Principales
CCD del circuito
Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos Aires![]()
Dependiendo
de la Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos Aires, bajo el
mando del entonces Coronel Ram�n Camps, y de la Dirección General de
Investigaciones a cargo de Miguel Etchecolatz, oper� un Circuito de
Campos Clandestinos de Detención, dentro del Area 113 (legajos N� 2818
- 2820 - 2821 - 2822 - 2852 - 2857 - 683 - 3944 - 2846 - 4839 - 7169
-4635).
El circuito comprendía funcionalmente los siguientes campos, ubicados
en un radio geogr�fico relativamente extenso:
COT
I Mart�nez: Avda. Libertador N� 14.237/43, de Martínez.
Pozo de Quilmes: Allison Bell esquina Garibaldi, de Quilmes.
Pozo de B�nfleld: Vernet esquina Siciliano, de B�nfleld.
Puesto Vasco: Don Bosco, Partido de Quilmes.
Pozo de Arana: calle 137, esquina calle 640, de La Plata.
La Cacha: Antigua antena de Radio Provincia.
Comisar�a 5ta.: calle 24, esquina calle 63, de La Plata.
Brigada de Investigaciones de La Plata /
La Calesita: Calle 55 N� 930.
No se trataba sin embargo de un sistema enteramente cerrado, y los
mismos centros, en caso necesario, resultaban estar vinculados tambi�n
por razones operativas con otros dependientes del CRI (Central de
Reuni�n de Inteligencia), correspondiente al Regimiento 3 de Infanter�a
de La Tablada, como el caso de algunas comisar�as de la zona oeste del
gran Buenos Aires.
El COT I Mart�nez revisti� dentro del circuito algunas caracter�sticas
propias, funciones especiales, tales como albergar entre sus detenidos
a numerosas personalidades de p�blica actuación, como los periodistas
Rafael Perrotta y Jacobo Timerman, y a dirigentes pol�ticos y a ex
funcionarios de jerarqu�a durante el gobierno constitucional depuesto
el 24 de marzo de 1976: tales los casos de Ram�n Miralles, Juan
Gramano, Juan Ram�n Nazar, Alberto L�berman, H�ctor Ballent, etc.
Otra de las caracter�sticas peculiares de este Centro fue la de no
ocultar al barrio las actividades que all� se desarrollaban, actitud
cuya conjetural intención �ltima era sembrar el terror en el
vecindario. En ocasi�n del procedimiento de verificación "in situ"
realizado por la CONADEP el 20 de enero de 1984, con la presencia de
dos ex detenidos, un vecino de la zona manifest�:
"Vivo aqu� con mi familia desde el a�o 1973. Al llegar nosotros, ese inmueble colindante estaba desocupado. A fines del 76 empezaron a hacer modificaciones. Elevaron all� una gigantesca pared medianera y pusieron un alambre de p�as, colocando rejas en las ventanas. Se escuchaba permanentemente el ir y venir de personas. De noche, los focos de la torre iluminaban por todos lados. Se escuchaban disparos de la ma�ana a la noche, como si practicaran tiro o probaran armas. Tambi�n se o�an gritos desgarradores, lo que hacia suponer que eran sometidas a torturas las personas que all� estaban. A menudo sacaban de all� cajones o f�retros. Inclusive restos mutilados en bolsas de polietileno. Viv�amos en constante tensi�n, como si tambi�n nosotros fu�ramos prisioneros; sin poder recibir a nadie, tal era el terror que nos embargaba, y sin poder conciliar el sue�o durante noches enteras".
La relación de este Centro Clandestino de Detención con otros de este
circuito est� evidenciada por la presencia del mismo personal en unos y
otros. Tal el caso del Comisario Valent�n Milton Pretti, "Saracho"
nombrado tambi�n en testimonios NI 4635, 1277, 3988, referidos al "Pozo
de Quilmes"; el Subcomisario Am�lcar Tarela, "Trimarco" mencionado por
su actuación en el "Pozo de B�nfield" (Legajo N� 3757); y el m�dico
Jorge Antonio Bergez en la Brigada de Investigaciones de la ciudad de
La Plata (Legajos N� 1277, 683, 3944).
En cuanto a los detenidos, algunos de los cuales fueron objeto de
extorsiones, eran frecuentemente trasladados de uno a otro Centro, tal
como surge de numerosos testimonios de personas que, hoy liberadas,
declaran haber recorrido varios Centros Clandestinos de Detención del
mismo circuito.
