Evidencias de discriminación en la represión.
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INFORME
CO.SO.FAM BARCELONA, MARZO DE 1999
Los malos tratos
infligidos a los judíos durante la época del gobierno militar tienen
sus antecedentes en los últimos años del precedente gobierno de la
Sra.Martínez de Perón, en el que abusos perpetrados por la "Triple A",
y posiblemente instigados por López Rega ya fueron denunciados por
representantes de organizaciones judías (32).
El propósito de esta sección del Informe es documentar las dimensiones
y los tipos de actitudes discriminatorias hacia los judíos de entre las
víctimas del proceso militar. En palabras de uno de ellos, los golpes
venían acompañados de la explicación. "Vos sos comunista y encima
judío" (33).
Desde la instauración del gobierno civil en Argentina y sobre todo
después de la presentación del Informe de la CONADEP, existen
evidencias de que el trato hacia los judíos ha sido especialmente
cruel. Si bien expresiones de la DAIA fueron usadas deliberadamente por
funcionarios oficiales para invocar la ausencia de antisemitismo, esta
institución, representativa del judaísmo argentino ha declarado lo
contrario. En el informe publicado en enero de 1984 anteriormente
mencionado, se declara que la DAIA estaba enterada de que los detenidos
judíos durante los interrogatorios eran sometidos a castigos
considerablemente mayores que a los demás detenidos, y que además eran
agredidos verbal y físicamente por su condición de judíos.
En el marco de un informe presentado por el Centro de Estudios Legales
y Sociales (CELS), el testimonio de la ex-detenida Ana María Careaga
provee una generalización: "... el trato hacia los judíos era
impresionante.. Cuando a veces nos sacaban para golpearnos, elegían a
los judíos por el sólo hecho de serlo" (34). Más específicamente, la
intensidad del maltrato y la tortura han sido fehacientemente
documentados. Blanca Becher, detenida en la cárcel de Olmos, declara:
"... en mi caso, cada vez que concluían de torturarme por la mañana,
como otras prisioneras, me decían que volverían a la tarde porque soy
judía, y numerosas veces lo hicieron" (35). Cristina María Navarro,
testimonia ante la ADL de Nueva York, que uno de los guardias a quien
llamaban "El Zorro" tenía una predilección especial por golpear a todos
los detenidos de apellido judío (36).
También hay referencias de que detenidos judíos fueron puestos en
pabellones con restricciones más severas, por el simple hecho de serlo,
y sin tomar en cuenta sus presuntos delitos. Así se manifiesta en el
testimonio de Ana María Careaga en el caso del centro de detención "la
Leonera" (37), y en el caso de Sierra Chica, se dividió a los
prisioneros en tres grupos: G-1 aquellos que no serían liberados
mientras durase el gobierno militar; G-2 cuya liberación estaba en
duda; y, G-3 quienes irían siendo liberados paulatinamente. Se estimaba
que en G-1 había especialmente judíos, según testimonio de Grutzky,
quien tambien agrega que en todos los casos, prisioneros judíos
sufrieron algún tipo de actitud antisemita (38).
Las observaciones mencionadas destacan los aspectos discriminatorios en
el tratamiento físico. A ello deben agregarse expresiones de
humillación oral. Estas agresiones verbales pueden, en términos
generales, clasificarse en tres grandes grupos, que históricamente se
han generado a nivel universal en tres etapas cronológicamente
sucesivas. El primero, al que se denominó "antisemitismo tradicional"
resaltaba el rol del judío como anti-Cristo destacando los atributos
estereotipados de la persona del judío connotando la supuesta condición
de foráneo, extranjero. El segundo grupo podría llamarse "racismo
nazi", y pertenece a los estereotipos desarrollados por el Tercer Reich
en cuanto al peligro que acecharía a la humanidad por la mera
existencia del judío, y la impostergable necesidad de exterminarlo
físicamente.
