Jefatura de Policía

(Jujuy)
Ubicación:
Belgrano 499 - S.S. de Jujuy , provincia de
Jujuy.
Comentarios:
Ubicado en el Area 323 de la Subzona 32, operó como CCD durante 1976.
Los
principales centros clandestinos de detención de la provincia de Jujuy
fueron el conocido como "Guerrero" y la Jefatura de la Policía de la
Provincia. El primero de ellos estuvo situado en la localidad homónima,
en las cercanías del Ingenio Ledesma, y la Jefatura en el centro de la
ciudad capital, San Salvador de Jujuy.
"El
1° de agosto de 1976 me presenté espontáneamente en el Departamento
Central de Policía de Jujuy, solicitando una entrevista con el
comisario general Haig, quien conversó conmigo ya que yo había estado
bajo sus órdenes. Me acusó de ser el jefe del grupo guerrillero de
Calilegua, por lo que me hizo detener. Luego, este Comisario y el
Subcomisario Viltes me interrogaron, y al negarles las imputaciones que
me hacían, me trasladaron en un auto, sin vendas ni ataduras a la
localidad de Guerrero. Cuando llegamos a uno de los edificios del
complejo fui introducido a una sala donde observé gran cantidad de
detenidos que llevaban vendas en los ojos y que se encontraban
detenidos en lastimosas condiciones físicas. En ese momento fui vendado
y maniatado con el resto. Al día siguiente me llevaron a un cuarto con
otros dos muchachos, Miguel Garnica y Germán Córdoba, ambos
desaparecidos al día de la fecha. Esa misma tarde fui llevado al primer
piso, donde me torturaron brutalmente con golpes y submarino,
participando personalmente Haig y Viltes. Luego de esto fui trasladado
al 'salón de los sentenciados', donde se encontraba la gente que no iba
a salir más. Había en ese lugar 18 detenidos. Todas las noches nos
hacían enumerar y éramos torturados diariamente todos los que estábamos
allí. Las torturas consistían principalmente en arrojar agua hervida en
el ano y entre las piernas, alambres al rojo en las nalgas y golpes con
tablas sobre espaldas y piernas, hasta el desvanecimiento. Como comida
nos daban un pedazo de cebolla o un repollo crudo para compartir entre
varios. Todas las noches escuchábamos disparos y permanentemente éramos
amenazados de muerte. Durante la noche se hacía cargo del campo
Gendarmería Nacional, por la mañana el Ejército y por la tarde la
Policía. De los que estábamos allí recuerdo a mi tío, Salvador Cruz,
Roman Riveros, Domingo Reales, Miguel Garnica y a su hermano menor,
Germán Córdoba, a los hermanos Díaz, a Manzu y al Dr. Aredes. Todos
ellos de la localidad de Calilegua y ciudad Libertador General San
Martín, se encuentran desaparecidos. En ese momento estaban en muy
malas condiciones físicas y mentales, ya que presentaban cuadros de
gangrena en los ojos, manos y piernas. Varios de ellos deliraban. En
una oportunidad en que me llevaron a la tortura escuché que Haig decía
que había que hacernos confesar, y en realidad se refería a una
confesión que me fue solicitada por monseñor Medina, diciéndome que a
cambio de ella recibiría el perdón y un juicio. Le manifesté que no
tenía nada que confesar. Me acusó de terco y la gente que estaba a su
lado comenzó a golpearme. A pesar de todo esto, al poco tiempo me
trasladaron a la Jefatura de Policía de Jujuy, donde me legalizaron"
(Humberto Campos, Legajo N° 2545).
Los desaparecidos que menciona el señor Campos fueron secuestrados de
sus domicilios el 27 de julio de 1976, y casi todos eran trabajadores
de la empresa Ledesma. En medio de un apagón general, irrumpieron
fuerzas uniformadas en sus respectivas viviendas, deteniendo en esa
oportunidad a más de 200 personas en ambas localidades. Todas fueron
llevadas al C.C.D. de Guerrero, donde sufrieron las brutales torturas
antes mencionadas. Posteriormente, parte de ese grupo fue trasladado a
la Jefatura de Policía, saliendo de ella directamente liberados o
puestos a disposición del PEN. Los que habían quedado muy mal por la
tortura fueron abandonados en las cercanías del Hospital de Jujuy,
lugar donde se recibieron llamadas anónimas para que los fuesen a
buscar. De la totalidad de detenidos, más de 70 personas permanecen
desaparecidas hasta el día de la fecha. El testimonio de Humberto
Campos está avalado por docenas de denuncias en el mismo sentido.