí el problema subversivo no era nuevo. No sólo me había interesado su
estudio -intenté hacerlo hasta donde me lo permitiesen mis obligaciones
castrenses- sinó que el jueves 6 de Set. de 1973, siendo Jefe de Operaciones del
1er. Cuerpo de Ejército, había podido comprobar la indolencia de distintos
oficiales superiores y la complicidad del Gobierno con las bandas marxistas. En
efecto, ...........................
................................................................
Esta experiencia, pasajera pero fructífera, quedó grabada para siempre en mi
conciencia. Tal es así que, cuando en el Comando me informaron la novedad acerca
de mi reciente nombramiento, la imagen de aquella noche y el heroico sacrificio
del Coronel Duarte Ardoy me acompañaron durante el resto del día. Antes, durante
y después del 25 de mayo, los argentinos -salvo honrosísimas excepciones-
absorbidos como estaban por los problemas anehosal comité y la partidocracia,
pero siempre ajenos al interés nacional, dieron en la fácil y suicida política
de soslayar el brote subversivo, o bien optaron por la cómoda e infantil teoría
de la "violencia de arriba y abajo", tan de moda en vísperas de la irrupción
peronista al poder. En plena euforia electoral, convencidos los políticos y
-¿por qué negarlo?- ciertos militares, que la subversión era, en el peor de los
casos, un epifenómeno de la miseria -al fin y al cabo no era otra cosa sostuvo
el General Carcagno en Caracas- unos y otros, políticos y militares, sostuvieron
que el ERP y Montoneros se desintegrarían, casi por arte de birle birloque, de
la misma forma en que habían surgido. Esto es, ni bien el país retornase al
cauce democrático. Ni que decir tiene que sucedió exactamente lo contrario pues
mientras Cámpora y sus acólitos cerraban filas en torno a las banderas
marxistas, sus taifas habían tomado las Universidades y desde allí, después de
muchos años de concientización, comenzó a irradiarse a lo largo y a lo ancho de
la República un mensaje sobre cuyas características principales no es necesario
volver.
Una conspiración internacional, planeada desde centros de poder, estaba en
marcha y contra ella nada podían las remanidas pócimas que centraban su
estrategia en el diálogo con los delincuentes o en la bondad de unas urnas
incapaces de solucionar -chatas y cuadradas como son- ninguno de los grandes y
trascendentes problemas nacionales. De hecho, ni la miseria era causa -cuando
mucho podía ser- ni la subversión engrosaba sus filas con obreros. Eso resultaba
materia propagandística, útil desde el punto de vista táctico. La subversión
decíase proletaria para consumo de bienpensantes e idiotas útiles, deseosos de
explicar sociológica, psicológica o psicoanalíticamente las razones por las
cuales, en determinadas circunstancias, las masas subyugadas de los países
coloniales encuentran en los "movimientos de liberación nacional" el instrumento
para sacudirse de encima la dominación imperialista...
Esta era la cruda realidad, ante la cual el Congreso de la Nación, los partidos
políticos, los comités electorales y el aparato regiminoso en general aparecían
empachados de frases sonoras, actitudes grandielocuentes e intereses equívocos,
contrarios, todos, a la Patria. Pero nada hubiese sido si esta miopía o
complicidad -como prefiera llamársela- hubiese anidado, tan solo, en las fuerzas
democráticas; lo verdaderamente grave fue que las fuerzas armadas resultaron
incapaces de preservarse del derrotismo que las ganó en los últimos meses del
gobierno de Lanusse. Merced a distintas circunstancias, entre las que deben
mencionarse los desaciertos del presidente, unidos a la impudicia y grosería de
determinados funcionarios de su gobierno y, claro es, la apostasía de muchos
jefes, creídos que de nada valía montar una contraofensiva pues la guerrilla
desaparecería en el momento que el último entorchado desapareciese del ámbito
oficial; el Ejército, la Armada y la Aeronáutica permitieron, improvidas, la
toma del poder por parte de la subversión.
Mi principal preocupación residía, pues en saber que debería enfrentarme al
poder político que sólo a regañadientes había aceptado dejar en el camino la
tesis de Perón conforme a la cual la guerra de guerrillas resultaba un problema
policial, y al poder judicial, siempre celoso de preservar su independencia,
aunque incapaz, la más de las veces de tomar el rábano por las hojas y condenar
como correspondía a los asesinos ideológicos. Claro que, en todo caso, la culpa
no era de los jueces sino de un sistema donde la intimidación manejada por el
marxismo resultaba más poderosa que cualquier juramento hecho al momento de
recibirse.
Durante los días jueves y viernes mi vida transcurrió entre informes de
inteligencia, clásicos de la guerrilla y las reflexiones de orden personal
expuestas más arriba. El sábado, en Punta Mogotes, donde estaba pasando breves
días de descanso -aún cuando, según las informaciones ambientes, pudo descansar
bien poco- la Presidente María Estela Martínez de Perón, firmó el decreto
nombrándome Comandante de la Vta. Brigada de Infantería en Tucumán.
