La tortura como sistema de aniquilamiento
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Podemos
afirmar que prácticamente todos los detenidos durante el primer año de
la dictadura militar fueron sometidos a diversos apremios ilegales.
Estos comenzaban con el hecho mismo de la detención, ejerciendo un
violencia injustificada, amenazando y lo que se constituyó en una casi
invariable modalidad represiva: tapando la visión de las víctimas con
vendas o capuchas, con la intención de no ser reconocidos en le futuro
e impedir la localización de los lugares de enclaustramiento. La
evidente «irregularidad» del procedimiento generaba en el preso la
certidumbre de su virtual secuestro y con ello el padecimiento que
producía su total desamparo. Pero esto era simplemente el comienzo,
pues luego venía todo lo demás: los golpes de puño y con objetos
contundentes, la asfixia por inmersión o impidiendo la respiración con
bolsa de polietileno que tapaban la cabeza («submarinos o mojarritas»);
la aplicación de descargas eléctricas («picana») sobre partes más
sensibles del cuerpo, previa colocación de un elástico de cama y atar
las extremidades de la víctima, que normalmente era desnudada para las
sesiones; las quemaduras generalmente provocadas por cigarrillos que
eran apagados en el cuerpo inerme del detenido y que luego, por falta
de atención médica y el medio insalubre en que se los tenía postrados,
producían infecciones en las llagas abiertas; el simulacro de
fusilamiento; el obligar a presenciar a un familiar la tortura salvaje
de su padre, hijo, esposa, hermano, todo ese mundo de horror, hacen que
razones de necesidad pública tornen imperativo dejar de una lado un
natural pudor a quien ingresa en su conocimiento.
Seguidamente, a mero título ejemplificativo, se refieren diversos casos
concretos; ellos se presentan clasificados según los lugares de
detención en que se produjeron las torturas.
1) Campo La Perla
J.L.-A. 35-(*)
Obrero metalúrgico, empleado en FIAT CONCORD, que fuera secuestrado el
22 de noviembre de 1976, de su domicilio particular, relata lo
siguiente:
«En dicha pieza había un perchero en el cual estaban colgados un palo,
una cadena y una cachiporra; también había un escritorio en el que se
encontraba una persona. Procede a sacarle la venda y se encuentra con
el mismo sujeto que aparentemente dirigió el operativo de su secuestro.
Luego por comentarios recibidos piensa que se trata de Acosta... le
hace comprender que allí ellos dominaban la situación (...) Acto
seguido demuestra en los hechos lo antedicho, procediendo a golpearlo
con una cadena, el palo y la cachiporra de goma, diciéndole en cada
oportunidad qué elemento usaba. Además lo golpeaba con el puño. El
compareciente en esos momentos continuaba sin vendas, pero atadas las
manos...»
N.T.P. -P.33(*)
Se encontraba embarazada y fue secuestrada en circunstancias de haber
concurrido a la Maternidad Nacional de Córdoba a realizar un control de
embarazo. En su denuncia manifiesta que:
«...al detenerse el vehículo, la sacan del mismo y a empujones la van
llevando, vendada y encapuchada hacia un lugar cubierto. Allí comienzan
a propinarle una feroz golpiza; preferentemente en el vientre y en la
cabeza. Mientras la golpean le gritan que van a matar a la criatura que
lleva en el vientre. La insultan y amenazan permanentemente. En un
momento dado le dicen: «estás desaparecida en la Perla. De aquí ni
Dios, ni el Papa, ni el presidente te sacan...»
C.M.S. -S.49 (*)
Detenido el 9 de marzo de 1977, en horas de la mañana, cuando se
dirigía a su trabajo. Lo que sigue, es el relato de sus
procedimientos:
«... durante varios días fui sometido a todo tipo de tormentos. Golpes
de puño, patadas, golpes con gomas y palos, asfixia con agua o bolsas
de nylon (submarino húmedo o seco), según la siniestra inventiva de los
torturadores. Varias veces me colgaron de un palo atravesado en la
espalda y durante cinco noches me ataron desnudo a una cama de metal,
dándome descargas eléctricas, por todo el cuerpo, mojándome de tanto en
tanto (...) Mientras estuve allí detenido, estaba en la cuadra conmigo
un joven Alejandro Monjeau (...) fue brutalmente torturado y su agonía
duro varios días; yo escuché constantemente sus gemidos de dolor y
según unos «destabicados» que lo atendían, tenía reventada la vejiga y
declarado por ello una infección generalizada en su aparato
genital...»
Todas estas declaraciones fueron ratificadas ante la Justicia en las
distintas causas que se instruyen, y aunque resulte agobiante, es
preciso proseguir con esta dolorosa ejemplificación.
O.H.L. -L.30 (*)
Secuestrado el 23 de abril de 1977, a las 20,30 aproximadamente. Relata:
«...me di cuenta que íbamos al Oeste de la ciudad, era la ruta 20.
Camino a Carlos Paz (...) fui introducido en una oficina, atado a una
silla, sin golpes. Me empezaron a hablar de la guerra que estaban
desarrollando y que yo tenía que colaborar con ellos, el Ejército
Argentino. Ante respuestas mías que fueron consideradas evasivas,
empezaron los golpes de todo tipo, cada vez más fuertes y salvajes,
entre ellos un cable alta tensión, un martillo de madera, de esos
utilizados para machacar carne, en cuyo mango estaba escrito «para
amasar zurdos y sionistas». Luego me llevaron a la parrilla, en la
jerga de esos elementos, o sea la picana eléctrica. Me ataron a una
cama con dos cintos en las muñecas y dos sogas de plástico con nudos
corredizas en los pies. Aplicaban la picana en todos lados, pero
principalmente en los genitales, en la boca. Uno de los verdugos se
reía a carcajadas mientras aplicaba su «sabiduría inhumana». Varias
veces perdía el conocimiento, varias veces se me aplicaron fuertes
golpes en el pecho para hacerme reaccionar y luego de no se cuanto
tiempo me sacaron de ese pequeño infierno, en el que uno está solo con
su conciencia. Me llevaron a un galpón grande y largo en el que había
otra gente que se quejaba y lloraba de dolor. Otros cuidaban de
nosotros, pero también detenidos; los días 24, 25 y 26 furon lo mismo,
pero con más brutalidad; (...) el día 27 de abril al mediodía o cerca
de él, fui dejado solo, después de una sesión de tortura. Uno de los
cintos que sujetaban mi muñeca se había aflojado o roto y pude soltar
un brazo y así con éste, desatarme completamente. Lo primero que
intenté fue huir, pero la puerta estaba cerrada con llave. El
cansancio, la desesperación, mi dignidad de ser humano por el suelo al
ser tratado peor que los animales - éstos matan por necesidad, nunca
por placer-, el no querer jugar más con mi resistencia, para no llevar
a otros a esta situación, hicieron que tomara la determinación de
quitarme la vida. Primero quise quitármela ahogándome en un tacho de
200 litros con agua que ellos tenían para torturar, pero no pude. En un
rincón había una sierra y con ella intenté cortarme las venas, pero no
pude tampoco; entonces rompí una botella de desodorante de la cuál
salió un vidrio muy filoso con el que procedí a cortarme las muñecas y
las articulaciones de los brazos. A todo esto, para darme fuerzas, me
había hecho con un cepillo de dientes que había encontrado tirado en la
cuadra el día anterior, una cruz con la que me encomendé a Dios. Poco
después perdí el conocimiento y desperté en una sala del Hospital
Militar, con sangre y suero. Luego me enteré que se me había practicado
una flebotomía. En la habitación contigua estaba una mujer embarazada
de apellido Piazza, dicho por los soldados de la guardia...»
