Superintendencia de Seguridad
Federal

(Capital Federal) (LRD)
Ubicación:
Moreno 1417 - Capital Federal
Descripción:
Acceso vehicular por calle Moreno a un patio descubierto. Allí había
una oficina que comunicaba internamente con otra. Un ascensor antiguo,
lento, de caja con rejas y alambrado, llevaba al tercer piso, sitio de
detenciones. En este piso había dos cuerpos. En uno, estaban las siete
oficinas, un cuarto y un baño. Dos de las oficinas con piso de cerámica
roja.
Al otro cuerpo se llegaba por una puerta plegadiza metálica que daba a
un pasillo, seguía otro algo más ancho, del cual lo separaba una
puerta. A su derecha, una puerta enrejada daba a una celda grande
("leonera"), colectiva, tenía un baño con dos piletas, dos inodoros y,
compartimentada, una ducha.
En el mismo pasillo, siempre sobre la pared de la derecha, una puerta
llevaba al recinto donde cinco "tubos" se enfrentaban con otros cuatro
y un baño similar al anteriormente descripto, con el agregado de dos
mingitorios.
Al fondo, el corredor comunicante se ensanchaba hacia la izquierda,
allí, una puerta enrejada abría hacia un espacio donde dos ventanas
alargadas, a alto nivel, daban a un pozo de aire.
En este sitio, otros cinco "tubos" y un baño como los anteriores, que en lugar de dos piletas tenía un piletón.
Los "tubos" son celdas de 2 m por 1 m. El piso era gris, el techo alto,
llevaba un ladrillo de vidrio de 10 por 10 cm. Las paredes, verdes, con
manchas de sangre y arañazos, puerta metálica con cerrojo exterior.
Sobre esta puerta había una lamparilla que sólo se encendía cuando se
hacía el recuento de detenidos. Por lo tanto el cuarto permanecía a
oscuras continuamente.
Ex
Coordinación Federal (hoy Superintendencia de Interior) de la Policía
Federal Argentina, a fines de 1975 se constituyó en sede del GT2 que
funcionó en el 3er. y 4to. Piso (Salón Matos) de su edificio de la
calle Moreno 1417, Capital, bajo supervisión operacional del Comando de
Cuerpo de Ejército I. A su vez, aportaba personal a otros Grupos de
Tareas intervinientes en la represión, como por ejemplo el operante en
dependencias de la Escuela de Mecánica de la Armada (GT3.2).
Con posterioridad otros pisos del edificio, 5to., 6to., 7mo., etc.
fueron utilizados como Centro de Detención ilegal, permaneciendo los
detenidos en condición "RAF" (en el aire), es decir, sin asiento en
libro alguno. (Legajo N" 7531).
Se utilizó para interrogatorios y alojamiento de detenidos en tránsito
(LT) y detención previa de los que pasaran posteriormente a disposición
del PEN.
Existieron, sin embargo, muchos casos en los que se dio a los
prisioneros el "traslado final", como se dio con los detenidos en la
noche del 2 de julio de 1976 y días sucesivos, como represalia por un
atentado cometido contra el edificio de esa dependencia, que fueron
sacados de allí después de ser inyectados (Legajo N° 7531). De esos
detenidos-desaparecidos, objeto de una salvaje represalia, es
testimonio brutal el libro de entradas de la Morgue Judicial de Capital
Federal, donde se eleva bruscamente el número de N. N. asentados en el
mismo. Durante años uno a dos cada día y entre el 3 y 7 de julio de ese
año, 46 cadáveres, casi todos con el siguiente diagnóstico del Cuerpo
Profesional de ese organismo: "Heridas de bala en cráneo, tórax,
abdomen y pelvis, hemorragia interna".
Y que aparecieron eliminados en grupos: "Hallado junto con otros siete
cadáveres en el interior de una playa de estacionamiento en Chacabuco
639, Capital".
También el caso de los cuerpos hallados en la localidad de Pilar, donde
aparecieron 30 cadáveres dinamitados con explosivos, el 20 de agosto de
1976. (Legajos N' 2521, 6976 y 7531).
"Los
castigos no terminaban nunca, todo estaba organizado científicamente,
desde los castigos hasta las comidas... se escuchaban voces que
ahogaban la constante testimonial de alguien que era torturado".