Las raíces de tal concepción enfatizan la alegada conspiración mundial
que ese pueblo ejercería para lograr la dominación del resto de la
humanidad. Y el tercer y último grupo, incluye la temática del
"antisionismo", esta vez destacando al rol promotor de Israel en tales
planes y conjuras, y la doble lealtad. Evidentemente, el intentar
separar a un tipo del otro puede llevar a una artificial división, ya
que los tres tipos de argumentos aparecen en la realidad repetidamente
mezclados y mutuamente ligados. Uno de los testimonios de dicha
conexión aparece en su forma quizá más vulgar, pero no obstante prueba
fehacientemente de tal afirmación. Es lo ocurrido a la familia Dyszel,
que al publicar en 1984 un anuncio en los diarios buscando a su hijo
desaparecido en 1977 con su esposa Mirtha, recibiera como única
respuesta, anónima, "Judío, hijo de Puta: Yo soy uno de los que mató al
MIERDA DE TU HIJO y a la Puta de tu NUERA. Son 2 JUDÍOS SIONISTAS MENOS
EN EL MUNDO. ¡Si vos supieras dónde lo ENTERRAMOS!! Te morirías, Judío
puto". Es decir, el hecho de presentar al señor Juez tres aspectos
separados, está basado en la búsqueda de una mayor claridad
explicativa, pero no necesariamente reproduce la mentalidad mórbida del
torturador donde generalmente estas imágenes se confunden en una
nebulosa actitud de odio hacia la víctima.
Muchas de las
humillaciones verbales están aparejadas de insultos, burlas sobre los
orígenes extranjeros de los nombres y/o apellidos, a veces obligándoles
a cambiarlos por aquellos que resonaran hispánicos, como el caso de
Esther Gerver, a quién le cambiaron el nombre por el de María Esther y
un apellido español. Por su parte, E. Kaufman recoge el testimonio de
dos hermanos refugiados en Israel, cuyo apellido era de origen
sefardita y como tal no distinto a otros de raíz española, fueron
detenidos y torturados durante los primeros interrogatorios. Después de
haber sido arrojados a la prisión por un período de meses, uno de ellos
fue llevado nuevamente a una sesión de tortura, acusado de no haber
mencionado en una primera instancia, su condición de judío. Otros,
ocultaban y negaban su origen judío, diciendo, por ejemplo, que eran
polacos católicos.
Abusos verbales eran comunes a todos los presos, aunque algunos fueron
usados específicamente contra judíos, como el de "cerdos". El resaltar
su carácter animal es tristemente atestiguado por Ana María Careaga:
"Una vez escuché a un perro ladrando en el corredor y a alguien quien
le ordenaba ir marcha atrás y adelante y de mover su cola. Nosotros
creíamos que se trataba de realmente un perro. Pero no, era un ser
humano, un joven quien tenía que pretender ser un perro por haber
cometido el crimen de ser judío". Por su parte Pedro Miguel Vanrell
(Legajo CONADEP nº 1132) confirma este "estilo" de trato hacia los
prisioneros judíos recordando el caso de uno al que el guardián sacaba
del calabozo y lo hacía salir al patio. "Le hacían mover la cola, que
ladrara como un perro, que le chupara las botas. Era impresionante lo
bien que lo hacía, imitaba a un perro igual que si lo fuera, porque si
no satisfacía al guardia, este le seguía pegando.......después cambió y
le hacía hacer de gato". Vanrell también testimonia que "Los represores
se reían y les sacaban las ropas a los prisioneros y les pintaban en
las espaldas cruces svásticas con pintura en aerosol. Despues los demás
detenidos los veían en las duchas, oportunidad en que los guardias
-identificándolos- volvían a golpearlos y maltratarlos".
También se adjudicaban a judíos crímenes de índole económica,
correspondiente a la saliente imagen del dinero en el estereotipo
antisemita. Timerman menciona que en las denuncias del caso Graiver,
los alegatos destacaban a sus presuntos socios judíos, hecho que se ha
tratado previamente en el caso de las acusaciones del general Camps. En
un caso afín, a un detenido del interior del país, quien fuera
interrogado extensivamente sobre su judaísmo, y agredido al respecto,
se le dijo: "Ustedes los judíos la única patria que conocen es el
dinero, espero que con el tiempo que está pasando aquí se haga gente y
termine poniendo un crucifijo sobre su cama".
Respecto a los simbolismos de índole religioso, el informe de la CONADEP expresa:
"El antisemitismo se presentaba como contrapartida a una deformación de
lo cristiano en particular y lo religioso en general. Esto no era otra
cosa que una forma de encubrir la persecución política e ideológica. La
defensa de Dios y los valores cristianos fue una motivación ideológica
simple para que pueda ser entendida por los represores, hasta en sus
más bajos niveles organizativos y culturales. Esta necesaria
identificación se hacía para forjar en todo el personal represivo una
moral de combate y un objetivo tranquilizador de conciencias, sin tener
obligación de profundizar las causas y los fines reales por los cuales
se perseguía y castigaba, no sólo a una minoría terrorista, sino
también a las distintas expresiones políticas, sociales, religiosas,
económicas y culturales, con tan horrenda metodología" (39). Asimismo,
en uno de los allanamientos, los secuestradores escribieron en la pared
la leyenda "Viva Cristo Rey" y "Cristo salva" y otros se retiraron al
grito: "Por Dios y por la Patria" (40).
