«Los cadáveres no se entregan...»
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El padre de Elena Arce
Sahores (Legajo N° 4272) nos hace un doloroso pero patético relato
sobre la desaparición de su hija. Los datos que aporta y las
constancias existentes confirman plenamente que fue secuestrada por el
Grupo Operaciones 113 y alojada durante 10 días en la Comisaría 8va. de
La Plata.
Todas las gestiones por recuperar a su hija fueron inútiles.
Finalmente, en base a la relación de un matrimonio amigo, logra
entrevistarse con un Coronel de Ejército quien le promete interesarse
en su caso.
«...Efectivamente esto ocurrió, confirmándose la detención en un operativo antisubversivo, no aclarándome mayores detalles y terminando con una frase que me quedó grabada a fuego: "No la busque más a Elena, ya dejó de sufrir, ojalá que esté en el cielo". Me explicó la faz técnica de este tipo de operativo, a los que denominó "en blanco" o "en negro", según el personal interviniente usara o no uniforme. En fin, el relato fue truculento. Días después, repuesto de este shock, volvía a ponerme en contacto en su domicilio y le reclamé el cadáver de mi hija, a lo que respondió: "Los cadáveres no se entregan..."»
Debió de ser cierto. El país ha sido sembrado de cuerpos de personas no
identificadas, sepultadas individual o colectivamente, en forma ilegal
y clandestina . Están en los cementerios, en descampados, en los ríos,
en los diques, y según ya hemos visto, también en el mar.
Esta constatación alcanza actualmente una dimensión inimaginable -hasta
hace unos años cuando algunas comprobaciones aisladas alimentaron la
ilusión de que semejante cuadro no podía ser el indicio de una práctica
generalizada. Sin embargo, la evidencia ya se instaló entre nosotros,
alcanzando en los últimos meses la difusión casi cotidiana de
testimonios, actuaciones judiciales y notas periodísticas que dieron
cuenta de los hallazgos.