En el capitulo anterior se hizo referencia al doctor Eduardo Jorge
Valverde, que se presentó espontáneamente ante una citación de personal
militar perteneciente a la Fuerza Aérea y que quedó detenido.
E.P.G.F., con respecto a este caso, testimonió ante esta Comisión y dijo:
«Llegamos a un lugar edificado, donde nos desatan; una persona me entra
a pegar, gritando como un loco. Reconozco que la voz de la persona que
me pegaba y gritaba era Jorge Pereyra (...) cuando más o menos tomo
conciencia del lugar, escuché que estaban interrogando violentamente a
una persona que se llamaba Eduardo Valverde; le preguntaban
constantemente por su nombre de guerra, a lo que éste niega o cuando la
golpiza era más tremenda, contesta: «Eduardo Valverde o Valverde
Eduardo o doctor Valverde» (...) a la noche demoran mucho tiempo en
interrogarlo a Valverde de nuevo, al que presumo pueden haberlo sacado
ese día a la tarde junto a la pareja antes mencionada y a otros. Fue
retirado por un carcelero muy cruel e histriónico, que con voz chillona
nos llamaba muertos en vida, futuros fiambres etc. Valverde vuelve al
noche muy distinto, con voz muy quebrada y es golpeado e interrogado
durante varias horas, hasta que pierde la voz, descansan y vuelven a
empezar. El interrogatorio se centra nuevamente en el nombre de guerra
de éste, a lo que el prisionero insiste en responder llamarse Eduardo
Valverde o Valverde Eduardo (...) El oficial vuelve enfurecido y
alcanza a escuchar gritos, la voz de Valverde ya no se escucha, y lo
último que siento es la voz de Pereyra que dice «metelo con ropas y
todo» (...) supuestamente el día 28 de marzo sacaron a varios
prisioneros creo que entre ellos iba Valverde, ya que no se lo escuchó
nunca más, o bien pudo ser el 27 a la noche durante el último
interrogatorio que sentí...»
El testigo, parte de cuya declaración se acaba de trasncribir, es uno
de los ciudadanos que el 3 de mayo de 1984 participó en el
reconocimiento de ese centro de tortura y extermino que fue la Perla,
hoy cuartel del Escuadrón de Caballería Aero Transportada 4. Ese día,
acompañado por miembros de la Comisión nacional sobre la Desaparición
de Personas y de ésta Delegación, en presencia del Comandante del III
Cuerpo de Ejército, general Mansilla, del Segundo Comandante, coronel
Lullo, y del Comandante de la IV Brigada de Tropas Aero Transportadas,
coronel Ramírez, reconoció el lugar de su cautiverio. Del acta que se
le levantó con tal motivo, se extracta lo siguiente:
«...aquí fui traído para interrogarme, había un elástico igual que el
que está, una lámpara de pie ubicada en el rincón derecho, una mesa con
una máquina de escribir igual a la que está, en el elástico estaba el
doctor Eduardo Valverde (...) que mientras una persona a la que le
decían «Capitán» le tomaba los datos personales y de sus hermanos, un
grupo de personas golpeaba con los puños y puntapiés a Valverde que
estaba en el elástico de la cama, a la vez que lo llamaban por su
apellido y le exigían que diera su nombre de guerra; que la persona que
estaba siendo golpeada contesta que se llama Eduardo Valverde...»
De la querella iniciada por la esposa del doctor Valverde (Expediente
15-M-83) ante el Juzgado Federal Nº1 de esta ciudad, con fecha 17 de
mayo de 1984, el magistrado dictó la resolución mediante la cual
declara su incompetencia para seguir entendiendo en la causa, ordenando
su remisión al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas; en uno de los
considerandos dice:
«Que respecto a la cuestión a resolver, analizando la causa y valorando
los testimonios de los doctores Erio Alfredo Bonetto (fs 36) Osvaldo
Amadeo Bearzotti (fs 46), Jorge Alberto Furque (fs 48) y los términos
de la denuncia (fs 48) y los términos de la denuncia (fs 7-13) surge
con claridad que el doctor Eduardo Valverde se presentó en forma
espontánea ante el puesto de guardia ubicado en el Hospital
Aeronáutico, sito en avenida Colón esquina Jujuy de esta ciudad, donde
quedó detenido y posteriormente conducido ante un pedido del III Cuerpo
de Ejército a la cárcel Militar «Campo de la Ribera», esto es bajo
Jurisdicción militar.»
O.L.V. -V.34- (*)
Secuestrado, que fuera detenido junto con su esposa el 21 de abril de
1977 en horas de la noche, relata sus tormentos en los siguientes
términos:
«...Allí me separan de mi mujer y me llevan a una habitación donde
varias personas vestidas de civil, a patadas y trompadas me tiran sobre
una mesa y me preguntan por mi hermano L. E., que era delegado del
Banco (...) y militante peronista. Luego me ponen un bolsa de plástico
sobre la cabeza, para asfixiarme; después entra un individuo y dice que
me saquen y lleven a la parrilla. Soy trasladado a otra pieza donde me
desnudan y me tiran sobre una cama de metal, atándome de pies y manos,
en cruz. Comienzan a pasarme corriente eléctrica por todo el cuerpo,
especialmente en la zona de los genitales. Había varias personas que se
hacían llamar «H. B.» «Vergara». «Paco» y una doctora «Dorita». Me
dijeron que eran del Comando Libertadores de América y que me iban a
matar a mi y a toda mi familia... «ni tu viejo se va a salvar y lo
vamos a investigar por subversivo», se referían a mi padre que es
comodoro retirado. En esos momentos traen a mi mujer para que presencie
cómo me torturaban. Siempre preguntándome sobre mi hermano; luego me
sacan del cuarto. Me gritan que a mi mujer la están torturando lo mismo
que antes habían hecho conmigo. Me llevaron alzado a una oficina, donde
a golpes propinados por un palo en el cuerpo y los dedos de los pies,
me preguntan por mis datos personales. El interrogatorio se basa sobre
las actividades de mi hermano L. E. mostrándome una foto del mismo. Me
dicen que a mi hermano no lo buscan por haber matado a alguien, sino
que es peligroso por su representatividad en el Banco y quieren que
participe en una reunión política sobre la infiltración de la
subversión en los gremios, en la Iglesia con los curas del tercer mundo
y hasta en las Fuerzas Armadas. Monseñor Primatesta era considerado el
Obispo rojo y además dicen que ellos tenían las manos manchadas de
sangre de obispos (por lo de Monseñor Angelelli), y que de ése lugar no
saldríamos vivos. En otro momento de la conversación, dicen pertenecer
a un grupo de ideología fascista, siendo ellos oficiales y suboficiales
del Ejército, cuyo jefe era el general Menéndez. Despotrican contra el
general Videla, al que consideran un traidor. Me dieron muchos datos
sobre mi hermano, mostrándome, además, un croquis en donde tenían
nombres de personas, a cuyos lados figuraban las palabras muertos, en
la cárcel, o fugados. En la pared había una maza de madera con una
cadena colgando sobre un afiche que decía: El Ejército nació con la
Patria el 25 de Mayo de 1810..»