Ana Larrea, ciudadana francesa residente en Argentina, secuestrada,
prisionera en instalaciones de la Fuerza Aérea, y luego liberada y
sacada del país por las fuertes presiones de la embajada francesa en
Buenos Aires, relata a COSOFAM Barcelona que durante la tortura era
objeto de recriminación constante por haberse casado con un judío y se
le obligaba a ponerse de rodillas y rezar, para luego continuar con la
tortura física.
También han habido denuncias de una víctima en cuya espalda los
torturadores habían grabado una estrella de David (41). Imputaciones de
doble lealtad han sido frecuentes. Tal es el caso de Ernesto
Scerszcwisz, una de las víctimas de "El Zorro", un feroz torturador,
quien fue golpeado con las esposas en la espalda, hasta enterrarle uno
de sus extremos, le gritaban "sos judío, vos", y le pegaban.
Scerszewisz le contestó que él era argentino; el guardia le replicó que
mentía, que él era judío y lo torturaban con golpes (42). En distintos
testimonios, el cliché ya conocido vuelve a utilizarse, escribiendo por
ejemplo en las paredes de las celdas de los prisioneros judíos: "Haga
Patria, mate un judío", o una variación: "el único judío bueno, es el
judío muerto" (43).
La presencia de
simbolos nazis aparece en gran cantidad de testimonios connotando a la
represión en Argentina de un carácter singular en el contexto
latinoamericano. A un nivel general puede afirmarse que determinadas
formas de persecución han tenido sus antecedentes durante el régimen de
III Reich. Notoriamente, la táctica de las desapariciones forzadas,
modeladas según el fiscal federal Julio Strassera en la operación
"Noche y Niebla" del régimen nazi por el cual se capturaba a oponentes
al régimen sin proporcionar información a los familiares. Pero si bien
puede adjudicarse a tal comparación una similitud accidental, no cabe
duda que la presencia de simbolismos concretos es la prueba más
fehaciente del legado ideológico nazi. Estos elementos fueron
destacadamente más ligados a los casos de los prisioneros judíos. Según
Timerman, "hubo una gran conjura antisemita en todo ese (represivo)
proceso y eso corresponde precisamente a la mentalidad nazi de que los
judíos, los comunistas y la banca internacional forman una unidad
nacional" (44). Las supuestas conexiones con el capitalismo y las
finanzas fueron puestas en evidencia en las expresiones mencionadas en
las páginas previas categorizadas dentro del marco del antisemitismo
tradicional. Aquí se agrega otro polo a la conjura "internacional" que
es la que conectaría al judío con el comunismo, intensificando así la
percepción de una conspiración bifronte.
La referencia a la represión como una "guerra" y a las víctimas como el
"enemigo", en el más amplio sentido de la interpretación, justificaría
la necesidad de la "solución final" y le confiere legitimidad a los
"traslados", a fin de poner fuera del contexto humano a aquellos
"enemigos" irrevocables, cuyo arrepentimiento ni siquiera es
concebible. Esta actitud extrema comparable a regímenes totalitarios
como el alemán o el soviético puede encontrarse reiteradamente dentro
del proceso represivo argentino.
El testimonio de dos personas ante el Comité Israelí de Familiares de
Desaparecidos expresa, que al cliché del judío como "ruso" --que
previamente tenía la connotación de "extranjero"-- debe ahora agregarse
la del "comunista". El testimonio de Pedro Kreplak, destaca que a los
judíos "les gritaban rusos comunistas mientras les pegaban y escupían"
(45), y otro relata que uno de sus secuestradores declara que "los
judíos traen al mundo subversivos, comunistas, para destruir a los
demás pueblos" (46).
Repetidamente los testimonios hacen mención del uso de siglas nazis.
Comenzando por la svástica que el periodista Robert Cox encuentra
dibujadas en gran tamaño en las paredes del Departamento Central de
Policía de Buenos Aires (47). Adolfo Pérez Ezquivel, hace mención a
svásticas dibujadas en las paredes de su celda. En el informe de la
CONADEP se menciona al torturador "el turco Julián" que siempre llevaba
un llavero con la cruz svástica y la cruz cristiana en el pecho (48).
