El
Atlético / El CLub / El Club Atlético

(Capital Federal) (LRD)
Ubicación:
De los relatos de algunos testimoniantes y otros informes obtenidos por la CONADEP, pudo establecerse que
estaba instalado en un predio ubicado entre las calles Paseo Colón, San Juan, Cochabamba y Azopardo.
- Capital Federal
Descripción:
Este centro clandestino de detención funcionó desde mediados de 1976
hasta el mes de diciembre de 1977. Fue demolido poco después.
Las personas alojadas en dicho centro llegaban en el interior de
vehículos particulares severamente tabicadas. Al llegar al lugar eran
sacadas de los automóviles y transportadas violentamente -casi en vilo-
por una escalera pequeña y un lugar subterráneo, sin ventilación.
Así surge de los dichos de Carlos Pachecho (Legajo N° 423), Pedro
Miguel Antonio Vanrell (Legajo N° 1132), Daniel Eduardo Fernández
(Legajo N° 1310), José Angel Ulivarri (Legajo N° 2515) y otros,
coincidiendo casi todos en que al llegar se abría un portón. Eran
desnudados sin excepción, hombres, mujeres, jóvenes y ancianos y
revisados, mientras eran empujados y maltratados. Se les retiraban
todos sus efectos personales, que jamás les fueron devueltos. "Tu
nombre de ahora en adelante será K 35, ya que para los de afuera estás
desaparecido relata Miguel D'Agostino.
De allí eran llevados al quirófano o sala de torturas y el miedo se había convertido en terror y desesperación.
"Durante
el interrogatorio pude escuchar los gritos de mi hermano y de su novia,
cuyas voces pude distinguir perfectamente" (Nora Strejilevich - Legajo
N° 2535).
Una vez que se detenía momentáneamente la primera sesión de "ablande"
algunos eran llevados casi a la rastra a la "enfermería" y luego a la
"leonera" o directamente a los "tubos". En los tobillos se les
colocaban unas cadenas, cerradas con candados de cuya enumeración era
imprescindible acordarse, ya que, si no, corrían el riesgo, cuando eran
trasladados al baño, de no obtener las llaves correspondientes que los
abrieran. Entre el tabique que impedía casi totalmente la visión, los
grillos en los pies, además de la cara y de la partes más visibles del
cuerpo llenas de hematomas, magulladuras y heridas abiertas -amén de la
ropa que se le asignaba a cada uno- la imagen de estos seres sometidos
a condiciones infrahumanas es un recuerdo lacerante para cada uno de
los escasos sobrevivientes.
"Algunos
pasaban por la leonera, permanecían dos o tres días y salían en
libertad, les decían 'perejiles .... .. eran aquellos que 'chupaban' y
que no les servían para nada" (Miguel Angel D'Agostino - Legajo N°
3901).
"Después de pasados los primeros días, me llevaron a una celda, y pude
ir adaptándome poco a poco a esa vida, aprendiendo cómo tenla que
vivir, qué era lo que podía hacer y lo que no podía. A pesar de que
permanecía siempre tabicada y de me sacaban tres veces por día para ir
al baño, pude hacerme una idea general de cómo era el lugar donde
'vivía'( ... )
El campo, que se hallaba en un subsuelo, tenía dos secciones de celdas,
que estaban enfrentadas en un pasillo muy estrecho: de un lado los
pares y del otro los impares. Para sacarnos al baño abrían las puertas
una por una -cada uno de nosotros tenía que estar de pie cuando se
abría la puerta- y luego desde la punta del pasillo el guardia gritaba
el número de las celdas, allí nosotros nos dábamos vuelta y cada uno se
tomaba de los hombros del que tenía delante, formando un 'tren' que era
conducido por un guardia." (Ana María Careaga, Legajo N° 5139).
El "campo" tenía lugar para unas doscientas personas, y según refieren
los liberados durante su funcionamiento habría alojado más de 1.500
personas. Este dato lo deducen de las letras que precedían al N°, cada
letra encabezaba una centena. Por los testimonios asentados en la
CONADEP, se llegó a la letra X en noviembre de 1977.
Los grupos de tareas con base en este C.C.D. operaban fundamentalmente
en Capital y Gran Buenos Aires, "pero la impunidad que poseían les
permitía ir más allá de esos límites, como en el secuestro de Juan
Marcos Hermann, traído desde San Carlos de Bariloche al Atlético"
(Conferencia de prensa del 22-8-84).
El personal integrado por las fuerzas de seguridad actuaba en contacto con otros C.C.D., como la ESMA y Campo de Mayo.
El promedio de secuestros era de 6 ó 7 por día, pero hubo oportunidades
en que ingresaban hasta 20. A intervalos regulares, un grupo importante
de detenidos partía con destino desconocido. Dice D'Agostino:
"En
los tubos el silencio era total. En las vísperas de los traslados
masivos en los que se llevaba alrededor de veinte personas, ese
silencio se acentuaba..."
(................................................................................................)
"A veces 'hablábamos' dando pequeños golpes en la pared intermedia que
dividía los tubos, o al tocarle el hombro al compañero que iba adelante
nuestro en el 'trencito'. Todos esperaban quietos y en silencio que los
nombraran, querían salir de allí, todavía quedaba alguna esperanza. El
traslado, más que miedo, encerraba cierta expectativa...".