Emplazamiento de los C.C.D.
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En cuanto a su construcción,
fueron en algunos casos dependencias que ya funcionaban anteriormente
como sitios de detención. En otros, se trato de locales civiles,
dependencias policiales e, inclusive, asentamientos de las mismas
Fuerzas Armadas, acondicionados ex profeso para funcionar como C.C.D.
Todos ellos estaban supeditados a la autoridad militar con jurisdicción
sobre cada area.
Dependencias militares como la Escuela de Mecánica de la Armada, en
Capital Federa1; La Perla en Córdoba; Liceo Militar de Mendoza y Campo
de Mayo son ejemplos al respecto.
Los que con mayor frecuencia fueron utilizados como campos de
concentración fueron los destacamentos y comisarias. Es el caso del I
Cuerpo de Ejército, dado que - a pesar de que existen testimonios de
que por allí pasaron algunas personas desaparecidas - , en la mayoría
de los casos mantuvo, entre 1976 y 1979, a sus detenidos en locales
bajo control de la Policía Federal y de la Provincia de Buenos Aires.
Nos referimos a COT I Martínez, Puesto Vasco, Pozo de Banfield, Pozo de
Quilmes, Brigada de Investigaciones de La Plata, Arana, Atlético,
Banco, Olimpo, Monte Pelone, El Vesubio o Automotores Orletti, todos
dentro de su area operacional. Entre las excepciones podemos mencionar
la del Sr. Federico Vogelius, argentino, empresario y hacendado, que
fue secuestrado con fines extorsivos en setiembre de 1977. El lugar de
su secuestro: El Comando del Cuerpo de Ejército I. Fue liberado después
de 25 meses de cautiverio en diversos C.C.D. y de haber sufrido condena
por un Consejo de Guerra.
Los denominados LT (Lugar Transitorio de Detención) por las fuerzas
armadas y de seguridad fueron centros que servían como primera
instancia de interrogatorio, en los cuales se decidía si el secuestrado
era liberado o trasladado a un LD (Lugar Definitivo).
Cuando se trató de dependencias hasta entonces utilizadas para
detenidos comunes, ante la brusca afluencia de personas llevadas por
las patotas, las condiciones de encierro se vieron agravadas,
transformándose así esos lugares en verdaderos infiernos.
«Dormíamos en las celdas -testimonia la licenciada Adriana Calvo de Laborde (Legajo N° 2531) de a dos, tres o cuatro, según cuantas fuéramos, sobre el piso de cemento y sin ningún tipo de abrigo. En la Comisaría 5a. de La Plata las puertas se cerraban con candado, y cada calabozo media aproximadamente 2 metros por 1,5. Luego me trasladaron al Pozo de Banfield.
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...Allí las condiciones de encierro no mejoraron, sino todo lo contrario. El régimen era mucho más estricto que en la 5a. Solamente salíamos para comer una vez cada dos días. En cada celda había tres o más mujeres y el inodoro era una botella de lavandina cortada arriba».