Numerosos testimonios relatan que "prisioneros judíos tenían svásticas
grabadas en las espaldas" u otros lugares del cuerpo (49). En el caso
de la captura de la familia Burstein, los autores del secuestro dejaron
pintadas svásticas en el estacionamiento de la casa y otra persona, en
sus primeros días de cautiverio, vio a un oficial de policía con una
cruz svástica cosida a su uniforme (50).
También se establece la presencia de imágenes de Hitler a través del
testimonio de un periodista uruguayo detenido en Argentina y publicado
por The Sunday Times (7.6.81) que pudo observar la presencia de una
gran imágen de Adolf Hitler y a su vez expresaba: "Sus guardias se
jactaban de ser verdaderos nazis y la primera pregunta que hacían al
comenzar a torturar a un prisionero era: sos judío?". Tanto Hitler como
Mussolini aparecen mencionados en el informe de González y Cid de la
Paz: "Desde el momento de que ellos (los judíos) eran secuestrados
hasta ser incluidos en los "traslados" eran sistemáticamente
torturados". "Algunos eran forzados a arrodillarse ante los cuadros de
Hitler y Mussolini y renunciar a su origen y autoinsultarse". A Rudnik,
se afirma, que en la cárcel de Córdoba lo torturaban haciéndole gritar
"¡viva Hitler!" y en el club Atlético - testimonia D.Barrera y
Ferrando, legajo CONADEP nº6904: "un torturador que se hacía llamar "el
gran Führer", hacía gritar a los prisioneros "¡Heil Hitler!" y durante
la noche era normal escuchar grabaciones de sus discursos". En otros
casos se exigía a los prisioneros de origen judío que levanten la mano
y griten "¡yo amo a Hitler!".
Un relato de secuestrados precisa que en el automóvil se les dijo que
van a sufrir mucho por su conducta, pero principalmente por ser judíos
y en el transcurso de las amenazas expresadas se incluía ... "vamos a
hacer de vos jabón" . Portnoy relata que le aplicaban electricidad y
después la golpearon y amenazaron con "hacerme jabón" por ser judía. A
Kreplak le repiten la frase que "iban a hacer de él jabón, como lo
hicieron con sus hermanos en Alemania", agregando que lo iban a llevar
a la cámara de gas. En el informe de la CONADEP se menciona que cuando
golpeaban a los prisioneros les decían "somos la Gestapo" como el caso
de Jorge Reyes, legajo CONADEP Nº 2563 y en otros casos, "somos
fascistas" (Jerusalem Post, 4.2.80).
Entre los carceleros e interrogadores se mencionan algunos de origen
alemán. En Sierra Chica actuaban Sheffer (apodado "el Nazi" ) y el
oficial Schwint. De acuerdo al testimonio de Grutzky, Sierra Chica se
encuentra cercana a la Colonia Hinojo, que es una colonia de alemanes
provenientes del Volga. "Los carceleros de origen alemán eran incultos,
pero se sentían más identificados con el adoctrinamiento nazi que
recibían". En un caso peculiar, un prisionero es interrogado por sus
represores; cuando le dice que su apellido es de origen alemán, la
reacción fue: "Caramba, vos podrías haber sido uno de la SS, y
seguidamente ordenan que no se lo castigue más" (51)
Finalmente, los castigos se multiplican y llevan a un callejón sin
salida. De acuerdo al testimonio de Carreaga, "los policías iban y
preguntaban si los judíos eran perseguidos en Argentina. Si ellos decía
que no, eran golpeados y les decían '¡Si, todos los judíos serán
matados, nosotros somos nazis!'. Si ellos (los judíos) contestaban que
sí, eran golpeados y se les decía: 'entonces vos decís que los derechos
humanos son violados en Argentina' ". (52)
En los últimos años, el
resurgimiento del antisemitismo ha aparecido conjuntamente con ataques
a la legitimidad del Estado de Israel y el Movimiento Sionista. Si bien
puede aducirse que teóricamente podría llegar a separarse una
argumentación antijudía de una antisionista, lo que ha ocurrido
frecuentemente es que el ataque antisionista ha sido una forma
disfrazada del odio racial generalizado. Según S. Avineri, "En el
profundo sentido,"antisionismo' es idéntico en sus actitudes
fundamentales a los pasados modelos de antisemitismo tradicional.