"Luego de detenerme en mi domicilio de la Capital Federal, me llevaron a la jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires donde me interrogaron Camps y Etchecolatz; de all� me trasladaron a Campo de Mayo, donde me hicieron firmar una declaración. Luego me depositaron en Puesto Vasco, donde fui torturado, para pasar nuevamente al Departamento Central de Policía, donde despu�s de veinticinco d�as pude tener contacto con mi familia. De all� me llevan al COT I Mart�nez para ser nuevamente torturado, luego otra vez al Departamento Central de la Policía Federal y por �ltimo me legalizan definitivamente en el Penal de Magdalena" (Jacobo Timerman, Legajo N� 4635).
Tanto el ex Jefe de Policía de la Provincia Ram�n J. Camps cuanto el
comisario general Miguel Etchecolatz son mencionados adem�s por los
testigos (Julio Alberto Emmed -Legajo N� 683, Carlos Alberto Hours
-Legajo N� 7169, H�ctor Mar�a Ballent -Legajo N� 1277, Ram�n Miralles
-Legajo N� 3757, Eduardo Schaposnik -Legajo N� 3769, Juan Amadeo
Gramano -Legajo N� 4206).
Si bien el Puesto Vasco era un centro de capacidad reducida en cuanto a
la cantidad de detenidos, recib�a la visita frecuente de altos jefes
militares y policiales, hecho que indica que las tareas de inteligencia
que all� se realizaban revest�an particular importancia.
"Fui entrevistado por el general Camps -testimonia el Dr. Gustavo Caraballo, ahogado, 40 a�os, Legajo N� 4206- quien personalmente orden� que yo fuera sometido a apremios ilegales en ese centro".
El C.C.D. al que hace referencia el Dr. Caraballo y que pudo reconocer
en las fotograf�as tomadas durante la inspección de la CONADEP, es
precisamente la subcomisar�a de Don Bosco, que oper� en el circuito
clandestino con el nombre de Puesto Vasco.
Dentro del mismo circuito funcionaron dos centros con una
caracter�stica especial: estaban asignados no s�lo a acciones
represivas dentro del esquema del I Cuerpo de Ej�rcito, sino tambi�n a
otras dirigidas contra ciudadanos uruguayos residentes en la Argentina,
a partir de un convenio de coordinación represiva establecido entre los
que parecen ser grupos operativos de ambos pa�ses. Participaban de esas
acciones -tanto en el plano de la conducción como del aprovechamiento
del "bot�n de guerra"- funcionarios de OCOA (Organismo Coordinador de
Operaciones Antisubversivas del Uruguay), muchos de cuyos oficiales ya
hab�an actuado con sus pares de la Policía Federal Argentina en el
Centro Clandestino "Orletti", y aparecen mencionados por detenidos de
los "pozos" de Quilmes y B�nfield.
"En la madrugada del 21 de abril de 1978 irrumpieron en mi domicilio de Lan�s Oeste veinticinco personas de civil, fuertemente armadas. Mi esposo y yo fuimos encapuchados, esposados y luego introducidos en una camioneta. Sabemos, por muchos indicios, que estuvimos en el s�tano de la Brigada de Investigaciones conocida como "Pozo de Quilmes". All� fuimos interrogados acerca de nuestra actividad en el Uruguay -de donde provenimos-, y en la Argentina. En este campo pudimos ver a numerosos uruguayos, algunos de ellos en muy mal estado, debido a la tortura. Cinco d�as despu�s nos dejaron en libertad, previo acuerdo de que deb�amos entregar una fuerte suma de dinero. Tanto la extorsi�n como el secuestro y el interrogatorio estuvieron dirigidos por un individuo que se hac�a llamar 'Saracho'. Fuimos llevados hasta nuestro domicilio, donde debimos entregar una elevada suma de dinero, producto de una indemnización por accidente percibida por mi suegra d�as antes". (Beatriz Berm�dez -Legajo N� 3634).
Otro uruguayo, Washington Rodr�guez (Legajo N� 4985) declara que a
principios de abril de 1978 comparti� su detención en este Centro con
veintid�s compatriotas, quienes le relataron haber estado recluidos en
el Pozo de B�nfield donde fueron torturados por oficiales de OCOA.
Tanto el tema de los interrogatorios como los m�todos de tortura ponen
en evidencia que los mismos actuaban tambi�n en Quilmes.
El reconocimiento del "Pozo de Quilmes" actualmente ocupado en parte
por la Brigada Femenina de la Policía Provincial, fue realizado por la
CONADEP el 18 de mayo de 1984, junto con una decena de testigos,
quienes ubicaron con precisi�n los sitios donde hab�an estado
detenidos, tanto m�s cuanto que algunos guardias les permit�an bajarse
las vendas de los ojos.
