Declaración del Almirante Enrique Molina Pico
Jefe de la Armada

4 de Mayo de 1995
"Formaciones
de la tarde como la que hoy presidido han sido el vehiculo utilizado
por muchas generaciones de marinos para renovar, formados con armas
sobre las cubiertas de sus buques, el compromiso de 'subordinación y
valor' a su comandante, y por muchos comandantes para hacer llegar a
estos sus mensajes trascendentes.
Es entonces el marco adecuado para trasmitir a los hombres y mujeres de
la Armad, algunas preci-siones que considero imprescindibles sobre los
he-chos de la historia reciente que conmueven a la opinión
pública.
Hechos sobre los que hasta ahora la Armada, fiel a su estilo, guardó un
respetuoso silencio, mientras ponía en ejecución los mecanismos
necesarios para evitar su repetición.
Las circunstancias parecen exigir que ese estilo sea alterado: es mi
decisión, pero es también el asesoramiento del Consejo de Almirantes
que acaba de concluir. Diversos actores han puesto de manifiesto que el
problema de la acción antisubversiva abarcó a toda la sociedad, que
incluyó y excedió en mucho el campo de la Marina, a la vez que mostró
que las fuerzas contra las que se luchó habían actuado organizada y
militarmente con sus propios criterios de combate.
Es difícil con la perspectiva de hoy comprender y analizar el pasado y
mucho más hablar de él con verdadera ecuanimidad. Piensen que quienes
estamos en los puestos de alta responsabilidad teníamos la jerarquía y
la edad de la oficialidad joven y entonces enfrentamos las tareas con
el mismo ideal que ustedes, pero en un clima social de violencia, temor
y desconfianza y en el marco de una extendida incertidumbre
política.
No puedo fijar un año o un hecho como iniciador de la violencia, esta
nos fue envolviendo progresivamente con su manto de horror, pero
algunos por su trascendencia, por ser la demostración de un nuevo tipo
de ajusticiamiento por mano propia marcaron hitos en su espiral
creciente, me refiero a los asesinatos de Vandor, Aramburu, Sallustro,
Mor Roig y Rucci, de ahí en más todo fue posible y se perdió la
capacidad de asombro.
Enfrentemos por ello, derecha y sinceramente el pasado para no sacar
conclusiones y no repetir los errores vividos, pero enfrentémoslo en su
totalidad, no con la visión parcial que es la que nos golpea
diariamente.
Como argentinos hemos vivido un largo periodo de desencuentros y
violencia y queremos, nosotros también como todos, contribuir a
cerrarlo definitivamente.
No podemos olvidar que esa violencia adquirió una intensidad
cualitativa muy distinta cuando las bandas guerrilleras atacaron la
sociedad argentina, no atacaron a las Fuerzas Armadas cono enemigo
directo, lo hicieron a la sociedad y a cada uno de los sectores como un
todo tratandosegún se ha revivido últimamente en confesiones públicas
de cambiar la esencia de nuestra nación, quizá como parte de las
distintas cosmovisiones vigentes en el mundo en ese momento, aquellas
fueron atacadas en ese contexto y como instituciones portadoras de la
obligación legal de defender a la comunidad.
En su accionar cayeron vidas de integrantes de todos los sectores del
quehacer nacional, no habla miramientos. Todo fue un huracán de sangre
y fuego para, ilusoriamente, luego de hacer tabla rasa poder construir
una nueva sociedad.
El país reaccionó, adecuándose para ello. Se promulgaron leyes, y se
organizaron tribunales y las fuerzas de Seguridad y las Fuerzas Armadas
cumplieron con su cometido poniendo a disposición de la Justicia
independiente los implicados en la violencia; pero luego se dio un paso
atrás de enormes consecuencias, no importa aquí analizar las causas que
llevaron simultáneamente a liberar a los condenados y a desmantelar el
aparato jurídico que permití eficazmente luchar contra el flagelo.
Pero ello ocurrió y fue el hecho que desarmó a la sociedad en lo que es
quizás el último bastón de la ciudadanía agredida: una justicia eficaz
y segura en la que pueda confiar para exigir la vigencia del orden
constitucional.
A partir de ese momento rigió la justicia de la mano propia, era matar o morir.