Similar a la teología cristiana de la Edad Media y el moderno
antisemitismo racial, el antisionismo corriente está dirigido a
extirpar la legitimidad de la existencia judía" (53). En América
Latina, es aun más difícil separar la propia identidad de las
comunidades locales, de Israel como país con una mayoritaria población
judía. La legítima confusión que existe entre israelí (ciudadano del
Estado de Israel) e israelita (sinónimo de judío, indicando su
residencia fuera de Israel), ha tenido sus raíces en la falta de
pluralismo en las sociedades de esa región, y con una prevalente
identificación sionista de las instituciones comunitarias. Normalmente
llamada "la colonia israelita", su relación con los representantes de
Israel en el país se asume como la aceptación de la centralidad de
Israel. Este fenómeno, sin duda atípico y complejo, aparece aún más
confuso y tergiversado en la mentalidad de los militares. De acuerdo a
un testimonio de dos prisioneros escapados, aquellos de origen judío
eran interrogados no sólo sobre sus ideologías sino también sobre la
comunidad judía en Argentina, nombres y direcciones de clubes y
sinagogas y de negocios de propiedad judía eran sistemáticamente
recolectados (54). La conexión del tema de la sección anterior con la
presente puede encontrarse en el testimonio de Daniel Eduardo
Fernández: "A todos los judíos se los castigaba solo por el hecho de
ser judíos y les decían que a la subversión la subvencionaba la DAIA y
el sionismo internacional, y a la organización de los pozos (centros de
detención clandestinos) los bancaba ODESA (organización clandestina
para el apoyo de los nazis escapados de Alemania)". Si bien pueden
mencionarse situaciones en donde los interrogadores hacían hincapié en
la distinción entre judaísmo y sionismo, la explicación producida no
proporciona una clara línea divisoria (55).
Como puede observarse, el tema del sionismo aparece aquí relacionado
con la presunta falta de lealtad de los judíos argentinos hacia su
Madre Patria, y de esa forma se los acusa de traicionar la
nacionalidad. En esta sección pueden encontrarse las expresiones
verbales del antisemitismo tradicional actualizadas de forma tal que la
conspiración denunciada en los Protocolos de los Sabios de Sión
encuentra ahora su formalización concreta ahora en Israel.
El caso Timerman constituye un caso paradigmático en el que afloró y se
materializó la tesis surgida de la convicción de las fuerzas militares
sobre la existencia de un "enemigo sionista". En el anexo 3 se
transcriben partes de su libro "Preso sin nombre, celda sin número".
Los relatos de Timerman en su libro vienen a ilustrar fehacientemente
cómo el interrogatorio buscaba inquirir sobre la conjura organizada
desde Sión en Jerusalén y que el antisemita militar integra tanto a los
líderes del Kremlin "dominados por los judíos marxistas", como el
capitalismo de Wall Street, dominado por la "plutocracia judía", que
nos recuerdan a la conspiración "judeo masónica y comunista", pregonada
por el régimen franquista. Para la paranoia militar, Timerman
condensaba en su persona ese peligro, ya que nacido en Rusia, emigró a
la Argentina, vivió en Israel en 1975, era amigo del embajador israelí
en Buenos Aires y allegado a los círculos estadounidenses. En su
testimonio, presentado al juicio oral a los nueve jerarcas militares,
Timerman declaró que en el centro clandestino de detención se lo
amenazó con una ejecución pero al confesar su condición de "judío,
sionista y socialista, quienes comandaron el grupo que lo secuestrara,
pensaron que era más acertado no eliminarlo, sino hacerlo comparecer en
un juicio público en la convicción que habían descubierto la pista que
los llevaría a desenmascarar una 'conspiración internacional de
consecuencias imprevisibles' " (56). Los debates en los altos mandos
militares en relación a la liberación de Timerman, llevaron a serias
disensiones internas originadas en cuestiones de forma y no de fondo.
Ninguno de ellos creía que correspondía o debía liberársele. Se impuso
la tesis de que su liberación era inevitable. La presión del gobierno
de los Estados Unidos — expresada también en la explícita mención del
caso por parte del presidente Carter durante la visita del general
Videla a Washington- condujo a un compromiso entre las distintas
facciones al disponer que Timerman fuera puesto bajo arresto
domiciliario. El traslado de la prisión a su casa provocó que se
distribuyeran volantes por las calles de Buenos Aires, caratulándolo
como "representante del Sionismo Internacional" y caracterizando al
sionismo como terrorismo (57). La creciente presión internacional llevó
al presidente de la junta militar a montar una operación sorpresa para
sacarlo de su casa y transportarlo al exterior, desde donde continuaría
su viaje con destino a Israel. Tal operativo llevó prácticamente a lo
que puede ser considerado como un amotinamiento de la fracción "dura"
del general Menéndez.