2) La Perla Chica (Malagueño)
E. V. A. -22-(*)
Médico y docente, manifiesta:
«Que después de recobrar la libertad a fines de junio de 1978, es
detenido nuevamente el día 6 de julio de 1978, por el teniente o
subteniente Jorge Afani (Affani) y tropa a su mando. En el mismo
procedimiento habían detenido al ciudadano P.P., domiciliado en Villa
Nueva...son trasladados, la madrugada siguiente, en un camión al
parecer Mercedes Benz, con caja cerrada. Iban vendados y esposados con
las manos atrás. Partieron con rumbo desconocido haciendo una parada
previa, hasta llegara un lugar, que después se enteraría que estaba en
las proximidades de la ruta Córdoba- Carlos Paz, dado que pudo
observarla, además de un puente sobre nivel y una edificación alta al
frente (...) los ponen en una habitación de muy pocas dimensiones,
alrededor de diez personas, paradas vendadas, con las manos atadas
atrás. Recuerda que al doctor B., además de ésto, le ataron los pies y
le pusieron una mordaza. Calcula que allí estuvieron siete o nueve
días; no lo dejaban dormir ni apoyarse en la pared, ni aflojar las
rodillas. Al que veían que lo hacía lo castigaban duramente. No les
dieron de comer alimentos sólidos y únicamente les permitieron tomar
líquidos...»
Con fecha 3/5/84, el doctor E.V.A., junto a la CONADEP, se constituyó
en dependencias de la sección Explotación del Comando del III Cuerpo de
Ejército y procedió a efectuar un reconocimiento in situ del lugar.
P. P. -P.12-
Plomero y gasista. Testimonia:
«para el mundial de 1978, fue detenido con E. A., médico (...) los
llevan a una habitación pequeña, donde pasaron una semana
aproximadamente, parados, vendados, atados de pies y manos con alambres
o cables, sin comer casi y bebiendo de vez en cuando agua salada. Allí
debían hacer sus necesidades, ayudándose unos con otros, convietiéndose
eso en un verdadero chiquero. El que se caía, vencido por el sueño,
cansancio o el hambre, era golpeado fuertemente. Recuerdo el caso de C.
D., persona mayor que se desmayó, fue muy castigado, no reaccionando,
lo que hizo que los secuestradores dijeran en una oportunidad: «a este
viejo lo vamos a llevar a los pozos», les ponían sonido permanente,
tipo onda de radio, o bien los hacían dar vueltas, atados unos con
otros, mientras los guardias gritaban a su alrededor de manera extraña,
todo conducente a la aniquilación psíquica de los detenidos (...) que
lo nombraban como H.B. o H. V.»
El declarante, el día 3/5/84, junto con la CONADEP reconoce a la
sección Explotación del Comando del III Cuerpo de Ejército, como la
dependencia en donde estuvo detenido.
3) Campo de La Ribera
Las aberraciones practicadas en los centros de detención clandestina,
parecieron no tener límites. Al Campo de la Ribera fue llevada una niña
de catorce años, ya ahora mayor de edad, quien relató así su triste
experiencia:
«La compareciente es conducida a otra cama (...) entrada la noche, se
acerca uno de los guardias y la amenaza con un arma, comienza a
desvestirla y manosearla. Debe declarar que se encontraba en ese
momento, atada de manos y de pies. Debido a la operación del tabique
nasal no podía respirar por la nariz, debiendo hacerlo con la boca. El
guardia colocó entonces el pene en la boca de la compareciente. De
inmediato, la señora que se encontraba en el piso, comenzó a gritar y
se despertaron todos, lo que obligó al guardia a que la dejara y
comenzara a prenderle la ropa...»
La declarante continúa:
«Al día siguiente la llevan al patio, previamente, una persona que dijo
ser médico, procedió, bruscamente a sacarle las vendas que con motivo
de su operación tenía en la nariz; dichas vendas se las habían colocado
en el hospital cuando la operaron, iban por dentro de la nariz llegando
casi hasta la garganta...»
Andrés Avelino Yrrazábal -Y.2- (*)
Gendarme, dice:
«...Pude escuchar, durante los interrogatorios, gritos de los
detenidos, originados en golpes que, luego, se manifestaban en las
dificultades que tenían los mismos en caminar de regreso hacia la
cuadra...»
José María Dominguez -D.25 (*)
Gendarme, testimonia:
«...En varias ocasiones conduje a los detenidos para ser interrogados y
pude ver, ingresando a dicha habitación, que en la misma había una
mesa, junto a un tambor de 200 litros de capacidad lleno de agua. Pude
observar cómo en los interrogatorios sumergían medio cuerpo de la
víctimas en el tambor de agua, en un procedimiento que conocían como
«submarino»...»
Carlos Beltrán -B.8 (*)
Gendarme, narra:
«...A veces llevaban a un detenido a interrogar y antes de ello, le
ordenaban a los gendarmes que lo «ablandaran». El «ablandamiento»,
consistía en que varios gendarmes conducían a los detenidos fuera del
edificio, en un terreno ubicado en las proximidades del río,
sometiéndolo a un duro castigo en dicho lugar. A veces, traíamos a los
detenidos luego del interrogatorio, quienes presentaban todo el aspecto
de haber sido muy golpeados, pues venían muy doloridos y en algunos
casos, no podían estar de pie. Yo mismo presencié como H. B. en una
oportunidad en que interrogaba a un joven proveniente de Tucumán, según
el mismo manifestó, golpeaba al mismo en la cabeza, con un trozo de
alambre tipo «San Martín», acerado...»
J.A.D. -D.2 (*)-
Expresa:
«...Dichos interrogatorios se efectuaban en una oficina más chica,
provista de un escritorio en que hacían colocar las manos para
golpearlas. Al observar los piletones que se encuentran ubicados en el
lateral de la galería, el testigo recuerda que fue objeto de la llamada
«mojarrita», procedimento por el que se sumerge la cabeza del individuo
en la pileta con agua. Durante su recorrida, el dicente manifiesta que
fue objeto de múltiples amenazas y vejámenes, teniendo que soportar
amenazas de muerte, golpes de puño en el estómago, patadas, golpes con
una barra de goma, etc...»
Lo antedicho consta en el acta de reconocimiento del Campo de la Ribera, efectuado entre otros por el testigo citado.