Se atacó entonces a un gobierno constitucional y la violencia desbordó
a las instituciones, la vida humana perdió todo valor y los bienes
personales quedaron a merced de la voluntad de distintos señores de la
guerra.
No se vivía en la Argentina, se sobrevivía.
Nunca podía usarse el mismo camino, se desconfiaba de todos y de todo.
La Nación fue atacada y se defendió.
Las decisiones tendientes a cómo enfrentar la guerra se tomaron en ese
clima, en un cuadro de situación nacional caótica, agravado por nuestro
gran error histórico: la destrucción del orden constitucional vigente.
Repito:
La interrupción del orden Constitucional no es justificable, ni aun por
haber sido una constante cultural en la historia previa, ni por las
circunstancias de excepci6n que se vivieron, lo que a su vez ilegitimó
el accionar antisubversivo de las Fuerzas.
Estamos a veinticinco años de aquellos asesinatos, aveinte añosdel
apogeo de la guerrilla y a más de diez del juicio a quienes fueron
conductores del proceso político, tiempo que para todos ciertamente no
transcurrió en vano, ¿qué nos pide la sociedad ahora?
Un reconocimiento, ¿qué es un reconocimiento?, ¿es acaso la aceptación
de una humillación pública?, ¿es acaso la aceptación de un sentimiento
de culpabilidad que nos abata para el futuro?, desde ya que no; lo que
tenemos que hacer y hacemos es reconocer la realidad, toda la realidad,
terminar la instalada guerra de mentiras" pues se acusó a las Fuerzas
Armadas de cumplir exclusivamente un plan de exterminio de una mayoría
de inocentes y nosotros los militares respondimos que no hicimos otra
cosa que combatir según las leyes de la guerra.
La realidad es otra, existió un ataque masivo contra la sociedad
argentina y nosotros también reaccionamos en forma y con una
metodología que no respetó el orden legal vigente y las leyes de la
guerra.
Reconocer la verdad de esta situación vivida, compleja y sangrienta que
involucró a hombres e instituciones, instituciones que perduran en el
tiempo aunque sus hombres sean pasajeros, nos obliga a identificar la
parte de carga de cada uno.
A las instituciones debe imputárseles la responsabilidad histórica y a los hombres las culpas.
Ante ello, cuál es la responsabilidad del jefe de Estado Mayor?
reconocer abiertamente que hubo métodos equivocados que permitieron
horrores inaceptables, aun en el contexto de crueldad propio de la
guerra. Por eso hoy los rechazamos y los excluimos como posibilidad
ante cualquier acción futura.
Pero la acción la hacen los hombres, pues fueron los hombres cuyos
temores y euforias compartí los que combatieron al enemigo, la
mayoríade quienes, en medio del odio y de la violencia de la guerra que
se vivía, cumplieron lealmente planes y órdenes creyendo en la causa
justa por la que se luchaba.
La guerrilla fue vencida.
No obstante la sociedad, después, cuestionó el método y la conducta de
muchos de los hombres de armas y estos lo aceptaron, y ese fue el
primer paso al reencuentro nacional.
Y la sociedad juzgó a esos hombres. A través de sus representantes en el Congreso, estableció las
leyes para dar un encuadramiento legal y jurídico aplicable a lo que
fue una situación anómala por la violencia y el caos imperante.
El Congreso sancionó un cuerpo legal, el Poder Ejecutivo lo promulgó y
los jueces de la Constitución juzgaron, absolvieron y condenaron.
Esa fue la palabra de la sociedad argentina para deslindar responsabilidades a quienes actuaron en situaciones límites.
La justicia humana es imperfecta pues se basa en una verdad incompleta.
Sin embargo el fallo firme de la Corte Suprema estableció la verdad
jurídica a la que nos atenemos, en ella se esclarecen los métodos
empleados y sus alcances; en su momento y hasta ahora negados, pero que
hoy en otro paso en el sentido del reencuentro reconocemos.
Para los hombres que cumplieron con su deber, ya finalizó el tiempo de
rendición de cuentas ante la ley. Ahora continúa la etapa de rendición
de cuentas ante la propia conciencia.
Esto es la historia y nos queda el dolor humano de esta tragedia, dolor
de perder camaradas y amigos y que conozco personalmente desde el seno
de mi propia familia.