La insatisfacción de los mismos puede atribuirse a la percepción por
parte del grupo más extremo, de que claudicar frente a la presión
internacional judía y sus ramificaciones que se manifestaban a través
de Israel y Estados Unidos, entre otros, podrían resultar un primer
paso hacia la derrota frente a las fuerzas hostiles en el mundo. Por lo
tanto, se trataba de resistir en esos momentos a una presión que
posteriormente podría llevar a la estrangulación del régimen.
Los interrogatorios descriptos en el libro de Timerman no dejan lugar a
duda la relación que se hace entre actividades judías y sionistas. Se
destaca el especial interés en su autodeterminación como sionista, en
si conoce al embajador de Israel, si viajó a Israel, sobre las posibles
relaciones del ex-premier de Israel, Beguin (quien en su juventud fuera
jefe de uno de los movimientos clandestinos antibritánicos en Palestina
antes de 1948), con la guerrilla montonera, etc. ¿A qué tipo de
conspiración pertenecía: a la israelí, a la rusa o a la norteamericana?
También la insistencia en que conectara su supuesto marxismo a su
filiación sionista. Finalmente, se contentaron con su declaración de
que era sionista, pero -según interpretaron los militares- del tipo que
utilizaba el marxismo como instrumento dialéctico para explicar las
contradicciones de la sociedad.
Preguntas a otros prisioneros judíos se relacionan a las actividades de
los emisarios de Israel con la comunidad judía en Argentina y a las
actividades de organizaciones juveniles sionistas (58). Finalmente, la
conexión entre Israel, la conspiración mundial y la anti-patria, se
destaca en los repetidos interrogatorios sobre el llamado "Plan
Andinia". De acuerdo a esa superchería, la comunidad judía de Estados
Unidos había enviado un rabino a Buenos Aires para entrevistarse con
influyentes judíos locales e inducirlos a comprar tierras en la
Patagonia, a fin de poder llegar a establecer en la zona sur de
Argentina un "segundo Estado Israelita", que se denominaría Andinia.
Este infundio parecería justificarse, dado los peligros que se
encontraba atravesando Israel, en la incierta situación del Medio
Oriente. Aparentemente, la creencia de que este fuera un plan factible
era bastante extensa dentro de los militares. El tema es mencionado por
varias víctimas y a Timerman le preguntaron "qué tropas espera Israel
utilizar para implementar el Plan Andinia" (59). Juan Ramón Nazar
(CONADEP Legajo nº 1557) declara sobre uno de los interrogatorios a que
fué sometido: " Los individuos mostraban una fuerte actitud antisemita.
Me preguntaron si conocía el Plan Andinia, por el cual Israel se
quedaría con una parte de la Patagonia".
Las organizaciones judías internacionales ante la represión y el antisemitismo
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El rescate de judíos
sometidos a cualquier forma de opresión ha constituído una de las
mayores preocupaciones de las comunidades judías a través de la
historia. En la época moderna se fundaron instituciones cuyo expreso
propósito era socorrer a los judíos en peligro. Tal es el caso, entre
otras, de la Alliance Israélite Universelle (Paris, 1860), el American
Jewish Committee (Nueva York, 1906) y la Anti.Defamation League de la
B'nai B'rith (Nueva York, 1913). Durante la época del nazismo, se
replanteó el rol de las organizaciones y comunidades judías del mundo
libre en el rescate de judíos. En la Argentina, la misma cuestión fue
formulada durante la dictadura 1976-83, en particular a raíz de la
publicación en Estados Unidos del libro de J.Timerman Prisoner Without
a Name, Cell Without a Number (1981).
En este apartado del Informe, nos limitaremos a reseñar los aspectos
más relevantes del rol de las principales organizaciones judías de los
EE.UU. durante los años de la represión militar y específicamente, su
trabajo en defensa de las víctimas del antisemitismo. Hoy, bajo la
perspectiva de más de veinte años, la dimensión del genocidio de judíos
argentinos que surge de este Informe, permite valorar con mayor
reconocimiento el extraordinario servicio que varias de ellas prestaron
a la movilización internacional en favor de las víctimas.
El listado de organizaciones judías norteamericanas es extenso. Hemos
considerado aquellas que tuvieron un papel relevante en la
materialización de la presión internacional sobre la junta militar
argentina:
El American Jewish Committee (AJC). Establecido a principios de siglo
con el objeto de proteger los derechos civiles y religiosos de los
judíos de todo el mundo. En los años de la posguerra la AJC expandió su
programa a un nivel mundial, incluyendo en el mismo importantes
contribuciones a favor de las comunidades judías del Medio Oriente y de
América Latina.