W.J.M. -M.12 (*)
Relata:
«...Que le consta que en dicho Campo se torturaba y que él mismo pudo
comprobarlo, cuando por parte del interrogador apodado «Gordo» fue
sometido a golpes de puño e inmersión de la cabeza dentro de una fuente
con agua (...) Que también fue testigo de la tortura a que fue sometida
S.P...»
4) Departamento Informaciones o División Inteligencia de la Policía de la Provincia
Hablaremos ahora de otro centro de tormentos: el Departamento
Informaciones o División Inteligencia de la Provincia de Córdoba.
L.A.U., agente, empleado de la policía, fue detenido el 12 de noviembre
de 1976 cuando prestaba servicios en el D-2 (Inteligencia) y sometido,
en circunstancias similares a las descriptas por los testimonios
anteriores a feroces tormentos. Por su conocimiento del personal de esa
repartición pudo identificar fácilmente a sus torturadores, entre
quienes mencionó al Sargento Gómez (a) «El gato», al oficial Salgado, a
los comisarios Romano y Tissera, al comisario principal Roselli.
Asimismo, logró reconocer la voz del asesor del Jefe de policía, un
teniente coronel cuyo nombre ignora, que participó activamente en la
tortura. También identificó a un ex-instructor de la Escuela de
Policía, que en ese entonces cumplía tareas en el Comando
Radioeléctrico, el oficial ayudante Dardo Rocha. Por último, reconoció
al oficial de guardia Francisco Gontero, quien desde una distancia de
cinco metros le efectuó tres disparos, uno de los cuales le atravesó la
pierna derecha a la altura de la rodilla. No contento con el resultado,
tomó un palo y lo introdujo en la herida, lacerandolo y haciendo luego
lo propio con el dedo. Previamente lo había dejado desangrarse por
espacio de media hora. En ese momento arribaron otras personas y el
torturador explicó su actitud afirmando que L.A.U. había pretendido
arrebatarle el arma y fugarse. Esto ocurrió el 16 de noviembre de 1976.
El testimonio de L.A.U. reviste particular significación porque además
de su experiencia individual como víctima, cuyos puntos salientes hemos
transcripto, describió en detalles la actividad y estructura de la
División Informaciones o Inteligencia.
V. S. -S.14-(*)
Detenido aproximadamente el 14 de noviembre de 1974 dice:
«...en esa oportunidad se me citó a comparecer al Pasaje Santa Catalina
donde estaba en ese momento Informaciones (Jefatura Central de Policía
frente a la Plaza San Martín) (...) se me hizo pasar adentro, donde en
un patio pequeño se procedió a vendarme los ojos y esposarme con las
manos para atrás, dejándome en el mismo lugar (...) después de esos dos
días, nos sacan a todos y nos llevan en un camión en el piso,
nuevamente al Departamento Informaciones de la Policía, donde
permanezco un mes aproximadamente. Nuevas sesiones de tortura con
picana, golpes, prácticamente todas las noches. Me cuelgan desnudo
contra la pared y me pegan con un cable en los testículos. Allí
reconozco porque se nombraba, al subcomisario Merlo o Moro, que era un
hombre alto, corpulento, cabello canoso, de allí su sobrenombre, lacio
peinado para atrás y voz gruesa. Otro de los que estaba era un tal
«Serpico», que era un individuo bajo, menudo, pelo corto y ondulado; la
«Tia Santucho» morocha, grandota y una tal «Chica de Cipol», rubia pelo
lacio, alta, de cuerpo mediano en peso, bastante linda y uno que creo
que era comisario, por cuanto todos le preguntaban a él. Era gordo,
medio bajo, voz amanerada, medio pelado y peinado a la gomina (...) nos
llevan de a uno, a una de la habitaciones, donde nos interrogaban
recibiendo fuertes golpes, junto con las preguntas. En la otra
habitación, donde estábamos todos juntos, nos hacen descalzar, pisar
agua y comienzan a aplicarnos la picana por distintas partes del
cuerpo. Cuando por el cansancio o el sueño me caigo, me levantan
violentamente, advierto que tengo roto el pantalón en la parte de atrás
y se procede a picanearme el ano y los testículos. Además me queman con
cigarrillos los brazos (...) una noche nos sacan a todos en un camión y
nos llevan a otra casa, presumiblemente en la zona La Calera. Me
torturan de continuo, sin interrogarme, con golpes, picana, quemadura
de cigarrillos. Además, nos esposaban a unos árboles y nos introducían
bichos en la boca, al escupirlos nos castigaban. En esa oportunidad me
sacaron las uñas de los pulgares de las manos...»
H. D. L. -L.29 (*)
Ante esta Delegación de la CONADEP declaró:
«...el 13 de abril de 1976, un grupo de individuos que dijeron ser
miembros de la Policía de Córdoba (División Informaciones) entraron a
mi domicilio a los efectos de detenerme. Como yo había viajado a la
provincia de Río Negro, se llevaron a mi hermana en condición de rehén,
la cual fue restituida al hogar al hacerse efectiva mi presentación
espontánea. Cuatro días después fui trasladado desde General Roca
(provincia de Río Negro) a la División Informaciones de la Policía de
la Provincia de Córdoba. Allí fui propiedad exclusiva de un torturador
que se hacía llamar «Sargento Muller o El Gato» (no puedo precisar con
exactitud si se trata de la misma persona, por estar vendado y
encapuchado con un pullover de lana). Este torturador, que ya en el
allanamiento había manifestado un odio visceral por los judíos, me
otorgó, según sus propias palabras, un trato preferencial. Además de la
tortura en vigencia (mojarrita, golpes, lastimaduras con clavos), fui
sacado en dos oportunidades de Informaciones y conducido según una
lista de jóvenes judíos que ya obraba en su poder, para que yo pudiera
ver cuán bien informado estaba del «problema judío». Después del paseo
(en dos ocasiones), fui conducido a terrenos desiertos camino a Alta
Gracia, donde fui sometido a tortura psicológica mediante simulacros de
fusilamientos. En Informaciones fui «testigo ciego» de la tortura de
una madre y un hijo apellidados Ciavarelli, a los cuales recuerdo muy
bien, pues él murió en la tortura y ella lloró apoyada en mi hombro. De
Informaciones salí con el brazo paralizado, que pude recuperar
totalmente un año después y una quemadura en la espalda (producida por
un caño de escape en una de las salidas)...»
P. N. S. -S.53 (*)
Detenido el 2 de mayo de 1976, declaró ante esta Delegación de CONADEP:
«...El dicente es conducido unas horas a la Seccional Primera de
Policía, y de allí a la jefatura de policía, donde funcionaba la
Sección Informaciones. El testimoniante no recuerda los días que allí
permaneció. En ese lugar fue sometido a torturas, golpes y tratos
inhumanos en forma permanente, durante todo el tiempo que estuvo allí.
De ellas se destaca una sesión donde fue rodeado por numerosas
personas, que no puede precisar el número por encontrase vendado en los
ojos y tras ser sometido por un largo período a todo tipo de golpes, se
lo deja abandonado por un largo tiempo, cree que por dos días, por
muerto. De esa sesión quedan secuelas que subsisten aún, comprobable en
los lugares del cuerpo que se detallan: problema cervical, fractura de
tabique nasal, arco superciliar izquierdo, cicatriz mandíbula, fractura
de esternón y dos costillas...»