PODER EJECUTIVO NACIONAL - Decreto 265 - Buenos Aires.
Visto que las actividades que elementos subversivos desarrollan en la Provincia
de Tucumán y las necesidades de adoptar medidas adecuadas para la erradicación:
la Presidente de la Nación Argentina en acuerdo general de Ministros, DECRETA:
Artículo 1o.) El Comando General del Ejército procederá a ejecutar las
operaciones Militares que sean necesarias a efectos de neutralizar y/o aniquilar
el accionar de los elementos Subversivos que actúan en la Provincia de Tucumán.-
Artículo 2o.) El Ministerio del Interior pondrá a disposición y bajo control
operacional del Comando General del Ejército los efectivos y medios de la
Policía Federal que le sean requeridos a través del Ministerio de Defensa, para
su empleo en las Operaciones a que se hace referencia en el artículo 1o.
Artículo 3o.) El Ministerio del Interior requerirá al Poder Ejecutivo de la
Provincia de Tucumán que proporcione y coloque bajo Control Operacional el
personal y los medios Policiales que le sean solicitados por el Ministerio de
Defensa (Comando General del Ejército), para su empleo en las Operaciones pre-citadas.-
Artículo 4o.) El Ministerio de Defensa adoptará las medidas pertinentes a
efectos de que los Comandos Generales de la Armada y la Fuerza Aérea presten al
requerimiento del Comando general del Ejército el apoyo necesario de empleo de
medios para las Operaciones.-
Artículo 5o.) El Ministerio de Bienestar Social desarrollará en coordinación con
el Ministerio de Defensa (Comando general del Ejército), las operaciones y la
acción cívica que sean necesarias sobre la población afectada por las
Operaciones Militares.-
Artículo 6o.) La Secretaría de Prensa y Difusión de la Presidencia de la Nación
desarrollará a indicación del Ministerio de Defensa (Comando general del
Ejército), las Operaciones de acción Psicológicas concurrentes que le sean
requeridas.-
Artículo 7o.) El gasto que demande el cumplimiento de la misión encomendada por
el presente Decreto hasta la suma de pesos Cuarenta Millones ($ 40.000.000),
será incorporado a la Jurisdicción 46, Comando General del Ejército,
correspondiente al presupuesto del año 1975.-
Artículo 8o.) La disposición del presente Decreto rige a partir de la fecha.-
Artículo 9o.) Comuníquese, dése a la Dirección Nacional del Registro Oficial y
archivese.-
El Decreto es Número Secreto (261) del 5 de Febrero de 1975.--El lunes 12,
tomaba un avión de Austral, cuyo destino, sin escalas, era el jardín de la
República. En Buenos Aires quedaban mi mujer y mis dos hijos a la espera de
noticias.
Mientras volaba, acercándome, cada vez más, al que sería por espacio de casi un
año mi trinchera de combate, repensaba las palabras que un especialista del
glorioso ejército francés en Argelia escribió en su libro -que lo fue de
cabecera durante mi andatura tucumana- que era, "Subversión y Revolución":
"Esclavo de sus tradiciones y de su formación, el Ejército se adapta mal a una
guerra que las escuelas militares se niegan a enseñarle. Contra un adversario
fluído, inatrapable, que se obstina, por lo general, en montar sus operativos
según esquemas clásicos. Como una masa gigantesca que quisiera aplastar a una
mosca, golpea, casi siempre, en el vacío, derrochando medios considerables. Un
acrecentamiento, incluso considerable, de sus recursos no tendría ningún efecto
si antes no adaptara su organización y su táctica a la guerra revolucionaria. El
Ejército deberá abordar los problemas complejos que plantea la guerra
revolucionaria con un espíritu nuevo, desprendido de todo prejuicio y con la
firme voluntad de resolverlo".
En las medulosas consideraciones del oficial galo se encontraban resumidas mis
propias ideas y preocupaciones respecto de las operaciones que a corto plazo, y
luego de un siglo de paz, iniciaría la brigada contra el más peligroso y mortal
de los enemigos del país: el marxismo. Cien años de preparar juegos de guerra en
las mesas del Estado Mayor, de prepararlas con arreglo o formas clásicas, donde
bien podría decirse que después de un buen amigo lo mejor era un buen enemigo,
no era precisamente la mejor preparación para enfrentar a mercenarios
fanatizados que no reparaban en medio alguno con tal de conseguir sus
propósitos.
El desafío estaba allí, esperando que alguien lo tomara. Dios quiso que fuera yo
quien tuviera la responsabilidad de llevar a las armas argentinas al triunfo...o
al fracaso.