La
B'nai Brith es una fraternidad judía fundada en 1843, dedicada a
promover los intereses judíos y generales en ámbitos culturales,
filantrópicos y sociales. Cuando el antisemitismo norteamericano se
incrementó en vísperas de la Primera Guerra Mundial, B'nai Brith
estableció la Anti-Defamation League (ADL), cuyo propósito principal
era fortalecer el entendimiento y la cooperación entre las diversas
comunidades religiosas, mejorar las relaciones entre los grupos
raciales y, sobre todo, proteger los derechos de los judíos frente al
acoso antisemita.
AJC y ADL han sido las de más destacada presencia en el campo de la lucha contra la intolerancia y el antisemitismo. La AJC estableció su oficina en Buenos Aires en 1948 y allí funcionó hasta que en 1977, cuando amenazas antisemitas contra la persona y familia de Jacobo Kovadloff, motivaron su clausura y traslado a Nueva York. Por su parte la ADL estableció en la sede de Nueva York una sección de Asuntos Latinoamericanos, dirigida por el rabino Morton M. Rosenthal.
Víctor A. Mirelman
desarrolló una investigación completa sobre este tema en base -entre
otros- al material de archivo del AJC y la ADL depositado en sus
respectivas sedes de Nueva York. El acceso a los mismos fue facilitado
por Jacobo Kovadloff y Morton M. Rosenthal. Asimismo, gracias a la
cooperación del Dr.Karl Zukerman, pudo consultar los archivos de la
Hebrew Immigrant Aid Society (HIAS) (60).
Los testimonios directos o indirectos que con posterioridad al golpe
militar fueron llegando a las diferentes organizaciones a través de
múltiples canales, permitieron componer un cuadro de situación
altamente preocupante, que requería una urgente movilización ante
circunstancias que sólo tenían como precedentes los acontecimientos de
la Segunda Guerra y las purgas antisemitas de Stalin. El 16 de
noviembre de 1976, el gran rabino de la Argentina, Menahem Fitterman,
se reunió en Nueva York con un pequeño grupo de dirigentes de AJC, ADL
y el American Jewish Congress, y ofreció una alarmante evaluación de la
situación. Insistió en que las organizaciones judías internacionales
debían salvar a los judíos argentinos y sacarlos del país (61). Por
circunstancias como ésta y por la percepción directa que algunos
dirigentes judíos internacionales pudieron tener, pensaron que la
comunidad debía estar preparada para la peor de las eventualidades, y
organizarse para una posible evacuación. La oficina de la HIAS en
Buenos Aires tomó precauciones después del golpe de 1976 y estableció
contactos con varios consulados locales, especialmente los de Canadá,
Australia y Gran Bretaña, en tanto actuaba como representante de Nueva
Zelandia. La conexión con los países europeos estuvo a cargo de la
central de HIAS en Ginebra. La oficina de Montreal permaneció en
contacto con las autoridades canadienses a cargo de asuntos de empleo e
inmigración (62).
En 1977, altos dirigentes de la HIAS visitaron cuatro países del cono
sur y se reunieron con miembros de AMIA (comunidad ashkenazi de Buenos
Aires) y la Joint (American Jewish Joint Distribution Committee) para
planificar un eventual rescate de los judíos argentinos. La HIAS y la
Joint formalizaron contactos con las organizaciones centrales del los
judíos en Argentina y con la AJC y ADL en Nueva York, para contribuir
-si las circunstacias lo requerían- a un éxodo organizado (63).
El conocimiento directo que ADL y AJC tenían de la represión en los
centros clandestinos de detención, especialmente dura con los judíos,
el añadido de la crisis económica y los diversos atentados y campañas
antijudías que se explicitan en este Informe, hicieron temer con
fundamento, un brote antisemita generalizado. La prensa internacional
informó, principalmente la israelí, que la HIAS había preparado un plan
de evacuación aérea de 350.000 judíos a Brasil, como primer asilo,
previo a una posterior derivación a otros países. Según Edwin Shapiro,
presidente de la HIAS, el presidente de Brasil general Figueiredo se
habría comprometido a este primer asilo (64). Por su parte, Mirelman
afirma que el gobierno israelí y la Agencia Judía (organización
responsable de canalizar la emigración judía a Israel) también
consideraron esa posiblidad. Ya sobre finales de 1976, Albert
Schindler, rabino y vicepresidente ejecutivo de la Union of America
Hebrew Congregations se dirigió a las autoridades del Departamento de
Estado y obtuvo la promesa de que, llegado el caso, los Estados Unidos
extenderían 100.000 visas a refugiados judíos provenientes de Argentina
(65).