(Legajo N° 3721)
Los
detenidos permanecían con los ojos vendados con algodones y cintas
adhesivas y esposados. Las mujeres eran obligadas a bañarse delante de
los guardias y constantemente sometidas a manoseos y violaciones.
"Las
tres estábamos vendadas y esposadas, fuimos manoseadas durante todo el
trayecto y casi durante todo el traslado... la misma persona vuelve a
aparecer con alguien que dice ser médico y quiere revisarme ante lo
cual fui nuevamente manoseada sin ningún tipo de revisación médica
seria... Estando medio adormecida, no sé cuanto tiempo después, oí que
la puerta del calabozo se abría y fui violada por uno de los guardias.
El domingo siguiente esa misma persona, estando de guardia se me acercó
y pidiéndome disculpas me dijo que era "un cabecita negra" que quería
estar con una mujer rubia, y que no sabía que yo no era guerrillera. Al
entrar esa persona el día de la violación me dijo: 'si no te quedás
quieta te mando a la máquina' y me puso la bota en la cara profiriendo
amenazas. A la mañana siguiente cuando sirvieron mate cocido esa misma
persona me acercó azúcar diciéndome: 'por los servicios prestados'.
Durante esa misma mañana ingresó otro hombre a la celda gritando, dando
órdenes: "párese, sáquese la ropa', empujándome contra la pared y
volviéndome a violar... El domingo por la noche, el hombre que me habla
violado estuvo de guardia obligándome a jugar a las cartas con él y esa
misma noche volvió a ingresar a la celda violándome por segunda vez..."
(D. N. C. Legajo N° 1808).
Las torturas consistían en desnudar a los detenidos sujetándolos a una
superficie con los brazos y piernas extendidos. Se utilizaban dos
picanas simultáneas, combinando esta tortura con golpes y también con
la práctica del submarino seco. La picana la aplicaban en la vagina,
boca, axilas y por debajo de la venda, en los ojos. Los interrogatorios
eran acompañados de continuas amenazas a los familiares. Era frecuente
que a las detenidas les introdujeran objetos en el ano. Los prisioneros
eran golpeados con palos de goma por cualquier motivo. Los guardias se
divertían obligándolos a todo tipo de "juegos", desde apoyar un dedo en
el piso girando cada vez más rápido (buscando petróleo) y golpeando al
que se caía, como hacerlos bailar en parejas durante largo tiempo para
golpearlos después brutalmente. Eran frecuentes también los simulacros
de fusilamiento. Tirados en el piso, frecuentemente eran golpeados,
escupidos u orinados.
Patrick Rice, sacerdote católico irlandés que estuvo allí detenido, y
que fue torturado, vio que entre las detenidas había mujeres
embarazadas, una de ellas, María del Socorro Alonso fue torturada, lo
que le provocó hemorragias, inmovilidad en las piernas y paros
cardíacos, por lo que le colocan una inyección, ocasionándole todo esto
la pérdida del niño.
"Allí
me pusieron en una celda y había unos 6 presos en el mismo pasillo en
otros calabozos, otros 4 muchachos en una celda grande y otras tantas
mujeres en otra celda grande. Había una cruz svástica pintada en la
pared del fondo (con la plancha del 'fingerprint')... La comida en
Coordinación Federal consistía en mate cocido sin leche y azúcar, con
un poco de pan a la mañana, fideos hervidos a veces sin sal y pan a
mediodía y polenta también sin sal a la noche. Había dos mujeres
embarazadas que pidieron permiso para ir al baño. Según me comentaron,
algunos guardias abusaban de las mujeres allí. Había dos tipos de
presos, legales e ilegales. Un ilegal Guillermo López, estudiante de
medicina residente en el oeste de la Capital Federal fue sacado una
mañana cuando fuimos trasladados -un grupo grande- a Villa Devoto y no
llegó allí jamás. Algunos habían estado presos unos ochenta días (en
Superintendencia) y uno decía que antes sacaban gente para matarla.
Inclusive uno me testimonió que la noche anterior al hallazgo de 30
cadáveres en Pilar habían sacado treinta presos de Coordinación
Federal" (Legajo N° 6976).