La Sra. Mar�a Kubik de Marcoff se�al� el lugar donde hab�a visto por
�ltima vez a su hija, quien en ese momento hab�a -alcanzado a
susurrarle:
"Me dijeron que si no hablaba, te llevar�an a vos y al abuelo".
Rub�n Shell record�:
"Los calabozos no estaban pintados por dentro como ahora, eran simplemente de cemento gris. Yo hab�a hecho una inscripción en el m�o que todav�a est� all�. Incluso reconozco otras inscripciones que ahora veo en las paredes".
Tambi�n Alfredo Maly descubre raspando la pintura nueva de la pared de
su celda las marcas que �l hab�a hecho durante su cautiverio.
Todos los testigos reconocen la entrada por la que se ingresaba al
Centro desde el garaje, aunque el port�n est� actualmente modificado,
sin que hayan desaparecido las huellas de los rieles por los que
anteriormente corr�a. Oculta actualmente por un tabique de cemento,
est� a�n la escalera tipo caracol que comunicaba el garaje, la sala de
admisi�n y el 11 quir�fano", con el resto de las instalaciones.
Un mes antes, el 18 de abril de 1984, la Comisi�n efectu� una
inspección en la actual Brigada de Homicidios de B�nfield, verificando
que all� funcion� el antiguo Centro Clandestino llamado "Pozo de
B�nfield".
Una de las funciones del "Pozo de B�nfield" fue la de albergar a
detenidas durante los �ltimos meses de embarazo, disponi�ndose luego de
los reción nacidos, que eran separados de sus madres. En cuanto a la
Brigada de Investigaciones, conocida en la jerga de los represores como
"la casita" no solamente constituy� una instancia de admisi�n, tortura
y detención temporaria para un gran n�mero de desaparecidos, sino que
tambi�n sirvi� para llevar a cabo una "experiencia piloto" con
detenidos que permanecieron all� a lo largo de un a�o bajo un r�gimen
especial en raz�n de la colaboración que pod�an prestar a la actividad
represiva dentro del �rea 113. Todo parece indicar, no obstante, que
esta experiencia limitada a siete personas termin� en un fracaso, y que
la suerte corrida por el grupo seleccionado no difiri� de la sufrida
por la inmensa mayor�a de los desaparecidos cuya vida qued�
definitivamente a merced de sus captores.
La experiencia se inicia a los pocos meses del secuestro -en la ciudad
de La Plata- de siete estudiantes universitarios o j�venes graduados
(Legajos N� 2582-2835-2820-2818).
Sus familiares fueron informados por el Comisario Nogara que estaban
detenidos en la Brigada de Investigaciones (Legajos N�
2818-2821-2822-2852-2853), e incluso autorizados a visitarlos, siempre
con la recomendación de guardar estricta reserva. Despu�s de un a�o,
cuando la experiencia estaba pr�xima a culminar, se solicit� a los
respectivos padres una suma de dinero, para que al ser liberados
clandestinamente los detenidos pudieran viajar al exterior. Incluso uno
de ellos fue llevado ante un escribano para autorizar la salida del
pa�s a su hijito y de un autom�vil de su propiedad. Ofici� como
intermediario de estas tramitaciones el padre Cristian Von Wernich
(Legajos N� 6893-683-1277-3944-2818-2820-2821-2822-2852), capell�n de
la Policía provincial, quien visitaba asiduamente a los j�venes, y
bautiz� al hijo de una detenida, nacido en el Centro Clandestino, antes
de entregarlo a sus abuelos. Estos j�venes contin�an desaparecidos,
presumi�ndose que han sido asesinados en un simulacro montado por sus
captores, quienes fraguaron la falsa salida al exterior de los mismos.
Otro de los Campos pertenecientes a este circuito funcionaba en la
localidad de Lisandro Olmos, cerca de la ciudad de La Plata, en la
antigua planta transmisora de Radio Provincia. Era conocido como el
Casco y tambi�n como "La Cacha", aludiendo a un personaje televisivo,
"La bruja Cachavacha" que hac�a desaparecer a la gente.
Es un edificio de tres plantas que pod�a albergar a unos cincuenta
prisioneros.
El 20 de julio de 1984 miembros de la CONADEP acompa�ados de varios
testigos realizaron una inspección ocular. Pudieron constatar que el
edificio principal ha sido demolido, pero se mantiene en pie el lugar
destinado a los interrogatorios. Las se�oras Nelva M�ndez de Falcone
(Legajo N� 3021) y Ana Mar�a Caracoche (Legajo N� 6392) descubren luego
de remover ligeramente un mont�culo visible a varios metros de
distancia, varios jarritos con el sello del Regimiento 7, en los que
les daban la comida, as� como algunos carreteles de porcelana de
alambre de cobre arrollado, que hab�an visto durante su detención en
"La Cacha". Tambi�n fueron reconocidas unas estructuras de hierro con
alambre, que serv�an de "boxes" para evitar la comunicación de los
detenidos entre ellos.