En el legajo de la Unidad Penitenciaria Nº 1 Capital, se consigna la
procedencia del detenido como Departamento D-2 Informaciones de la
Policía y con referencia a las señas particulares: golpes en la cara
entre cejas, hematoma en el ojo izquierdo. La orden de remisión a la
cárcel lleva la firma del entonces Jefe del Departamento Informaciones
Policiales D-2, inspector mayor Raúl P. Telleldín.
C. M. S. -S.49 (*)
En la declaración que efectuó manifiesta:
«...mientras estaba detenido en la Cárcel Penitenciaria de barrio San
Martín y coetáneamente, por casualidad, con mi pedido de exilio, el 5
de mayo de 1978 soy llevado de la cárcel a la División Informaciones.
Allí soy bárbaramente atormentado con golpes de puño, palos, gomas,
patadas, picana eléctrica, asfixia por agua y bolsa de nylon y
simulacros de fusilamientos. Engrillado a una pared, de día y de noche,
no se me da comida y solo me sueltan una vez al día para ir al baño
(...) el 9 de junio de 1978 fui devuelto a la cárcel de barrio San
Martín, donde el médico de ella constató que tenía dos costillas
fracturadas. Regresé el 1º se octubre con motivo de investigarse el
paso de cartas, por medio de presos comunes y familiares de éstos. Allí
tuve oportunidad de ver a mi esposa barbaramente torturada y
semi-inconsciente (...) Autores de los tormento fueron, en primer
término, los comisarios Romano y Esteban de la División Informaciones
de la Policía. Bajo sus órdenes actuaron varias personas, alias ´El
Carnicero`, ´La Araña`, entre ellas un colaborador de apodo ´Charlie
Moore`...»
L. D. L. A. -L.2 (*)
Detenido en la noche del 2 al 3 de febrero de 1977 declara que:
«...Fue detenido por personal perteneciente al entonces Departamento de
Inteligencia de la Policía de la Provincia (D-2), quienes procedieron a
trasladarlo a la sede de ésa dependencia sita en el Pasaje Santa
Catalina, donde se le comunica que queda detenido por parte de un
oficial sub-ayudante Salgado y desde ese momento (...) me inscribe en
un Libro Actas donde constaba dicho procedimiento. El dicente se
desempeñaba al momento de la detención como empleado de la Policía de
la Provincia, como oficial sub-ayudante del Escalafón Técnico de
Criminalista, teniendo al momento de producirse éste hecho, una
antigüedad de ocho años y cinco meses. Desde entonces y por el lapso de
seis días, permaneció en las dependencias de esa Unidad, donde fue
sometido a aberrantes torturas físicas y psíquicas, manteniéndolo sin
comida, ni bebida, sin poder ir al baño, desde el momento de su
detención hasta el domingo siguiente, momento en el que le fue
permitido ingerir alimentos. Las torturas consistieron en golpizas
generalizadas hasta el desvanecimiento y el método conocido como
`mojarrita´, que consistía en mantener a la víctima acostada en el
suelo o en una tarima inmovilizada, tapándose la boca y la nariz con un
trapo y cuando la víctima abría la boca para respirar se le echaba agua
en grandes cantidades. Este tratamiento se reiteró durante todo el
período de detención del nombrado y hasta su paso a la presentación
Militar del Campo de la Ribera. Al estar permanentemente esposado y
vendado, ello determinó que la musculatura de las manos se
insensibilizan y deterioran hasta el punto de necesitar atención
médica, situación ésta que duró hasta agosto de 1977 (...) En ese
período estaba como jefe de Inteligencia el Inspector Telleldín, quien
lo amenazó personalmente y lo golpeó haciéndole sacar la venda de los
ojos. El día miércoles siguiente, cerca del mediodía, me ordenan dejar
todos los elementos y pasar por la guardia, vendado, donde me obligaron
bajo amenazas con una pistola en la nuca a firmar la restitución de mis
efectos que, en la práctica, no me fueron restituidos. Cabe acotar que
varias veces en el curso de los interrogatorios fui objeto de
simulacros de asesinato a boca de jarro percutándoseme una pistola en
la sien...»
5) Casa de la Dirección Provincial de Hidráulica
Otra significativa serie de testimonios releva el sometimiento a
torturas de varias personas en el inmueble de la Dirección de
Hidráulica, ubicado en las inmediaciones del dique San Roque, que
estuviera asignado a Inteligencia de la Policía de la Provincia para
funcionar cono Centro de Detención Ilegal. El caso fue oportunamente
denunciado a este Delegación ante la pretensión infructuosa del Juez de
Instrucción Militar para alegar su competencia sobre el tema y sacarlo
del ámbito del Tribunal Federal; éste adoptó diversas medidas de
investigación, que ratificaron el contenido de la presentación. En
particular, cabe destacar la ratificación de los testimonios elevados y
la extracción de tres carrocerías de automotores del fondo del lago San
Roque, por parte de buzos de la provincia. Todo ello está contenido en
los autos caratulados «Comisión Nacional Sobre la Desaparición De
Personas» -Su denuncia (Expte. 20-C-84)- Juzgado Federal Nº 1.
A continuación se presentan algunos testimonios recibidos por esta Delegación de la CONADEP sobre el caso.
M.A.P. -D.20-(*)
Detenida el 3 de septiembre de 1976 a las 7.30 en la vía pública, declara:
«...Me doy cuenta que estoy en al Cabildo o sea en la Policía de la
Provincia. Puedo oír las campanas de la Catedral. Allí me descubren y
me sacan el reloj, una cadena y mis documentos. Sacan a Santi del auto
y se van. Vuelven y me tapan de nuevo. Un auto parte nuevamente en un
viaje que dura calculo una hora. Llegamos a un lugar en el campo. Me
sacan del auto y me hacen subir con los ojos en bajo, por una escalera
angosta, al lado veo un árbol de tronco ancho. Llego arriba a una
galería. Me entran en una habitación y de allí a otra donde hay una
cama y un escritorio; hay una persona que me dice que lo mire. Le dicen
«El Cabezón». Me empiezan a interrogar: yo estoy tan horrorizada que no
puedo hablar. Me preguntan mi nombre pero no contesto tampoco. Entonces
me empiezan a dar puñetazos en el estómago. Después me colocan contra
la pared, me vendan ( había dos personas más, aparte del interrogador)
y empiezan a jugar a la ruleta rusa sobre mi sien derecha. En esos
momentos me desmayo y caigo al piso. Cuando recupero el conocimiento me
recogen a puntapiés y me dicen que voy a hablar prontito. Me llevan a
otra habitación pequeña, saliendo de nuevo por la galería. Sigo
vendada, pero veo el mismo piso de mosaicos rojos. Cuando me entran al
cuartito me desnudan, me atan los pies y manos al elástico de la cama,
me ponen un trapo en la boca y me comienzan a dar electricidad por todo
el cuerpo, pero sobre todo en los pies y en las piernas, se ríen y me
dicen que así no voy a correr más. Duran una eternidad. Me vuelvo a
desmayar. Cuando me despierto hay solamente una persona que me desata y
me hace limpiar, ya que había perdido el control de efínteres durante
la tortura. Me saca la venda y me muestra otra puertita, al lado de la
puerta de entrada: me indica que busque agua allí, ya que se trata de
un bañito. Después me limpio y me vuelven a buscar. Bajo nuevamente por
las escaleras angostas y me llevan a un garage. Allí me acuestan boca
abajo en una mesa, después me empujan y me meten la mitad del cuerpo en
un tanque con agua, mientras me dan golpes en los riñones y la espalda.