La organizaciones judías de EE.UU. realizaron intensas y permanentes
gestiones ante el Secretario de Estado y ante miembros del Congreso
norteamericano que obtuvieron resultados en casos específicos por la
mejora de la situación de prisioneros o la aparición con vida de algún
secuestrado, pero no implicaron un cambio relevante en la acción
represiva cotidiana que se practicaba en los centros de detención en
relación con los prisioneros judíos.
En septiembre de 1979, el rabino Joseph Glaser, en su viaje a Buenos
Aires en representación del movimiento reformista de EE.UU., fue
portador de un listado de detenidos o detenidos-desaparecidos cuyo
número ascendía a 1.200. La misma formó parte de Proyecto Prisioneros
en la Argentina (Argentine Prisoners Project) que el rabino Rosenthal
de la ADL intentó, sin éxito, llevar adelante con el apoyo relativo de
las organizaciones judías locales y la embajada de Israel en Buenos
Aires.
Existieron determinados casos en que fue necesaria la sumatoria de una
movilización diplomática, presiones económicas y activación de alguna
congregación religiosa e incluso la intervención de algún cardenal
católico, para salvar una vida. Numerosos testimonios de personalidades
judías que actuaron en esa época, revelan al describir sus gestiones
ante la junta militar, la enorme resistencia que encontraban en los
militares para lograr tan sólo el reconocimiento de que determinada
persona se encontraba detenida en un centro de detención.
Su mayor efectividad se materializó en la difusión y movilización
internacional con referencia a la 'cuestión judía' durante la dictadura
argentina y en atenuar las campañas y atentados antisemitas.
No obstante, cabe preguntarse, a la luz de los resultados obtenidos,
respecto al manejo de los instrumentos que en aquellos años ofrecía la
acción diplomática de terceros países y la movilización de las
organizaciones humanitarias internacionales, en la opción 'diplomacia
silenciosa' versus 'denuncia pública' y en que grado la primera se
constituyó en gran medida y en la mayoría de los casos, en una coartada
para, con una actitud de 'dejar hacer', ocultar compromisos económicos
o complicidades políticas injustificables.
A pesar de ser complejo evaluar el alcance de la acción de las
organizaciones judías norteamericanas, la documentación aportada en el
trabajo de Mirelman revela que los efectos fueron importantes y que por
lo menos obligaron a la junta militar a contener su brutal y
desproporcionada acción represiva sobre los prisioneros de origen
judío. Si a pesar de esta intervención internacional, la judeofobia del
régimen ascendió a los niveles que este Informe pone en evidencia, no
es difícil imaginar los límites que se hubieran podido alcanzar si esta
intervención no se hubiera producido. Los horrores del régimen militar
eran menos evidentes dentro de la Argentina que vistos a la distancia.
Según Mirelman, el régimen fue descripto como "un sistema infinitamente
más difuso, refinado y escondido" en el que los prisioneros eran
transferidos de un lugar a otro y la compartimentación de las zonas
militares de represión dificultaba aun más la acción de los familiares
o las organizaciones humanitarias. Por efecto del terror del sistema
represivo, las organizaciones internacionales judías y observadores
diplomáticos notaron en la población, por una parte, una determinación
de ignorar los horrores del régimen, y por otra, un temor indefinible
no sólo a hablar, sino también por su presente y futuro en un nivel
personal.
En general, la intervención de las organizaciones judías
norteamericanas, cumplió el complejo doble papel de actuar de
conformidad con su propio análisis de la grave situación de los
prisioneros que respondía a las perentorias demandas de los familiares,
y al mismo tiempo, aliviar en una importante medida la situación
comprometida a que se vieron sometidas las organizaciones locales como
consecuencia de su proximidad a una realidad de gran violencia
institucional hacia los ciudadanos en general y hacia los ciudadanos
judíos en particular.
Esta síntesis permite dimensionar desde la óptica de estas
organizaciones, avezadas en la defensa internacional de los judíos
frente al antisemitismo, la calidad y profundidad de la persecución
producida sobre los judíos argentinos. Para esto, cada una de ellas, en
correspondencia con su percepción de la realidad, se sintieron
moralmente justificadas a intervenir y moralmente obligadas a
hacerlo.