Unos cien metros m�s adelante pudo constatarse la existencia de dos
cavidades de aproximadamente cinco metros por tres, y de un metro
veinte de profundidad cada una, que coinciden con el lugar donde
estuvieron los s�tanos del edificio. All� tambi�n encuentran una
baldosa blancuzca con dibujos rojos, que conduc�a al ba�o y cocina; por
�ltimo un cartel con la leyenda "Arca Restringida".
Otros testimonios registrados en la CONADEP establecen que el
funcionamiento del C.C.D. estaba a cargo de integrantes de las diversas
fuerzas de seguridad que operaban en el �rea 113, es decir, Ej�rcito,
Armada, Servicio Penitenciario y SIDE, y por supuesto, Policía de la
Provincia de Buenos Aires.
El traslado de y hacia otros centros era continuo y las legalizaciones
se operaban frecuentemente a trav�s de las comisar�as de La Plata, pero
otras veces los detenidos eran depositados mucho m�s lejos, en
seccionales policiales de Avellaneda, Lan�s o del conurbano oeste.
El circuito del �rea 113 se complet� con el "Pozo de Arana".
"Cuando llegu� all�, cre� que era la entrada al infierno. Los guardias me empujaban de un lado al otro, como jugando al 'ping pong'; escuchaba los gritos desgarradores de los torturados y ve�a constantemente pasar gente camino a la m�quina". (Pedro Augusto Goin, Legajo N� 2846).
Durante el reconocimiento efectuado por la Comisi�n el 24 de febrero de
1984, los testigos ubicaron perfectamente tanto el entorno f�sico, en
las cercan�as de las v�as del ferrocarril, como cada uno de los
detalles del edificio, actualmente ocupado por el Destacamento Policial
de Arana, dependiente de la Comisar�a Sta. de La Plata. Esa conexi�n
tambi�n existi� mientras funcionaba como C.C.D., seg�n surge de varios
de los testimonios:
"Tuvimos conocimiento de que el Dr. Fanjul Mah�a -dicen sus familiares- estuvo secuestrado en la Brigada de Investigaciones de La Plata; de all� fue llevado a la Comisarla 5ta. donde permaneci� por varios meses. Posteriormente fue visto en Arana, en la Brigada de Investigaciones, y de nuevo en Arana, donde se pierde su rastro" (Legajo N� 2680).
Por la ubicación del centro en un paraje descampado, el mismo parece
haber sido utilizado en forma habitual para ejecuciones. Hay
testimonios que se�alan el ruido frecuente de disparos, y un liberado
que tuvo ocasi�n de recorrer el lugar, se�al� la presencia de impactos
de bala en algunas paredes.
"Fui secuestrado a la una de la ma�ana, en el domicilio de mis padres, por personal militar al mando del Capit�n Berm�dez. Me llevaron a Arana, para ser interrogado y torturado. En ese lugar pasaba gran cantidad de gente, especialmente durante la noche. Eran frecuentes los comentarios de los guardias '�se es boleta' " (N�stor Busso - Legajo N� 2095).
Es precisamente a partir de testimonios ofrecidos por dos ex agentes de
Policía de la Provincia de Buenos Aires que puede reconstruirse el
procedimiento que empleaban para hacer desaparecer los restos de los
detenidos que eran asesinados en el propio campo:
"Se los enterraba en una fosa existente en los fondos del destacamento, siempre de noche. All� se colocaban los cuerpos para ser quemados, disimulando el olor caracter�stico de la quema de carne humana, incinerando simult�neamente neum�ticos" ( ... ) (Legajo N� 1028).
Por su parte Juan Carlos Urquiza, quien se desempe�aba como chofer del
Comisario Verd�n, manifest� ante la Comisi�n, que si bien no puede
considerarse al Pozo de Arana espec�ficamente como campo de
"liquidación final" �l tiene elementos para asegurar -merced al
conocimiento que del manejo del campo le proporcionaba su posición al
servicio de uno de los responsables del circuito-, que all� se
realizaban frecuentes ejecuciones, m�s all� de las muertes ocurridas
durante las sesiones de tortura:
"A la fosa que hab�a la llamaban 'capacha' y en otros campos pude ver otras similares. Eran pozos rectangulares de dos metros de largo por sesenta cent�metros de profundidad. All� pon�an los cuerpos, los rociaban con gas oil y los quemaban" (Legajo N� 719).