Después de varias veces así, me dejan dentro del agua varios minutos.
Me sale agua por la nariz y hasta por los ojos y las orejas. Me deban
tranquila por un momento, pero luego llegan varias personas más, forman
una rueda y me empiezan a dar puñetazos. Después de un tiempo me
reconoce el mismo gordo que me había hecho limpiar y me lleva a una
piecita donde me habían puesto picana. Allí encuentro a cinco personas
más. Están vendadas. Una es una chica. Entre los hombres reconozco a
Santi, el muchacho de la mañana. Después de charlar un rato comentan
que habían sido capturados el día anterior 2-9-76 (...) Aparte de Santi
de 21 años, está su novia de 18, que comenta haber llegado de Santiago
del Estero una semana atrás. Se llama María y el apellido creo que es
Fernandez, pero puede ser otro, así de común. Es petisa. También se
encuentra un muchachito rubio de 17 años que dice llamarse Diego,
pertenece a la U.E.S. Es Diego Hunziker. Otro muchacho de 20 años que
se llama Cesar Pasamonte, dice ser de San Francisco y estudiante creo
que de medicina. Y por último un muchacho de 29 años, muy delgado y con
barba que no dice su nombre pero comenta que es enfermero, que trabaja
en el Hospital de Clínicas de Córdoba. Y que es casado y que tiene dos
hijos pequeños. Durante tres días se repiten las ruedas de torturas, al
cabo de las cuales quedo físicamente agotada. Los compañeros me habían
cedido la cama (el elástico) ya que no podía moverme y estaba muy
golpeada. Esa noche, 6-9-76, se llevan a todos menos a mí. Es lo último
que logro recordar antes de entrar en estado de inconsciencia. Me
desperté un día y me comunican que me van a llevara otro lugar. Sobre
este lugar puedo decir que era una casa frente a un islote que hay
cerca del embudo del dique San Roque...Sobre la gente que me llevó
allí, debo decir que probablemente haya sido un grupo parapolicial, ya
que apenas soy secuestrada me llevan al Cabildo, donde funcionaba la
Policía de la Provincia (...) a uno le decían el «Jefe» o «El Cabezón»,
petiso de cabello negro y medio gordo. Era quién interrogaba. Había
otra persona a quién le decían «Pantera», de bigotes y patilla ancha,
pelo negro, tez clara; y otro a quién le decían «El Gringo», tez clara,
pelo castaño, bigote un poco más alto que los demás (...) son
precisamente «El Gringo» y «La Pantera» los que me trasladan al Campo
de la Ribera. Esa noche vuelven a parar unos minutos en el Cabildo.
Cuando llegamos al Campo de la Ribera, puedo ver por debajo de las
vendas botas militares...»
C.F.V. -D.20- (*)
Detenido el 12 de mayo de 1978, expresa:
«...Así el auto se dirige por un camino en general recto y a una
velocidad regular y el trayecto dura aproximadamente media hora y luego
toma un camino de tierra hasta llegar al momento en que el vehículo se
detiene y me sacan del auto, siempre esposado y vendado y dos personas
me llevan casi alzado, tomado por los brazos y me hacen subir por una
escalera más bien ancha, donde al finalizar la escalera, puedo ver por
debajo del pullover, un piso de laja y una galería con baldosas rojas y
blancas (...) Así me introducen a la propiedad; primero a una
habitación amplia y allí me empiezan a golpear, con golpes de puño y
patadas en todo el cuerpo. A partir de ese momento en que empiezan a
golpearme, pierdo la medición exacta del tiempo en que estoy en esa
circunstancia. Después de los golpes me llevan a un a baño de la casa,
donde me hacen el «submarino» en una bañera con orina y materia fecal.
Luego de estar un tiempo en el baño donde me hacen el «submarino» y me
siguen golpeando y donde me torcieron el tobillo derecho, me llevan
nuevamente a la habitación anterior, donde me sientan en una silla que
estaba entre la ventana y la puerta y me aplicaron la picana eléctrica
en las manos, en la cara, en el cuero cabelludo y en los pies; también
en las piernas. Luego de la picana, me llevan nuevamente al baño y me
hacen nuevamente el «submarino» en la bañera. Toda esta tortura era
acompañada de un intensa interrogatorio donde me preguntaban sobre mis
datos personales, actividades, familia, amistades, etc. (...) También
me sacan toda la ropa quedando desnudo y luego en todas estas sesiones
de tortura descriptas en la cual no puedo precisar el tiempo
transcurrido, me introducen en una habitación que se encuentra a la
derecha del baño (mirando al frente), allí me esposan a una cama que se
encontraba al izquierda (...) Al mediodía del sábado me llevan al
living y me sientan en el piso, al lado de la puerta de entrada y la
puerta que comunica al pasillo que da al baño y a las dos piezas. Allí
el «Capitán» me golpea a puntapiés en las costillas, brazos y piernas y
me exige una declaración ya que yo sólo había escrito una página con
los datos personales y familiares, me dice: «Si no me haces la
declaración te tiramos al lago para que te coman los pescados...» En
otro momento me dice: «...a vos te va a pasar lo mismo que le pasó al
«sapo» Ruffa...»
C.A.P. -P.38- (*)
Cuenta que:
«...A Montero (quién había sido salvajemente torturado) y a mí, nos
llevan entonces, a una casa ubicada en las inmediaciones del dique San
Roque. Íbamos sin venda, así que pude ver claramente el frente del
inmueble (...) Los mismos torturadores de Inteligencia mencionados,
estaban esa noche. Recuerdo que comieron un asado y luego nos
condujeron al comedor de la casa en donde en presencia nuestra
comenzaron a jugar una partida de truco por tríos, nos dijeron que el
trío ganador iba a ser el encargado de torturarnos. Así fue como
Flores, Sanchez y Zabaleta, finalizada la partida, comenzaron a
torturarnos propinandonos toda la clase de golpes de puño y puntapiés y
aplicando corriente eléctrica por todo el cuerpo. Los demás alrededor
de seis personas, entre quienes recuerdo a Reynoso, «porteño», Lencinas
y «Piruchín», participaban jocosamente de la situación observando los
tormentos. En ese lugar estuve, aproximadamente diez días. La guardia
permanente estaba compuesta por cuatro hombres quienes rotaban en
grupos (...) Un individuo a quién decían el «Perro», que vivía en Villa
El Libertador, integrante de una de las guardias, solía venir de noche,
en evidente estado de ebriedad, abría la puerta de la habitación y
comenzaba a torturarnos con la aplicación de la picana eléctrica,
golpes e incluso nos orinó en reiteradas oportunidades. Quizás en los
primeros días de mayo de mil novecientos setenta y ocho, en horas de la
noche, pude ver que ingresaron a un hombre de unos 36 años de edad, de
1,75 metros de estatura, delgado con los ojos vendados y las manos
esposadas hacia atrás. Esta persona fue llevada al comedor e
interrogada. Seguramente fue sometida a un duro castigo, por los gritos
que la víctima profería. Como se escuchaba con nitidez, pude saber que
el individuo trabajaba en un banco y la esposa en una panadería y
repostería. Uno de los interrogadores al no estar satisfecho con la
respuesta del detenido, expresó que prepararan la pileta, luego de lo
cuál se escucharon unos gritos desgarradores del recién llegado (...)