Tantas vidas perdidas; ni las palabras ni los hechos podrán desandar el
horror vivido, solamente podemos ayudar a suavizar las cicatrices y
contribuir en todo lo humanamente posible a superar las heridas.
¿Qué compromiso asumimos a raíz de tanto sufrimiento y dolor?
Que en el orden republicano recuperado la única forma de defender
nuestras instituciones, nuestra forma de vida y los derechos humanos es
el estricto y total cumplimiento de la Constitución y de las leyes,
este procedimiento que veta el recurso a la violencia y que vale para
todos los ciudadanos rige especialmente para nosotros las Fuerzas
Armadaspues teniendo el poder que nos dan las armas para la defensa de
la Nación, nos subordinamos al Gobierno que tiene el supremo poder que
le otorgan la Constitución y las leyes.
Este principio orienta todo nuestro accionar y es el compromiso
definitivo de la Armada para el futuro, con él estoy seguro que
serviremos a la Naci6n respetando a los hombres.
Mis expresiones anteriores son un breve resumen de una historia cargada
de violencia y la principal conclusión del análisis de este periodo: la
Constitución y las leyes deben regir todos los actos de nuestra
institución; ahora ¿qué les queda a ustedes? Dos cosas: el cumplimiento
irrestricto de las leyes y colaborar en la construcción de nuestro
futuro con el orgullo de ser marinos."
Las circunstancias parecen exigir que ese estilo sea alterado: es mi
decisión, pero es también el asesoramiento del Consejo de Almirantes
que acaba de concluir. Diversos actores han puesto de manifiesto que el
problema de la acción antisubversiva abarcó a toda la sociedad, que
incluyó y excedió en mucho el campo de la Marina, a la vez que mostró
que las fuerzas contra las que se luchó habían actuado organizada y
militarmente con sus propios criterios de combate.
Como argentinos hemos vivido un largo período de desencuentros y
violencia y queremos, nosotros también como todos, contribuir a
cerrarlo definitivamente.
El país reaccionó, adecuándose para ello. Se promulgaron leyes, y se
organizaron tribunales y las fuerzas de Seguridad y las Fuerzas Armadas
cumpileron con su cometido poniendo a disposición de la Justicia
Independiente los empacados en la Violencia; pero luego se dio un paso
atrás de enormes consecuenclas, no importa aquí analizar las causas que
llevaron simultáneamente a liberar a los condenados y a desmantelar el
aparato jurídico que permitía eficazmente luchar contra el
flagelo.
A partir de ese momento rigió la justicia de la mano propia, era matar o morir.
Las decisiones tendientes a cómo enfrentar la guerra se tomaron en ese
clima, en un cuadro de situación na donas caótica, agravado por nuestro
gran error histórico: la destrucción del orden constitucional
vigente.
Repito:
La interrupción del orden constitucional no es justificable. ni aun por
haber sido una constante cultural en la historia previa, ni por las
circunstancias de excepción que se vivieron, lo que a su vez ilegitimó
el accionar antisubversivo de las Fuerzas.
La realidad es otra, existió un ataque masivo contra la sociedad
argentina y nosotros también reacclonamos en forma y con una
metodología que no respetó el orden legal vigente y las leyes de la
guerra.
Ante ello, ¿cuál es la responsabilidad del jefe de Estado Mayor?
reconocer abiertamente que hubo meto dos equivocados que permitieron
horrores inaceptables, aun en el contexto de crueldad propio de la
guerra. Por eso hoy los rechazamos y los excluimos como posibilidad
ante cualquier acción futura.
Pero la acción la hacen los hombres, pues fueron los hombres cuyos
temores y euforias comparte los que combatieron al enemigo, la mayoría
de quienes, en medio del odio y de la violencia de la guerra que se
vivía, cumpileron lealmente planes y órdenes creyendo en la causa Justa
por la que se luchaba.
La justicia humana es imperfecta pues se basa en una verdad incompleta.
Sin embargo el fallo firme de la Corte Suprema estableció la verdad
jurídica a la que nos atenemos, en ella se esclarecen los métodos
empleados y sus alcances; en su momento y hasta ahora negados, pero que
hoy en otro paso en el sentido del reencuentro reconocemos.
Para los hombres que cumplieron con su deber, ya finalizó el tiempo de
rendición de cuentas ante la ley. Ahora continúa la etapa de rendición
de cuentas ante la propia conciencia."