Conclusión sobre el eslabonamiento
internacional represivo
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Resulta forzoso mencionar el resonante caso del delincuente
norteamericano Michael Townley, quien declaró pormenorizadamente la
autoría de crímenes contra personalidades de Chile y de Bolivia, ante
los tribunales de Estados Unidos.
En efecto, confesó su intervención protagónica en el atentado que se
consumó en la ciudad de Washington -EE.UU.- contra el ex canciller
chileno Dr. Orlando Letelier y su secretaria, por mandamiento de la
famosa «D.I.N.A.», policía política trasandina, a causa de lo cual la
Justicia norteamericana solicitó la extradición de los más altos Jefes
de este servicio chileno para ser procesados en los EE.UU.
Además de ello, como surge de las informaciones periodísticas, también
se confesó autor de los asesinatos, en territorio argentino, del
General chileno Carlos Prats, Comandante en Jefe del Ejército, y su
esposa, y asimismo del General boliviano Juan José Torres (« Presidente
de la Nación en su país), igualmente en la ciudad de Buenos Aires. Con
motivo de estas declaraciones, el Poder Judicial argentino solicitó la
extradición de Townley para procesarlo aquí.
En virtud de todas estas conexiones manifiestas, en su momento esta
Comisión ha incluido, en su denuncia radicada ante el Juzgado Penal N°
1 de la ciudad de La Plata, en razón de los campos clandestinos
destinados al tormento, interrogatorio, alojamiento y traslado de
detenidos políticos, ubicados en la Provincia de Buenos Aires, la
siguiente formulación:
«Finalmente, se debe destacar por su importancia institucional, la aseveración de distintos testigos acerca de un hecho extremadamente grave: la presencia de funcionarios uruguayos ejerciendo la represión ilegal en territorio argentino. Para describir esto, corresponde indicar ante todo que ha sido vista en cautiverio en el "Pozo de Quilmes" una cantidat de personas de ambos sexos de nacionalidad uruguaya.
A partir de lo cual adquieren un alto grado de cretibilidad los dichos de lllarzen en el sentido de que uno de los detenidos, de apellido Sobrino, le explicó que quien en Quilmes aparecería como oficial uruguayo represor de mayor rango, de nombre Ariel Pretel -o Prete- había sido funcionario en un establecimiento Penal de la ciudad de Montevideo , donde Sobrino había estado internado como presidiario, por lo cual lo reconocía personalmente».
Estas evidencias deben merecer de la autoridad constitucional argentina
el mayor celo revisor, con el afán impostergable de garantizar el
ejercicio pleno de la soberanía de la Nación en el control exhaustivo
sobre las eventuales vinculaciones ilegítimas de personal de nuestro
país con funcionarios extranjeros.