En una oportunidad, el mencionado «Perro» nos dio un poco de carne y
ginebra con soda, manifestándonos textualmente «coman, coman porque
ustedes se van a ver criar los rabanitos de abajo» Al preguntarle cómo
iba a ser el procedimiento, él respondió; «ponés las piernas dentro de
la lata (señalando un tarro vacío de grasa de 20 litros), te ponemos un
poco de cemento, esperamos que se seque, te cargamos en la lancha y con
un empujón te vas para abajo y no volvés más...»
División Informaciones
Esta Comisión ha receptado diversos testimonios reveladores de la
estructura y funcionamiento de la División Informaciones de la Policía
de la Provincia como ámbito de detenciones clandestinas y la comisión
de otros actos delictivos. Reproducimos aquí los testimonios más
significativos.
Luis Alberto Urquiza -D.N.I. Nº 10.420.090
El declarante ingresó a la Policia de la Provincia el 1º de noviembre
de 1974, en la escuela de Suboficiales; el 1º de diciembre es
trasladado a la División Tránsito y Caminera, hasta enero de 1975 en
que es trasladado a Laguna Larga hasta agosto del mismo año. Luego pasa
a revistar en la Comisaría 16º hasta el 21 de septiembre de 1976. De
allí es pasado a la Dirección de informaciones, cumpliendo funciones en
la oficina de guardia hasta el 12 de noviembre de 1976 «en que soy
detenido por personal del mismo Departamento de Informaciones». Dichas
circunstancias son corroboradas por el informe de la Dirección General
de Personal de la Policía de la Provincia el 21 de junio de 1984 en el
que se expresa que Urquiza revistió en la D-2 Informaciones, con el
grado de agente hasta su baja ordenada por decreto Nº 4643/76 del 26 de
noviembre de 1976.
Manifiesta:
«La División Informaciones se componía, en 1976, de las siguientes
personas y dependencias: se encontraba a cargo del comisario principal
Telleldín y recibía el nombre de «uno» o «número uno»; el subjefe
recibía el nombre de «dos» o «número dos». El tercer jefe era el
comisario Tissera, o «número tres»; era una persona de regular
estatura, obeso y de largas y abundantes patillas, también apodado
«Patilla». Posteriormente se encontraba dividido en cinco divisiones, a
saber: el C.O.T. (Centro de Operaciones Tácticas) que estaba a cargo de
un comisario y que tenía la función de preparar los allanamientos
legales e ilegales. La División Brigada de Investigaciones a cargo del
comisario principal Romano, alto rubio de bigotes y con domicilio en
barrio General Paz, llamado «Gringo». Esta es la que disponía de más
personal y realizaba los allanamientos y detención de personas y
repartos del botín de guerra robados en los allanamientos. Constaba de
tres subdivisiones: a) Grupo Calle o también llamado «Patota» que
efectuaba los operativos. b) El Grupo Fábrica y el Grupo Facultad:
subdivididos en diferentes fábricas y sindicatos y en las diferentes
facultades. También en esa División se encontraba trabajando personal
civil de Casa de Gobierno adscripto a éstas funciones. Muchos recibían
dos sueldos, en la provincia como empleados policiales y en el lugar en
donde trabajaban ya sea en fábricas o sindicatos. En la Brigada de
Investigaciones trabajaba como interrogador el sargento Gómez llamado
«El Gato», alto, canoso, de ojos claros y oriundo de Río Cuarto y a
pesar de su baja jerarquía tenía a su cargo procedimientos recibiendo
órdenes directas del número «uno», «dos», o «tres». El sargento Buzeta
cuyo suegro y su señora también se desempeñaban en la Brigada y dos
hermanos oficiales, oriundos ambos de la ciudad de Cruz del Eje, de
apellido Yanicelli. Los demás poseían apodos o «nombres de guerra»
tales como «Gallo de Lata», desconociéndose sus verdaderos nombres y
jerarquía, movilizándose todos de civil y en autos requisados a los
detenidos o robados. Era esta Brigada la que disponía del arresto, vida
o traslado de os detenidos, como así también de la legalización de
detenidos o su traslado a dependencias militares o lugares que
desconocían. La Sección Archivo: lugar en donde se encontraban
clasificadas en carpetas con sus respectivas fotografías, personas con
antecedentes políticos o posibles conexiones políticas. La Sección
Sumarios: Relacionada con el aspecto judicial de los detenidos legales.
La Sección Libros: A cargo de la parte administrativa interna. La
Sección Armas: de menor relevancia...»
Lo expuesto por el testigo a sido corroborado por esta Delegación en
base a decenas de testimonios y documentos que obran en expedientes
judiciales tramitados en el período mencionado, como así también en
legajos de las unidades penitenciarias, libros de comisarías y de la
morgue judicial.
