Persona, Estado, Poder
Estudios sobre Salud Mental Chile 1973-1989
Presentación
Los trabajos incluidos en el presente volumen han sido escritos en un periodo de la historia de
Chile marcado por el Golpe de Estado de 1973 y el advenimiento de un gobierno dictatorial bajo
el cual la ausencia de un Estado de Derecho ha sido una constante. En una época en que la
represión, las amenazas, la manipulación psicológica, individual y social han sido permanentes.
En un ámbito donde la convivencia con la muerte, el hambre, la miseria, la tortura, la prisión, el
exilio y el desaparecimiento de opositores ha sido cotidiana.
La violencia, el empleo sistemático de la tortura y otras formas de terrorismo de Estado no son
fenómenos aislados sino elementos inherentes a un modelo de dominación que es preciso
comprender para poder neutralizarlo.
A lo largo de este período hemos concentrado nuestra actividad en el apoyo y asistencia de todos
aquellos que han sido víctimas de la represión política y en la denuncia de estos atropellos.
Durante este tiempo hemos tratado de enfrentar desde nuestro campo específico a la dictadura.
Los trabajos publicados en este libro reflejan este esfuerzo; ellos han sido elaborados por el
Equipo de Denuncia, Investigación y Tratamiento a las víctimas de la tortura y su núcleo
familiar (DITT) que, junto a otros grupos de trabajo, conforman el Comité de Defensa de los
Derechos del Pueblo (CODEPU), institución fundada en 1980.
Pese a que nuestro trabajo médico asistencial se remonta a los primeros días que siguieron al
Golpe Militar nuestro equipo se consolida y desarrolla actividades de manera sistemática sólo a
partir de 1984.
Los efectos de la tortura nos golpean dramáticamente a finales de 1973: frente a nosotros una
mujer adolescente con su cuerpo desgarrado, sus senos quemados por cigarrillos, los ojos de
expresión vacía, en silencio. Nos confrontamos entonces con la tortura hecha sistema, con la
persecución y el asesinato político y con otras formas de represión como el "desaparecimiento"
de personas hasta entonces desconocidas en Chile.
El, carácter de estos hechos y la posibilidad de intervención, sobrepasaban el campo de nuestra
especialidad e incluso el de la medicina en su sentido más amplio. Para dar una respuesta en el
campo de la asistencia, del tratamiento, de la prevención, de la etiología, era necesario ampliar el
campo del conocimiento hacia las ciencias sociales y muy especialmente hacia la axiología, es
decir, aquello que tiene que ver con los valores, los principios, la ética.
La necesidad de un abordaje integral e interdisciplinario fue determinando la constitución del
equipo DITT, hoy conformado por médicos de distintas especialidades, psicólogos, trabajadores
sociales, sociólogos y asistentes de investigación, que participan directa o indirectamente en el
acompañamiento terapéutico de los pacientes.
Equipos similares al de Santiago funcionan actualmente en Concepción y Valparaíso y
miembros del equipo central viajan regularmente a otras regiones del país para prestar asistencia
a los prisioneros políticos al interior de las cárceles y apoyar en la atención ambulatoria externa
que los equipos locales hacen a los familiares de presos políticos, ejecutados, detenidos
desaparecidos o exiliados así como a los torturados en todos estos años de dictadura.
El carácter interdisciplinario del trabajo se expresa principalmente en dos niveles; dada la
composición del equipo, diversos enfoques conceptuales y empíricos confluyen en el abordaje de
los fenómenos represivos y por otra parte el trabajo asistencial no se reduce a la labor clínica
tradicional (diagnóstico y tratamiento) sino que incluye actividades de investigación, educación,
capacitación y denuncia.
Hemos colocado como uno de los objetivos centrales de la actividad del equipo DITT la
denuncia de los hechos represivos, no sólo por ser parte de un organismo de defensa de los
derechos humanos como es el Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo, sino también
porque como profesionales de la salud y de las ciencias sociales lo consideramos una obligación
ética. Creemos que los atentados a la vida, el daño a las personas y la destrucción de las familias
por cualquier forma de terrorismo de Estado compromete a la sociedad toda como objeto de
represión, pero también estamos seguros que la sociedad es capaz de impedir y superar el
terrorismo de Estado.
Cuando afirmamos que nuestro trabajo asistencial es de carácter integral nos referimos al hecho
que la interacción entre represor y reprimido no es susceptible de ser desglosada en sus partes sin
riesgo de parcializar gravemente la realidad. Un estudio totalizador de la persona reprimida ( en
sus aspectos biográficos, sociales, culturales, políticos) permitirá comprender mejor las
reacciones y manifestaciones clínicas y decidir las intervenciones terapéuticas más apropiadas.
Estudio totalizador que alcanza, al mismo tiempo, al aparato represivo y sus estrategias de guerra
así como al sujeto represor propiamente tal, con su personalidad, sus sistemas de valores, sus
antecedentes biográficos, sociales e ideológicos. En nuestro país el par dialéctico, Estado militar
- sociedad civil toma formas múltiples, una de las cuales es: torturador - torturado, aparato
represivo estatal - víctima, familia, niño. La situación represiva se particulariza en un grupo de
población o en una persona que hace parte de un contexto social, político, geográfico y ocurre en
un momento histórico determinado. Entender el daño exige, por lo tanto, de un abordaje integral
que permite considerarlo en un marco de valores y en las opciones de vida que ha hecho la
persona víctima de la represión política. Sólo esta aproximación totalizadora al paciente que
demanda nuestro apoyo nos ha permitido cumplir esta área.