Asimismo se ha podido establecer que la División Informaciones o
Inteligencia, según el período que se considere, funcionó en la
jefatura de policía y en otros lugares que habilitó a los efectos de su
uso como centros clandestinos de detención. Entre ellos destacan:
De las declaración prestada por el señor F.R. (Legajo P.5 y R.9
Delegación Córdoba) surge la utilización de comisarías del Departamento
Colón a los fines indicados. El testimoniante expresa:
«Fuimos trasladados a las Comisarías de Unquillo, Río Ceballos y
Salsipuedes, desde donde nos sacaban, nos llevaban al Cerro Pan de
Azucar, donde nos ataban y nos decían que nos iban a tirar (...)En ese
lugar estuvimos unos veinticinco días al cabo de los cuales recuperamos
la libertad. A los quince días fui detenido nuevamente, aproximadamente
el quince de febrero de 1977, actuando el mismo personal (comisario
Díaz que presta servicios en Jesús María, alias «El Perro»; «El Tuerto
Celiz», «Quevedo», empleado de la Municipalidad; un sumariante de
apellido Pereyra que está en la Calera) quien lo hizo en mi casa y me
condujeron a la Municipalidad (...) De allí fuimos trasladados
nuevamente de Unquillo, donde cinco personas, empleados municipales;
fuimos sometidos nuevamente a torturas»
b) En los autos caratulados «Comisión Nacional Sobre la Desaparición de
Personas - su denuncia- (Expediente Nº 20-C-84 Juzgado Federal Nº1)
originado en la elevación de denuncias efectuadas por esta Delegación,
consta la comunicación enviada por el ingeniero Manuel R. Gayol, jefe
de la División Riego, al Honorable Directorio Provincial de Hidraúlica,
en la que expresa:
«Informa que la casa designada de presidencia, ubicada en el lago San
Roque fue entregada a la Policía de Córdoba, con el objeto de custodiar
la obra Dique San Roque en el período que va desde 1976 a 1979. Cabe
consignar que en el tiempo que duró la tenencia del inmueble en
cuestión el Departamento Explotación recibió órdenes de la superioridad
de practicar inspecciones para verificar el estado de la casa, las
cuales no pudieron realizarse ante la negativa del personal policial
destacado, de permitir la entrada al mismo, hecho éste que fue
comunicado a la superioridad»
En los mismos autos, el señor J.E.C. (Legajo D-20 Delegación Córdoba) testimonia:
«Pude ver que estaba provistos de radio trasmisor, y que según lo que
manifestaron, con el mismo se comunicaban a Córdoba y su oficina
central en la calle Mariano Moreno. Ellos manifestaron que eran
policías y que estaban cumpliendo guardia para la División
Informaciones. En varias oportunidades el mencionado «Kirko» me comentó
que no podía salir porque en la casa tenía gente detenida y debían
custodiarla»
En idéntico sentido formula su declaración el señor C.A.P. (Legajo D-20) quien dice:
«Soy trasladado a la sección Inteligencia, sita en la Calle Mariano
Moreno (...) Un día en horas de la noche en el piso de un automóvil
Ford Falcón, color borravino (...) Antes de partir nos dijeron que nos
trasladaban a la División Robos y Hurtos. Al llegar al bulevar San Juan
comienzan a tirar al aire, al tiempo que por el radiotransmisor decían
que nos habíamos fugado (...) Nos llevan entonces a una casa ubicada en
las inmediaciones del Dique San Roque. Íbamos sin vendas, así que pude
ver claramente el frente de la casa y las escaleras por las que nos
hacen ascender. Los mismos torturadores de Inteligencia mencionados
estaban esa noche...»
6) Unidad Penitenciaria Uno (U.P.1)
Barrio San Martín
J.M.N.-N.9 (*)
Detenido el 14 de mayo de 1976, dice:
«En general el régimen imperante en la Unidad Penitenciaria Nº 1 hasta
diciembre de 1976, fue de torturas permanentes a todos los detenidos,
habiéndose registrado hasta la fecha un total de 28 presos políticos
muertos en distintas circunstancias. En el caso del asesinato de
Moukarzel manifiesta el dicente que tuvo participación activa el
teniente Alsina (...) En agosto de 1976, se le toma la primera
declaración judicial: fue el Juez Federal Nº 1 doctor Adolfo Zambono
Ledesma quién indagó al dicente en la Unidad Penitenciaria Nº 1.
Recuerda el declarante que para tomarle declaración fue conducido hasta
la Sección Legales de la Cárcel por personal militar; fue llevado a
golpes continuos e incluso se le continuó golpeando en la puerta de
acceso donde aguardaba el juez federal hasta que uno de los guardias
del Servicio Penitenciario dijo al militar que daba los golpes, que
interrumpiera por cuanto el doctor Zamboni ledesma estaba enfrente. El
juez federal, antes que nada, preguntó al declarante si estaba
dispuesto es esas condiciones a prestar declaración, mencionándole a
continuación su situación legal y las acusaciones que pesaban en su
contra. Inmediatamente el doctor Zamboni Ledesma, ordena que se retire
del recinto a un gendarme que aún permanecía adentro; el militar se
negó, razón por la cual el juez pidió que se dirigieran a su superior.
Cuando retorna el gendarme, informándole que su superior le había
ordenado que permanezca en el lugar, presenciando el interrogatorio, el
juez se ofuscó y pidiendo disculpas al dicente, levantó sus
pertenencias y se retiró, afirmando que en tales condiciones se hacía
imposible tomarle declaraciones la detenido. De esta forma el dicente
es retirado a la celda, sufriendo una terrible golpiza ante se actitud
y los hechos que se habían producido, que ocasionaron quince días de
cama por las torturas de que fue objeto...»
R.H.-H.13 (*)
Detenido en la Unidad Penitenciaria Nº 1, dice que:
«...Afirma además el dicente que desde una rendija de su celda que daba
la pasillo, en el Pabellón Nº 8, ex celda Nº 6, pudo apre ciar como el
cabo Pérez apaleaba al detenido Miguel Ángel Sgandurra durante media
hora o más, estando la víctima totalmente desnuda. El dicente pudo ver
los hematomas a lo largo de todo el cuerpo y cómo la víctima ni puede
levantarse para obedecer las órdenes del cabo Pérez. Éste último lo
pone boca abajo y utilizando un cuchillo provisto por el Arma, llamado
cuchillo de monte, comienza a tajearle la espalda. Consumado este hecho
se retira dejándolo tirado en el piso (...) Afirma el dicente que
Sgandurra fue sacado con Pucheta y muerto el mismo día.»
El día 28 de mayo de 1976 con número de orden 523, el libro de registro
de la morgue judicial (fs.248) asienta el ingreso del cadáver de
Sgandurra. Como causa del ingreso se anota: «enfrentamiento armado»,
actuando como forense el doctor Silvestre.
En el rubro «procedencia» y «juzgado» reza: «Fuerzas Armadas y Juez
Militar Nº 70», respectivamente. En el mismo día y con el número de
orden 522 (fs.248), también ingresa el cadáver de Pucheta en idéntica
circunstancia y condiciones que el anterior.
P.N.S. -S.53 (*)
Detenido el 2 de mayo de 1976 manifiesta que:
«...Días después el dicente es trasladado a la Unidad Penitenciaria Nº
1 de esta capital barrio San Martín lugar en donde prosiguieron los
malos tratos, torturas corporales, morales, destacando que en agosto de
1976 un grupo militar sustrajo de la misma celda donde se encontraba el
dicente a Gustavo De Breuil y Eduardo De Breuil, volviendo horas más
tarde este último relatando que su hermano, junto a Higinio Toranzo y
Hugo Vaca Narvaja, habían sido asesinados y que a él se lo deja vivo
para que relate lo sucedido...»
O.H.L.- L.30 (*)
Expresa que:
«El 11 de marzo fuimos todo el pabellón golpeados por unas dos horas
seguidas por unos tres gendarmes y otros tantos guardiacárceles. Según
nos decían era la despedida de la Gendarmería de la guardia externa del
penal y el «festejo» del triunfo del FREJULI. Ese mismo año entraron al
penal dos capellanes militares, el padre Mackuinon, capellán de la IV
Brigada y Gallardo del III Cuerpo (o al revés). Dos o tres veces
entraron y nos hicieron rezar el rosario. Uno de esos días el diputado
Musa de Villa María le dijo al padre Gallardo que había sido torturado
varios días; él le contestó «que estaba permitido torturar sólo 48
horas, porque la célula subversiva se disgregaba en ese tiempo. Si se
excedía de ese lapso era pecado...».