En el desarrollo de nuestro trabajo se nos hizo necesario delimitar un concepto de tortura que se
correspondiera con la realidad que constatábamos en el país y en nuestra práctica, decidiendo
finalmente adoptar la definición aprobada en la Convención Internacional contra la Tortura y
otros tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes de la Asamblea general de las Naciones
Unidas (10 de diciembre de 1984)*
Convención Internacional Contra la Tortura, Parte I , Artículo 1. " A los efectos de la presente
Convención, se entenderá por término "tortura", todo acto por el cual se inflija intencionalmente
a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de
ella o de terceros información o confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o de
intimidar o de coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo
de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario
público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su
consentimiento o aquiescencia. No se considerarán tortura los dolores o sufrimientos que sean
consecuencia únicamente de sanciones legítimas, o que sean inherentes o incidentales a éstas".
Ella cubre el universo con el que trabajamos: víctimas de la tortura, de la prisión, de la
persecución, amedrentamiento o relegación, incluyendo a las familias de prisioneros políticos,
desaparecidos o ejecutados
Como
equipo terapéutico no somos neutrales frente a nuestros pacientes;
estamos en el mismo lado; es decir, compartimos con ellos el rechazo a
un sistema de poder totalitario que viola sistemáticamente los Derechos
Humanos y que hace de la violencia y la tortura su forma de
ordenamiento social. Este hecho establece un vínculo terapéutico de
distinto carácter
al que se da en la práctica médica general. Ser parte de una misma
comunidad con los grupos
asistidos le da a nuestro equipo terapéutico una connotación
específica.
Si bien no hemos abandonado las categorías propiamente médicas, le hemos dado su real
dimensión: no es posible tratar solamente los efectos de la tortura sino que hay que buscar su
etiología y erradicarla; no sólo hay que realizar el diagnóstico de sus síntomas, es también
necesario denunciarlos permanentemente, hay que estar evaluando su pronóstico y haciendo
realidad su prevención.
Si quisiéramos identificar en términos epidemiológicos nuestro quehacer, podríamos decir que la
denuncia corresponde a un nivel de prevención primaria en la medida en que intenta crear
conciencia y conformar opinión para impedir la represión política y la tortura.
Nuestra acción terapéutica individual y colectiva es parte de la prevención secundaria en su
intento de reparar el daño y por último, nuestro compromiso intransigente por ayudar a construir
una sociedad en que se respeten realmente los Derechos Humanos constituye a nuestro juicio, el
tercer nivel de prevención.
Los trabajos que forman parte de este volumen comprenden estudios, investigaciones, temas de
análisis y conferencias elaboradas en el marco de estos seis últimos años. Las 19 comunicaciones
que lo integran las hemos dividido en cuatro secciones temáticas: Sociedad Represiva, Tortura,
Exilio - Retorno, Asistencia y Terapia.
Dentro de cada sección los artículos fueron adecuados por estricto orden cronológico; muchos de
ellos guardan una directa relación con las circunstancias políticas vividas en el país. Hemos
preferido no introducir modificaciones de fondo respetando la forma y el contenido que tuvieron
en el momento de su elaboración; ello permitirá conocer la evolución de la situación represiva
así como sus consecuencias clínicas y sociales.
En todo caso pedimos indulgencia frente a la reiteración, ella es también producto de la historia.
Quisiéramos que la represión política y la tortura no se hubieran repetido cientos y miles de
veces.
Al lector más erudito debemos conceder que en los temas expuestos no hay una metodología de
investigación en su acepción tradicional. Nuestro objetivo ha sido compartir con ustedes el
conocimiento y la experiencia de nuestra práctica asistencial como un aporte al desarrollo de la
conciencia colectiva que haga posible el día de mañana el anhelo de Verdad y Justicia.
Responsable del equipo: Dra. Paz
Rojas Baeza - Neuropsiquiatra
Blanca Carrasco Ahumada - Asistente de investigación
Rodrigo Erazo Reyes Médico - Psiquiatra
Marisol Espinoza Cuevas - Asistente Social
Alfredo Estrada Larraín - Médico
Héctor Faúndez Bustos - Médico Psiquiatra
Erica Hennings Zepeda - Asistente de investigación
Mónica Hering López - Asistente Social Terapeuta Familiar
Cecilia Jarpa Zúñiga - Asistente de investigación
María Inés Muñoz Briceño - Psicóloga
María Luisa Ortiz Rojas - Asistente de investigación
Mónica Peña Lillo - Socióloga
Sergio Pesutic Pérez - Médico Psiquiatra
Eduardo Pérez Arza Médico - Psiquiatra
Noviembre 1989, Santiago de Chile. Primera Edición.
Inscripción Nº 73.594. Derechos reservados
Edición: Sergio Pesutic.
Diseño de Portada: Antonia Gómez, y Guillermo Feuerhake
Impreso en Chile.